En el año 2003 se estrenó en Italia la película del mismo origen, llamada “La mejor juventud”, en nuestro país se proyectó en algunos cines durante el 2008. Las dos parte que la componen duran 6 horas y narran una historia que abarca desde la década de 1960 hasta el 2005. La trama de la película es un contrapunto entre las vicisitudes de una familia, sus amigos y parejas y la historia de Italia. Es necesario contar un poco de su trama porque es un ejemplo acabado de una de las actuales corrientes ideológicas europeas, pro imperialista, más nefasta porque se viste con ropas “progre”, tan seductoras también a nuestra clase media criolla.
La historia comienza con Angelo Carati, un padre de familia optimista y emprendedor, y su esposa Adriana, maestra de escuela intachable. Tienen cuatro hijos en el fin de la adolescencia. Nicola y Matteo que están en los comienzos de la universidad. Giovanna la hermana mayor, ya abogada y fuera de la casa paterna, y Francesca, la hermana menor, aun en el colegio. En una changuita en un hospital Matteo conoce a Georgia, una chica con problemas mentales a la que le practican electroshocks. Los hermanos intentan salvarla de ese cruel destino: fracasan y Matteo abandona los estudios y se incorpora al ejercito primero y a la policía luego, Nicola hace de hippie un tiempo, andando por Noruega y luego se recibe de medico psiquiatra. Con el fondo de la gran inundación de Florencia, Matteo y Nicola se reencuentran: uno como parte de la “maravillosa juventud” de los sesenta que solidariamente concurrió a ayudar y el otro con un destacamento militar enviado para lo mismo. Nicola conoce a Giulia, otra joven idealista, pianista autoexigente. Va a vivir a Turín, junto con Carlo y otro amigo de Mateo que trabaja en la Fiat. Reparten volantes en las fábricas, concurren a actos, Giulia la novia de Nicola va dejando la música por la militancia.
Nicola se recibe de medico y sigue los pasos de Basaglia en el cuestionamiento de las instituciones de encierro, Carlo se recibe de economista y comienza una carrera de funcionario político en el sistema bancario, el otro amigo es un obrero fabril calificado. Giovanna, la mayor, asciende a jueza, la hermana menor, estudia restauración. Gorgia, la loquita, es reencontrada en un psiquiátrico allanado por Nicola, quien a su vez tiene una hija con Giulia, la pianista.
A la vez sucede que el padre tiene cáncer y lo sobrelleva con la entereza de su carácter optimista, pero muere. Giulia mantiene su oposición al sistema y se integra a las Brigadas Rojas, y consecuentemente abandona a Nicola. Carlo, ya asentado profesionalmente se casa con la hermana menor y en su casamiento, final de la primera parte, se enteran que el amigo obrero de la Fiat se quedó cesante. Llega la reconversión industrial.
La segunda parte es un tobogán: Giovanna es llamada a Sicilia para combatir a la mafia y parece lograrlo, Carlo es ya un funcionario importante, tanto que es amenazado por las BR, pero Guilia traiciona a sus compañeros y logran salvarlo y encarcelarla. Todos se casan y tienen hijos, la película multiplica los protagonistas. El ex obrero de la Fiat, de trabajar en la construcción, pasa a tener su propia empresita. Los hijos se enamoran y traen a la exquisita casa de campo de Carlo en la Toscana a sus parejas, todos están juntos, son felices después de tanto sufrir. Tanto que la película hace referencia a dos partidos de fútbol: comienza con la derrota de Italia con Corea en el 66 y más adelante el campeonato obtenido en el 82, como si cada resultado deportivo indicara el comienzo de un ciclo descendente y ascendente. El final transcurre a pleno sol: en Toscana o en Sicilia, la luz ha vuelto a iluminar a esta familia italiana y a Italia toda. ¡Hermoso!
Ah! ¡Se trataba de una película protagonizada por dos hermanos! ¿Y el otro?
Mateo es la oscuridad. Al comienzo lo une la común insatisfacción de los jóvenes de los años 60. Pero lo que en la familia es epidérmico en Matteo es visceral.
Vamos al comienzo de la película: Matteo conoce a Georgia, tratada con electroshock. La secuestrará y la lleva con su familia. La familia no la acepta y la policía la devuelve al manicomio. Nicola sigue su viaje hippie con los amigos pero Matteo no. Matteo no acepta que a Georgia a la que quería salvar del electroshock, la reintegren al manicomio. Allí donde su hermano Nicola sigue su vida sin alteración por este episodio, sólo que un poco más hippie, una pizca más sensible, Mateo sale deshecho.
Aquí viene una situación paradójica en la película; Matteo, como se mete en el ejército y, luego, la policía. ¿Por qué? ¿Que busca en las fuerzas represivas? Orden, declara el mismo más adelante. Un orden que, obviamente, allí no encontrará, sino todo lo contrario: la corrupción cotidiana, las bajezas y el egoísmo de los “servidores públicos”. Su compañía son, en todo momento los libros.
Ese es Matteo: llagado por la segregación, buscando ordenar lo que entiende el desorden del poder, acompañado por los que no traicionan: los libros.
Matteo, es el único que en toda la película tiene contacto con lo negro de Italia: se pelea con los que callan frente a la mafia, con los jóvenes que se manifiestan violentamente como una moda que pronto olvidarán, con los que se aprovechan de los inmigrantes (el único inmigrante de esta película que pretende ser un ”fresco” de Italia aparece en una comisaría haciéndose cargo de un delito cometido por su patrón)
Su cuñada, miembro de las Brigadas Rojas, es un personaje paralelo a Mateo: tampoco encuentra un lugar en esa sociedad injusta, se torna delirante, asocial, autista, dispuesta a atentar contra su cuñado. Pero el amor es más fuerte y cura todo. Finaliza acompañando a distancia a esta maravillosa familia, abrazada a su hija y tocando el piano nuevamente para ella. Italia acoge a los que quieran redimirse en la prosperidad europea. Al final de la película, en tono paternalista, Nicola dice que se equivocó en dejar que su mujer lo abandone y se vaya con las Brigadas Rojas: parábola del Mayo del 68: comenzar pidiendo lo imposible para lamentarse por no haberle impuesto lo obligatorio: ser buen ciudadano europeo.
Veamos lo que opina Fernando López de La Nación: “Más allá de que suene a veces un poco forzada la forma en que el medio familiar se ve mezclado en los dramas de la realidad social, son verdaderamente prodigiosas la síntesis y la precisión con que libretistas, director y actores (todos admirables) enriquecen cada escena. El film, cálido y de seductora fluidez, está hecho de breves, exactas pinceladas que definen caracteres al tiempo que conllevan el vínculo con su marco histórico. Los Carati son seres vivos, humanos, reconocibles y, por lo tanto, conmovedores. Y en su historia, simple y apasionante, se reflejan muchas de las mudanzas que en Italia, pero también fuera de ella, han ido transformando al mundo en lo que es hoy.”
Sólo falta mencionar al monstruo, la peste, a Matteo, “los Carati son seres vivos, humanos, reconocibles y por lo tanto conmovedores”, menos él. Para él y los que son como él no hay lugar: Matteo se suicida, una noche de Navidad, sólo. Tomando la única salida que el bienestar comunitario propone a los parias, a los postergados, a los inmigrantes, a los locos como él que no toleran el sometimiento de los débiles.
Pero el director no deja en paz ni a los muertos, y Matteo reaparece en la película para bendecir la unión de Nicola, con una mujer que quedó embarazada de él la noche previa al suicidio. Felicidad completa, hasta el huerfanito consigue un padre de su misma sangre. Algo endogámica la película, dirán. Sí, pero esto es lo que el viejo continente reclama periódicamente para si: pureza de sangre.
La mejor juventud es la crónica de un deseo. El deseo de una felicidad sin otro, de una luminosidad sin oscuridad. De un mundo donde el campo ético se limite al problema de la cortesía porque la lucha y la desigualdad no son tomados en cuenta. O lo son como muestras de animalidad.
Como bien lo dice el filósofo de la opulencia culposa, Michael Onfray: “La civilidad, la delicadeza, la dulzura, la cortesía, la urbanidad, el tacto, la deferencia, la discreción, la amabilidad, la generosidad, la dádiva, el gasto, la atención, son otras tantas variantes de la moral hedonista. El cálculo hedonista exige, al igual que el cálculo mental, la práctica regular capaz de producir la velocidad necesaria. Cuanto menos practiquemos la cortesía, más difícil se hace llevarla a cabo. Y al contrario, cuanto más nos dediquemos a ella, más eficiente será su funcionamiento. El hábito implica el adiestramiento neuronal. Fuera del campo ético, no hay más que un campo etológico. La descortesía caracteriza al salvajismo”
De Onfray a Heidegger, desde ceder el asiento en el colectivo hasta el exterminio de los otros, construye Europa su mejor juventud.