No es nuevo, no es liberal: ¿Entonces porqué lo llaman neoliberalismo?
“La manufactura extranjera ha comenzado a aplastar los productos artesanales locales (esos sarapes hechos en Glasgow al gusto mexicano, que son en Saltillo más baratos que los de Saltillo, esos ponchos hechos en Manchester al modo de la pampa, malos pero también baratos, la cuchillería “toledana” de Sheffield, el algodón ordinario de la Nueva Inglaterra que, antes que el británico, triunfa sobre el de los obrajes del macizo andino)” Esto escribe el historiador Tulio Halperín Donghi sobre la Latinoamérica de 1825.
El comercio global-mundial no es tan nuevo.
El Programa Agrario Comunitario de la Unión Europea, subsidia con 55 000 000 000 de Euros a los agricultores. Cuando los precios de los alimentos eran bajos el subsidio era para que no abandonaran los campos por falta de estímulo, ahora que por la vía del bio combustible y las economía Chinas e Indias, los precios suben, lo hacen para proteger a sus poblaciones de la escasez de alimentos. O sea que, cuando se quiere, siempre hay un argumento “docto” para joder a los países del tercer mundo. Después mandan un “subsidio” con alguna ONG y la conciencia tranquila.
El siglo XXI no es tan liberal.
La crisis del 2001 en Argentina fue tan local, tan poco globalizada que no hay otra referencia común para pensarla. Es obvio que la fuga de capitales es un hecho internacional, pero las variables que llevaron a la crisis solo ocurrieron en la Argentina, vía Plan de Convertibilidad. De tal manera que se hacen visibles en esa crisis los dos actores que los teóricos de la globalización soslayan siempre. Los bancos centrales y las fuerzas represivas son centralizados y nacionales. Y vía corralito y asesinatos de diciembre, ambas instituciones estatales mostraron en la crisis del 2001 que los muertos que vos matáis….
Las crisis no son tan globales.
Los abuelos o bisabuelos de los argentinos proceden, muchísimas veces, de otros países (allende el mar o limítrofes): se podía buscar trabajo en una patria nueva al comienzo y mitad del novecientos. Hoy hay indocumentados, aquellos a los que el Estado priva de reconocimiento y que propone llamar ilegales para transferir a la víctima la responsabilidad del victimario. La figura del indocumentado fragmenta ese mundo supuestamente globalizado en estados más parcelarios que antaño.
No todo esta tan globalizado.
Lo que se mueve globalmente es solo el capital y sus efectos. Lo inhumano. El trabajo muerto que consume a los vivos. Y si hay algo neo en este período es la velocidad: de la producción, de la invención, de la circulación. Mientras el capital se mueve velozmente, los trabajadores sufren el mismo efecto que quien está al borde de un andén cuando pasa un tren que no se detiene: son arrollados, vuelan por los aires y se lastiman.
¿Pero porqué no adaptarse a la velocidad del capital?
Porque el capital coloca cepos estatales para inmovilizar a las masas y lastimarlas. Uno de esos cepos son las fronteras. Fronteras que las mercancías (a veces, si conviene) pueden atravesar, pero para las personas son muros infranqueables (de ahí la importancia de la “guerra a la droga”: para sumar más ladrillos al muro)
Sin embargo hay un cepo particularmente interesante en este neoliberalismo: la ley de asociaciones profesionales. La ley que interviene las asociaciones de trabajadores (sindicatos, mutuales, comisiones internas, cuerpos de delegados, etc.)
Hay que recordar esto particularmente ahora que algunas burocracias sindicales, algunos de esos funcionarios vitalicios que no vuelven nunca a compartir la vida de los trabajadores que deberían representar, negocian aumentar el aporte de los trabajadores a los sindicatos (o sea sus bolsillos).
¿Cómo dice que no puede ser, que no se enteró? ¿Y porqué tendría un trabajador que enterarse de cuanto tiene que aportar? Esa es una negociación que realiza el burócrata con el patrón. El laburante sólo paga.
El peronismo fue unas vacaciones pagadas con tarjeta de crédito: Diez años de “felicidad”, y por 60 años dejó agujeros que comen el hígado. Una de las deudas más onerosas, es la que se terminó de plasmar en el gobierno de Frondizi, con la connivencia de los “dirigentes” peronistas de los sindicatos.
El estado intervino las asociaciones de los trabajadores y aplicó retenciones. Si, ¡Retenciones! Como las que hacen trinar a los oligarcas. Los trabajadores sufren retenciones por parte del estado. La cuota sindical no es una relación entre el trabajador y “su” organización gremial. El estado regula, maneja y controla a las asociaciones de trabajadores.
Y eso no es nada si lo comparamos con el agente de la retención: el patrón. ¡El lobo a cuidar ovejas! El dinero que debe sostener a una organización de lucha contra la patronal, lo retiene el mismo patrón.
No es llamativo entonces que los burócratas se lleven mejor con sus supuestos enemigos, que con sus representados: Al fin y al cabo el patrón tiene el dinero que el sindicalista desea embolsillarse. No hace falta dar la cara ante los compañeros porque el descuento (para los afiliados) es compulsivo. Pero, por si hay muchos díscolos y baja la recaudación, los sindicalistas manejan las obras sociales (todas quebradas) que son compulsivas y obligatorias.
La ley de asociaciones profesionales debería decir: Que los trabajadores se organicen como quieran y se arreglen entre ellos!!!
Retenciones, intervención estatal, compulsividad: que vocabulario para una época de liberalismo!
Pero esto no se llama neoliberalismo es capitalismo, el viejo y siniestro régimen de propiedad privada de los medios para producir y de explotación.
Y llamarlo por otro nombre no es una mentira piadosa sino un insulto a los dos mil millones de personas que viven con menos de un dólar por día.