Confieso que, en primera instancia, así, como apareció profusamente difundido en paredes, carteles, afiches, grafitis, spots televisivos (y todo el gigantesco aparato mediático oficial) me resultó molesta la apropiación de la figura del Eternauta por el gobierno. Tan molesta como todas las apropiaciones de emblemas populares por los menemistas del 90 reconvertidos en neo desarrollistas nacanpop. Pero movido por esta molestia lo releí y me veo obligado a reconocer mi error inicial. Ahora cuando veo la figura del Eternauta con la cara de Kirchner tras la máscara, lejos de molestarme me reconforta.
Un clásico es una obra de que no cesa de escribirse. Una obra que permite muchas lecturas en su escribirse constante. El Eternauta, desde esa perspectiva, lo es.
Creado en 1957, su lectura en la confrontación peronismo – antiperonismo de la década 55-65 fue la que prevaleció por largos años.
(Existe una secuela, El Eternauta II, que es que un intento de reacondicionar la historia en línea con las atrocidades de la dictadura de Videla. Por dos razones su desarrollo no es materia de este comentario. La primera es de carácter gráfico: El ícono del Nestornauta con traje hermético, es claramente, una referencia al Eternauta original de 1957, por lo que no es lícito referirse al segundo publicado 19 años después. La segunda es que el Eternauta II merece otra lectura en relación a la apropiación de la verdad histórica por los grupos guerrilleros. Análisis que no sería justo desplegar sin incluir en él la infame contraofensiva del 79, que bien podría ser dirigida por el Juan Salvo superhéroe del segundo episodio de la saga.)
Entonces, limitándonos al Eternauta original, reflejaba la mirada peronista inmediatamente posterior al golpe del 55. Pero todo cambia. Al editarse originalmente el estadio de Núñez era el del club argentino más ganador y gastaba sus últimos cartuchos la famosa Máquina de Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Loustau. ¿Puede leerse igual esta historieta cuando la primera batalla transcurre en la cancha del escolta de la principal categoría del ascenso? O Vicente López, lugar donde vive Salvo (el Eternauta). Era la zona donde vivían varios de los fusilados en 1956 enla Masacrede José León Suárez, hoy es el único municipio conurbano dónde triunfó el macrismo. ¿Allí nacería alguna resistencia a los ellos?
Estas pueden parecer comparaciones y diferencias forzadas pero preanuncian lo que va del Eternauta al Nestornauta.
En el año 57, prohibido el nombre de Perón, ellos, los ellos, eran la referencia clara para un nosotros. Un nosotros legalmente innombrable. Esta maniquea realidad (en la que el peronismo intenta y necesita hoy seguir viviendo discursivamente) incubó otra (desde setiembre del 55) que estallaría en el fallido recibimiento de Perón en Ezeiza del 73. Esta otra realidad (en la que aún vivimos) es la metamorfosis del nosotros en “todos nosotros incluidos ellos”. Otra historia, renegada oficial y académicamente, empezaba a escribirse con numerosa y renovada sangre popular. Todavía no era común la denominación “fuego amigo” pero ya se hacían conocer Osinde, Calabró y López Rega. Todavía faltaba para Triaca, Barrionuevo, Saadi y Menem.
Brevemente la historia narra los sucesos contados a un guionista de historietas por un hombre que se le materializa extrañamente frente a él, en su propia casa. El relato del extraño comienza con un raro y mortal cataclismo climático (nievan en Buenos Aires unos copos mortales) del que el protagonista Juan Salvo (el futuro Eternauta) su familia (su esposa Elena y su hija Martita) y sus amigos con los que jugaba al truco (destacándose entre ellos el profesor Favalli) se salvan. Lo hacen por pura fortuna, por tener la casa herméticamente cerrada, y por una pizca de inteligencia, aportada por el profesor Favalli que asocia la supervivencia con el cerramiento hermético de la casa.
A partir de ese momento los supervivientes deben ir reestructurando constantemente sus conocimientos sobre la tragedia y sus causas, y sobres sus posibilidades y estrategias, a medida que se suceden los acontecimientos. En ese sentido el Profesor Favalli es el protagonista de gran parte de la historia.
Los copos de nieve mortales son sucedidos por una serie de nuevas desgracias: cascarudos gigantes teledirigidos, rayos destructivos, alucinaciones provocadas, mastodontes gigantescos derribando edificios (los gurbos), hombres robot teledirigidos con su voluntad y conciencia aniquilada, seres de manos pobladas de dedos (los manos) que teledirigen a cascarudos, gurbos y hombres robot, pero que mueren si sienten miedo. Y detrás de todas esas amenazas, los ellos, verdaderos organizadores de la invasión extraterrestre, que someten a los ellos amenazándolos con el miedo y la consiguiente muerte si no los obedecen. Como toda historia publicada por entregas, los picos de tensión se suceden unos a otros en forma constante, a cada nuevo éxito lo sucede una nuevo desafío.
En la primera mitad el héroe indiscutido es Favalli, el profesor (“reconfortaba tener al lado a alguien como Favalli, de cerebro práctico entrenado para resolver problemas técnicos, a eso para él se reducía el problema de nuestra supervivencia, a un problema técnico” 24) Favalli es un profesor pero también un espíritu inquieto. ¿Y Salvo? Juan Salvo no sabe hacer nada práctico, sólo sabe mandar a otros. Salvo es un patrón. Lamenta con la misma extensión la pérdida de sus otros familiares que la pérdida de su fábrica. (“También yo me he quedado sin mi fábrica” 29)
Juan Salvo muestra su madera cuando llega el momento de salir a probar los trajes herméticos que permitirían buscar ayuda en el exterior nevado. Sortean a quien de los tres hombres que quedan en la casa le tocará el honor y el riesgo, Salvo dice “Un as y me salvaría” 38.
¿Cómo adquiere este temeroso pequeño burgués tanta preeminencia?
Estructuralmente, porque es el que cuenta la historia, y la historia la cuentan los que ganan. En la narración porque Favalli, luego de haber encontrado un contingente de soldados, le informa al militar a cargo que Salvo tiene jerarquía militar (“Mi compañero es subteniente de la reserva y es un tirador de primera” 80) Y en 4 páginas es ascendido de cabo a teniente. Aquí es necesario notar dos características profundamente enraizadas en el peronismo: la simpatía por los militares (inmediatamente se ponen a las ordenes de ellos), y la transmisión del poder desde un estamento de poder a otro, nunca como autonomía y auto organización. El menos valiente e imaginativo del grupo acaba en su conducción. Y acatando una mentalidad estrecha como la del militar que ante una invasión extraterrestre sigue aplicando las recetas de la guerra convencional basadas en la psicología humana. Es un accionar lógico ya que un militar es un destructor obediente y las situaciones novedosas no existen, sino las órdenes. Esta transmisión de poder desde el poder explica parte de la simpatía de la juventud kirchnerista por este personaje. Se debe seguramente a cierta similitud genética entre esta forma de acceder a la conducción de Salvo y el reparto de cargos con el que se ha construido la obsecuencia de La Cámpora.
Juan Salvo vacila sistemáticamente entre luchar por la salvación del género humano o dejar esta tarea a otros. Marta y Elenita compiten en su balanza con la sociedad entera. Reeditando otro apotegma peronista tan mentado en algún período crucial del 55. Su familia es la versión estilizada del derrotista “del trabajo a la casa y de la casa al trabajo”
En la página 85 aparece el que merecería (en una cosmogonía no peronista) ser el héroe de la historia junto a Favalli. Un joven fundidor, Franco, siempre dispuesto a encontrar una forma de dar pelea, incansable. De él dice Salvo “Mientras yo que era el jefe del grupo no hacía otra cosa que encogerme como un conejo asustado, él se exponía al peligro. Él no olvidaba que estábamos allí para combatir al enemigo” 88 ó “El increíble coraje del fundidor se nos contagió” 113
Nunca, hasta el final de la serie de eventos que testimonia la historieta, estos dos personajes, Franco y Favalli, ceden la propiedad de la valentía, el ingenio y la generosidad. Finalmente se sacrifican por Salvo y su familia. Que volverá al pasado para recuperar a Marta, Elenita y…su fábrica.
En el final del Eternauta se funden perfectamente forma y fondo. Los cuadros finales retoman el momento inicial del relato. El Eternauta revela que está allí en 1957, retornado desde 1963, delimitando en ese lapso de tiempo terrestre tanto sus vicisitudes en la lucha contra los invasores como su errancia a través del tiempo.
Sabe el Eternauta que esa apacible noche vendrá sucedida por una oscura tormenta sobre la humanidad (como la que prepara el modelo extractivo de la soja, de la superproducción de automóviles y de la minería a cielo abierto, por ejemplo). Se levanta del sillón. ¿Adónde va? ¿Se dirige a organizar heroicamente la salvación dela Humanidad? ¿A divulgar, explicar, concientizar, organizar, preparar la resistencia contra ellos?
¡No! ¡Es el Nestornauta!
Vuelve con su mujer y su hija. Se dirige a dónde está su familia como peronista que busca los perdidos “años felices” y aunque sabe que mas adelante llegará la barbarie, olvida todo.
Nestornauta olvida y nos deja a merced de los otros, da lo mismo Vicente López o Calafate ante la barbarie que se avecina (1957 ó 1976). Es similar refugiarse en el truco con los amigos en su casa, o en los negocios inmobiliarios con la familia. El Nestornauta se desentiende, se amnesia, y todo va a volver a empezar.
Los kirchneristas nestornautas en su deseo de volver al binarismo de los años 50, nos entregan a Barric Gold y Grobocopatel. El Nestornauta se ocupa de si mismo y la invasión vuelve a comenzar. ¿Quien seguirá en esta noria histórica eternautizada por el olvido egoísta de los adoradores del Nestornauta? ¿Qué pesado Gurbo nos aplastará como lo hicieron los peronistas Isabel-López Rega, Menem-Duhalde? ¿Scioli y sus barones del conurbano con policías distritales a su disposición? ¿Gioja y sus aliadas mineras transnacionales vertiendo arsénico sobre los pobladores? ¿Zamora solventado por los capitales sojeros haciendo la vista gorda a la segunda conquista del desierto? ¿Peralta reprimiendo docentes muertos de frío? ¿Soria espiándonos y matándonos en los puentes? (no, este no, este se murió)
En concordancia con el peronismo, el final es un comienzo. Porque está claro que el Eternauta olvida y repite. La última palabra del Eternauta no la tiene el Eternauta /Nestornauta, él va en busca de su familia y del olvido de la historia si no le agrada lo que hay en ella. Somos los que conocemos la trama recurrente del peronismo los que debemos responder a la pregunta sobre el eterno retorno de su miseria. Dejemos a los Nestornautas en la amnesia total que los protege y pintemos las paredes con las caras de Favalli y Franco.




