Cuidemos a D´elia
¿Que seria de nosotros, pequeño burgueses cagones de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires sin D´elia? Sin D´elia amenazando a Fernando Peña, sin D´elia entrando a las trompadas a la Plaza de Mayo, sin D´elia encarnando todos los fantasmas de la clase media. Esos fantasmas extravagantes ya que no asustan, sino que tranquilizan.
Porque, seamos sinceros, la patotita de D´elia no es el CdeO, ni la Juventud Sindical Peronista, ni Osinde y López Rega, es una patotita que “marca tendencia”. Pega una piña y se pasa cuatro horas en un canal de televisión, una patota 2.0, con más circulación en la red que en la calle. Y como las cosas ya no son como eran en el lejano siglo XX, es, también, una patota Prozac, una patota tanquilizante.
La pregunta inquietante es: ¿Y si no hubiera estado D´elia? ¿Que se esconde detrás del piquetero desbordado? Todo.
Detrás de su desmesurada presencia, y de la aún mas desmesurada importancia que le otorgan, se escondía que lo que sucedía en el país no era un paro del campo, sino un lock out patronal, buscando desabastecer a los millones de trabajadores de las ciudades, para aprovechar la oportunidad de aumentar sus ganancias.
Se ocultan detrás de una foto de D´elia pegando una trompada, los seis millones de litros de leche equivalentes a 24 millones de vasos de leche que no llegaron a ningún niño, sino a las lombrices de la banquina donde los volcaron los “hombres y mujeres del campo”.
Se esconde la verdadera oposición burguesa a la violencia: es mala la violencia que afecta las ganancias, es buena la que la garantiza: es buena la dictadura (la Sociedad Rural que encabezó el lock out las apoyó a todas) es malo que interrumpan el tránsito para hacer reclamos populares, pero es lícito desabastecer al país (sobre todo teniendo en cuenta que así subieron los precios que los mismos patrones del campo embolsarán) para tironear de la renta agraria con el gobierno y sus patrones aliados.
Si no estuviera D´elia en escena: ¿Como cuestionar los planes sociales?¿Quien controlaría a los 600000 trabajadores que el campo expulsó (a pesar de la revolución de la soja, los alimentos caros y los biocombustibles) en los últimos 15 años?
Si D´elia no fuera quien es, habría que interrogarse por otros supuestos dirigentes populares, como los de los chacareros de la FAA, que nacieron enfrentando a los terratenientes en 1912, con el Grito de Alcorta y murieron la semana pasada, vendiendo su alma, no a la Sociedad Rural, sino a algo peor. A AAPRESID, la entidad de los conglomerados sojeros que los terminará de estrangular con la soga que ellos mismos se han puesto al cuello.
Detrás de D´elia se esconden las 263 poblaciones de la provincia de Buenos Aires y las 816 en todo el país que se encuentran en estado de extinción gracias a la concentración y productividad agraria.
La presencia de D´elia ensombrecía que los productos del campo de consumo popular (como el tomate, la papa y la lechuga) subieron delirantemente de precios el año pasado, no por las retenciones sino porque es negocio sembrar otra cosa y “la gente del campo” no es tan buena para sembrar comida si puede cosechar dólares.
El inestimable protagonismo de D´elia deja entre bambalinas la inoperancia y la traición del sindicato de los peones rurales (UATRE), los verdaderos trabajadores del campo, que cobran algo más de 1000 pesos por mes. No es error mío, es la condición histórica del peón rural.
Si no hubiera irrumpido D´elia, la “soberbia presidencial” no hubiera encontrado un epítome que lo representara dignamente en la “era de la imagen”.
Si no hubiera aparecido D´elia, al no tener cadenas de correos electrónicos estúpidos que enviar, habría que haber apagado la PC (perdón por la sigla) y, quizás, si es posible, pensar en esas cosas.
Decía un alemán del siglo pasado: “Nuestro idioma denomina, por ejemplo, amigable aquello que pertenece a la esencia del amigo. De acuerdo a esto llamaremos lo grave a aquello que es de por sí lo que ha de ser sopesado y pensado. Todo lo grave da que pensar. De aquí en adelante lo llamaremos aquello que, por haberlo sido siempre y en primer lugar, continúa siendo lo que ha de ser pensado: lo gravísimo. ¿Qué es lo gravísimo, y como se manifiesta en nuestra época grave?”
El alemán, que era nazi, se pondría peor que D´elia si supiera para que me sirvo de su frase. Pero los oligarcas nos afanaron las cacerolas y cortes de rutas, y los mancharon indignamente poniéndolos al servicio de la miseria. Así que se merecen que le robe a uno de sus ideólogos.
Porque si no hubiera estado D´elia, tendríamos que haber visto lo espantoso que es el sistema capitalista en que vivimos, y al lado de eso, hasta la presencia de D´elia parece ser preferible.