En el cuento El indigno, Borges dice por boca del personaje de Jacobo Fishbein, un librero judío, que éste: “firme y tranquilo, solía condenar el sionismo, que haría del judío un hombre común, atado, como todos los otros, a una sola tradición y un solo país, sin las complejidades y discordias que ahora lo enriquecen.” La idea que el sionismo es una pérdida para el judaísmo, que es a partir de allí que éste se empobrece, que el sionismo emponzoña y desarticula a la comunidad judía, transformándola en la imagen especular de su peor pesadilla, no es sólo una línea de la mejor literatura argentina, sino también una realidad de la peor carnadura imperialista.
¿Que es ser judío? Hay judíos negros, los fallashas de Etiopía, judíos europeos, los askenazin, y judíos orientales, los sefaradíes: ¿Puede una raza pertenecer a tres razas distintas? Por lo tanto el judaísmo no es UNA raza, sino algo a lo que varias razas nutren. ¿Es una religión? Eso es en parte pero sin embargo hay judíos ateos, lo que constituye la negación del judaísmo como religión. Incluso algunos de los judíos más prominentes han renegado de Dios (Freud, Trostky, Einstein, etc.) dado que una religión se recorta por la creencia en cierta mitología y cierto ritual particular, no puede el judaísmo serlo porque incluye descreídos (y en cantidad). Una nación es una entidad unida por lengua y territorio. Los judíos no hablan una lengua sino varias: hebreo, yddish, ladino, además de otras y no poseen territorio propio (la palestina que ocupan desde 1948 es tema de este texto).
Suele proponerse que la unidad de lo judío está en la tradición, pero esas tradiciones tan diversas no superarían la idea de la tradición iberoamericana, o africana. Al punto que una versión de esa tradición dice que las Tierra Prometida era un lugar de peregrinación sagrada, no el asiento de un estado secular y que la esperada llegada del Mesías, “al final de los tiempos”, sería la señal del regreso a Israel. Por eso existen corrientes judías ultraortodoxas que son no sionistas. Diferencias en la tradición.
El pueblo judío es un pueblo clase. En tiempos remotos no ha tenido una sola actividad característica, ha habido un gran campesinado judío, en la antigüedad, y colonos judíos en la modernidad, han sido temibles guerreros hasta la época romana, y lo son en el presente (desgraciadamente para ellos) pero “lo judío” es lo que designa a un pueblo que se ha ocupado del comercio en una sociedad precapitalista que tenía poco aprecio por el mismo. En los poros de una sociedad de autosubsistencia, el judío (creyente o no, de cualquier raza y color) se ocupaba de una función económica. El préstamo era la principal actividad económica de los judíos en la Francia e Inglaterra del siglo Xll. La bula del Papa de 1555 les reserva como actividad la de ropavejeros o usureros. Por esta particularidad a los judíos se los perseguía pero también se los buscaba, eso explica su dispersión, por las naciones europeas sobre todo: con ellos llegaba la cultura, el dinero, el comercio. Todo lo que condenaba el rudo catolicismo. Libres del yugo señorial que ataba a los campesinos, eran tan necesarios como detestados, ocupaban tanto los lugares prominentes como el de víctima propicia. (Porque, sin la insensibilidad, sin la abstracción, capitalista, los judíos cumplían esta función económica a la vista de todo el mundo.)
Comerciantes y movedizos, los judíos hicieron de si mismos un reflejo de sus funciones y necesidades. Quien viaja debe estar liviano y los judíos son reconocidos por dos equipajes “livianos”: inteligencia y dinero. Hay literatura, filosofía, teatro judío, pero no escultura o arquitectura. Los pueblos no sedentarios tienen expresiones subjetivas de gran transportabilidad: la inexistencia de imágenes tiene mas que ver con su peso que con el credo. Como los gitanos (otro pueblo clase y por la misma razón perseguido por los nazis) los judíos son buenos violinistas, no solo Menuhin o Stern sino el querido violinista sobre el tejado son judíos.
Pero la consideración del judaísmo como un pueblo clase lleva a pensar (en consonancia con la historia real) que la diáspora es consecuencia y no causa. Y que su permanencia en el tiempo (2000 años según la historia sionista) se debe a que es un mito y no una realidad. Los judíos han comprobado que un pueblo que quiere recuperar su tierra (los palestinos a Palestina) no espera 2000 años y el favor de los asesinos del mundo.
La idea de una “nación” judía se consolida en la última década del siglo XlX, en pleno auge de los nacionalismos europeos. En los 1900 años anteriores desde la archievocada destrucción del Templo, no hubo posibilidad de pensar ni de pensarse como una nación desprovista de tierra porque la idea de nación era extemporánea. No es posible una nación antes del nacionalismo, aunque lo proponga un pueblo elegido.
El pueblo judío no tuvo en dos mil años casi ninguna intención de “regresar” a “su” tierra. Algunos si se instalaron en las tierras palestinas, por ejemplo la aldea-ciudad de Safed era en el siglo XVl un gran centro de estudios, con alrededor de veinte sinagogas y otra cantidad igual de colegios talmúdicos. Ya en vísperas del final del mandato británico, en 1940, habitaban Safed 9500 árabes y 2400 palestinos, una proporción altísima para la palestina anterior a la limpieza étnica. O sea que el regreso a oriente era posible pero no deseado, Cuando la expulsión de España la mayoría eligió ir a Portugal, Holanda, Inglaterra. Y no sólo por cercanía, también emigraron a Brasil (mucho mas lejos que el cercano oriente). De allí saldrían los primeros judíos que llegaron a Nueva York en 1645, cuyos descendientes tanto han contribuido al sionismo.
También hubo un reino judío, los Jázzaros, en Crimea, entre los años 700 y 1000, y en la época romana había 3 millones en palestina y otros 3 millones fuera de ella, sobre todo en Babilonia y Egipto. O sea que nadie expulsó al pueblo judío, sino que este siempre tuvo un componente “errante”.
Esta consistencia de pueblo clase se sostiene simbólicamente en el carácter particular de la religión judía con respecto a las otras religiones del libro como se las llama a los tres grandes monoteísmos mediterráneos. Mientras el cristianismo y el islamismo son (en general, hay excepciones) colonizadores, o sea intentan sumar sujetos a sus creencias, el judaísmo es aristocrático y segregativo: esta característica necesaria para mantener su distinción clasista en las sociedades a las que se sumaban sin disolverse pero integrándose, requiere de la figura del pueblo elegido.
Una viñeta: mientras el cristianismo obliga a todos los que puede a respetar sus credos (verbigracia penalización del aborto) el judaísmo puede utilizar a otro ser humano para ofender a su dios porque este no lo tiene en cuenta (violación de los principios del sabat).
Con el comienzo de la modernidad comienza la desventura del pueblo clase: No es casual que una de las fechas que se utilizan para designar el comienzo de la edad moderna (la del capitalismo incipiente) sea la fecha de la expulsión de los judíos de España, el año del viaje de Colón: 1492 (también 1456, la toma de Constantinopla por los Turcos, que obliga a la conquista del globo por el occidente cristiano)
Desplazados por los incipientes burgueses, pero sobre todo por una nueva dinámica y estatus del comercio, algunos judíos cruzaron con éxito la frontera de la sociedad precapitalista a la capitalista: vaya el nombre de Rotschild en su memoria.
Pero la mayoría comenzó a estar de más, a sobrar: una tendencia centrífuga con respecto a la sociedad les impedía asimilarse, una tendencia centrípeta del capitalismo con respecto a la mano de obra se lo reclamaba. Corridos de la Europa occidental hacia la más atrasada Europa oriental se comienza a constituir el llamado problema judío: a la vez, ya inútiles y aún inasimilables, los judíos molestan en Polonia, Rusia, Alemania y nacen los progromos.
Y nace el sionismo. Los judíos como todos los perseguidos de fines del siglo XIX y comienzos del XX, se acercaban al marxismo y otras ideologías clasistas. Proletarios del mundo uníos, es una consigna que amenaza al judaísmo en su carácter de pueblo clase. Los oprimidos son oprimidos y deben unirse más allá de credo, raza o nacionalidad. Estas ideas avanzadas chocaban con las religiones milenarias. En 1896 Teodoro Herzl funda el sionismo, cuya postura fundamental es atrasar el reloj de la historia, en términos ideológicos planteando la remisión de la diáspora, y en términos reales manteniendo la división entre los explotados, y el acercamiento a los explotadores (judíos). Los círculos de obreros católicos cumplían la misma función y siempre fueron denunciados como profundamente reaccionarios, (y sirvieron de base a los sindicatos falangistas de Franco)
La idea de una tierra para un pueblo sin tierra, es tan falaz que se puede comparar a pedir un territorio para todos los coleccionistas de estampillas que andan por el mundo: los judíos y los filatelistas tienen una tierra: la del país donde viven y del cual son ciudadanos.
El sionismo reclamaba una tierra para el pueblo judío para impedir la integración en sus naciones y sobre todo la asunción de su carácter clasista, como explotados. En lugar de estar hermanados en la explotación con los otros trabajadores, los sionistas están hermanados en el judaísmo con los banqueros judíos (que los hay y siempre los hubo). El antijudaísmo se aprovechó siempre de esta contradicción de los judíos pobres para transformarlos en la “sinarquía internacional”. De esta manera actúa como toda ideología religiosa-comunitaria: borrando las fronteras entre clases en pos de una supuesta “unidad superior” tanto mas peligrosa en el caso del sionismo en cuanto sus ingredientes aristocráticos permiten permutaciones políticas que ni los cabalistas hubieran imaginado.
Muy pocos de los grandes líderes sionistas fueron victimas del nazismo, en realidad estaban inmigrando a Palestina. Ben Gurión, padre fundador del Estado de Israel, nació en Polonia en 1886, emigró a palestina en 1906. Pero en 1935 el nazismo estaba dándole una de las principales lecciones que el sionismo aplicaría no durante 20 sino durante (hasta hoy) 60 años: las Leyes de Nuremberg. Por tomar un ejemplo: los casamientos entre judíos y otras “razas” están prohibidos por las leyes de los nazis, pero también por las de los sionistas, con la única diferencia que en un caso las padecen y en otro las hacen padecer. Es escalofriante que las leyes sean similares. Lleva a pensar que las Leyes de Nuremberg han caído en el olvido, no su nombre pero si su contenido, se han transformado en cáscara vacía. Pero es interesante a la vez porque plantea un profundo interrogante sobre una palabra de moda: la memoria. ¿Desde dónde recuerda la memoria? ¿Para quién recuerda la memoria? ¿Hasta dónde escarba la memoria?
Un ejemplo de lo delirante del planteo sionista: 500 años después de la diáspora, o sea mas cerca en el tiempo, los visigodos fueron expulsados de Europa oriental por la presión de los hunos venidos del centro de Asia, finalmente recalaron en España. Hoy los españoles podrían reclamar de la misma manera una parte de serbia para un estado binacional serbioespañol. Suena pelotudo pero la comunidad internacional se comió ese sapito en 1947 ¿Por qué? Por la culpa, porque no habían hecho nada para salvar a los judíos europeos desde 1933 en adelante, por consideraciones diplomáticas y políticas, o sea por conveniencias económicas.
A los imperialistas europeos los judíos les importaban muy poco, por eso el holocausto no es patrimonio de los nazis sino también de los “aliados” que hicieron la vista gorda hasta que el monstruo nazi se les echó a la garganta. Y del stalinismo que, en su capacidad de traicionar de manera siempre excesiva, firmó el pacto Hitler-Stalin en 1939 y lo respetó hasta que en el año 1941 los nazis atacaron la URSS. Lo mismo puede recordarse del Concordato de los nazis con la Iglesia Católica.
Es válido preguntarse por qué si Iglesia, imperialistas y stalinistas habían entregado alegremente a los judíos al genocidio luego se volvieron hacia él con simpatía. También es importante saber qué hizo que el pueblo judío cambiara de amigos: de estar hermanados con los oprimidos a ser los únicos que se llevan bien siempre con el asesino yanqui.
Aunque hoy esté de moda la palabra globalización, los capitalistas siempre pensaron sus negocios y sus guerras de manera global, es decir mundial. Después de la primera guerra mundial, el Imperio otomano se había desarticulado, los imperialismos occidentales se enfrentaban con la tarea de contener a las masas árabes y su renaciente nacionalismo. El petróleo merecía esta atención y los movimientos populares esta preocupación. Los ingleses y franceses tenían ingerencia en el área, los británicos firmaron en 1917 la declaración de Balfour, comprometiéndose a la creación de un Hogar nacional Judío en Palestina.
En el año 1936 los palestinos se insurreccionan contra el colonizador británico. Esta lucha anticolonial también debe ser borrada de la memoria, porque ¿Cómo podría haberse insurreccionado un pueblo inexistente de una tierra sin pueblo? Pero había pueblo y no era sionista. Un porcentaje menor era judío, y había otras minorías.
Las diferencias de antigüedad entre las aldeas palestinas, drusas, maromitas, beduinas y los asentamientos judíos ya es un dato sintomático y sistemáticamente negado de la realidad: mientras los primeros convivían en paz desde un puñado de siglos atrás, los asentamientos judíos datan siempre de los inicios del siglo XX y son parte de una emigración artificial fomentada por los europeos.
La cosa pasaba por armar un bastión imperialista en una zona inestable y que había perdido su tradicional gendarme turco. Pero había en Palestina un 96% de palestinos y sólo un 4% de judíos y un plan de estabilización mundial (léase control mundial) que encaraban los aliados (incluyendo a los comunistas stalinistas). Un estado palestino laico democrático y no racista (lo que los judíos hubieran deseado que fuera Alemania, Polonia o Rusia) no servía a ese plan.
Así debutó la recién generada ONU: implantando un enclave colonial en una tierra poblada, en contra de la mayoría de la población y (en lo que sería su marca en el orillo en los años siguientes) haciendo la vista gorda a los horrores cuando son evitables, para luego lamentarse cuando son consumados.
¿Porque la ONU a propuesta de los británicos y con el apoyo de EEUU y la URSS decidió la partición de palestina? Porque necesitaba un estado sionista en constante estado belicoso contra el nacionalismo árabe. La historia dirá que nadie hizo más por el mantenimiento de esos jerarcas árabes como Hussein y Assad que el beligerante Estado racista de Israel.
La partición de Palestina no solucionaba el problema planteado porque la mayoría de la población era palestina y la mayor parte de la tierra estaba en manos de palestinos. Trágicamente, mientras los otros gobiernos de la región pactaban con los imperialistas (y algunos incluso con los sionistas como los monarcas hachemitas de Jordania que aspiraban a quedarse con los restos que la voracidad de Ben Gurión le dejara: Cisjordania) los palestinos quedaron paralizados. Los sionistas aprovecharon esos meses de 1947 y 1948 en que los pobladores ancestrales de la tierra palestina estaban a la buena de dios para realizar una limpieza étnica en forma. Haciendo bien y de la mano de la ONU lo que Milosevic no logró terminar en Bosnia, los sionistas arrasaron aldeas, robaron las tierras y expulsaron a los pobladores locales. Un nombre sirve de emblema para contar lo que sucedió. Deir Yassin es una aldea donde sucedió una de las tantas masacres, quizás una de las pocas que se hizo pública en medio de una deliberada y canalla campaña de silencio de la prensa internacional (igual que el deliberado silencio sobre Hitler al comienzo). Pero los números son implacables: Israel es hoy un país de 20 770 km2 (Uruguay tiene 176 200 km2 y 3 455 000 habitantes), con 6 277 000 habitantes en un 80% judíos. Era en 1918 un territorio con el 90% de la población árabe, y en 1947, aún el 66% de la población era árabe, y poseedora del 94% de la tierra cultivada del país. Cuando la ONU decide crear un estado racista y adepto del occidente cristiano (que paradoja, ¿no?) partiendo palestina en dos crea dos problemas.
Un problema es la usurpación del suelo palestino, el otro es que aun así el plan es inviable. La porción asignada a los palestinos tiene en 1947 la siguiente composición de la población: 818 000 árabes y 10 000 judíos (si: 80 a 1, 98,7% de árabes) y la porción asignada al estado sionista, que equivale al 56% del territorio, 438 000 árabes y 499 000 judíos (53% a 47%). Aún con la delirante partición el estado judío era inviable sin la limpieza étnica, o sea sin métodos nazis en su establecimiento. Se entiende que el tema demográfico es más importante que el militar y por eso se habla siempre de armas y no de personas, ocultándolo.
Esta tragedia, la expulsión en forma violenta de su propio país, el arrebato de las tierras, la posterior anexión, ocupación de los territorios que inicialmente le correspondían al Estado Palestino, las sucesivas incursiones imperialistas de Israel que ocupa territorios y luego negocia desocupaciones parciales, es la gran apuesta imperialista en el cercano oriente.
La limpieza étnica de palestina realizada por Israel es la “Nabka” palestina. Debería conmemorarse en el mismo museo que el holocausto, el holomodor ucraniano, el genocidio armenio o el de Ruanda
Por lo tanto no hay una cuestión judía, hay una cuestión nazi. Los judíos no son causa, ni base del nazismo. La víctima no genera al victimario. Aunque los sionistas intenten razonar como los agresores de mujeres, que se justifican en las “actitudes” tal y cual de la mujer en cuestión para explicar o justificar su accionar, los judíos son la espantosa víctima del nazismo, no su causa. Fueron los intereses de los empresarios alemanes (los krupp, bayer, siemmens, etc.) y su estado militar, los que generaron el monstruo nazi. Pero a eso hay que agregarle la movilización de masas medias contra los pobres, demonizados en la figura del judío, del gitano, del zurdito, del puto, del negro. Hoy vemos el huevo de la serpiente en Santa Cruz de la Sierra. O en las intervenciones del rabino Bergman, tan cerca de los nazis vernáculos. Hay nazis haya o no judíos cada vez que se ataca a las minorías y los pobres en función de los intereses económicos capitalistas, hay nazismo si se utiliza la desaparición física de los otros. Hay nazismo si se movilizan sectores medios para estas carnicerías. En resumen hay nazismo sin judíos. Y, lo que es más terrible, hay nazismo judío: el sionismo. Y esa ideología paranoica permite la subsistencia del sionismo a costa de liquidar la cultura judía.
Sin acudir a las raíces del problema en la producción y la propiedad, la filosofía política no puede pensar al sionismo. La verdadera banalidad del mal consiste en que sin ninguna perversión previa cualquiera se vuelve nazi para defender sus privilegios amenazados (o, peor aún, prometidos). Eso es lo horroroso del nazismo. Que cualquiera puede serlo, que es el epitome del capitalismo mundial. Que cualquier ideología que encuentre a un hombre por arriba de otro y lo justifique (aun si lo hace por la lengua alemana, la casa del ser) se desbarranca (si es necesario) en la carnicería mas abyecta y, a la vez, mas intrascendente: hubo que devolver la humanidad a los judíos y gitanos, como hoy hay que hacerlo con los palestinos para que “trascendiera” la barbarie.
Lamentablemente para él, el Conde Folke Bernardotte, presidente de la Cruz Roja sueca, que había trabajado por la salvación de muchos judíos, entendió perfectamente el viraje de la situación que representaba el sionismo. Intentaba hacer por los palestinos, lo que había hecho por los judíos. Sionistas fanáticos lo asesinaron en un atentado terrorista, en setiembre de 1948. La resolución 194 de la ONU, del 11 de noviembre de 1948 planteaba el regreso incondicional a sus hogares de todos los refugiados. La dirección sionista jamás la aceptó. Esto deja claro que la limpieza étnica provocó una diáspora de refugiados por fuera de las fronteras del que era su país y ahora la ONU había decidido que era de otros. Los sionistas cuidaban los detalles para que la opinión pública no advirtiera su nuevo estatuto de opresores racistas. Lograron que el tema palestino de los refugiados fuera tarea de un organismo especial (UNRWA) y no del que se ocupaba de los refugiados en general (OIR). Evitaron de esa manera que el mismo organismo que se ocupó de los judíos durante el nazismo se ocupara ahora de los palestinos durante el sionismo. Y esto ocurría a sólo tres años de haber terminado la segunda guerra: que pensarían los judíos al ver que ahora ellos eran autores de lo que habían sido victimas.
La historia de Israel es la historia de sucesivas guerras, no defensivas sino expansionistas. 1956, 1967, 1982, 2002, y mas. Cada hecho bélico se presenta como una desesperada acción defensiva. Cada embate aumenta los territorios. Y utilizando el lema sionista de “dispara y llora”, luego de cada guerra Israel es mas fuerte, más poderoso, mas violento y racista. Sus leyes no se aplacan, se endurecen
Lo que es más trágico es que el carácter racista de Israel se reproduce y multiplica, creando las condiciones para racismos sucesivos. El estado sionista no es judío a secas, sino, fundamentalmente judío askenazin (europeo) los judíos safaradíes (orientales), yemenitas y africanos son de segunda. En la desesperación de vivir la segregación del estado judío siendo judíos, estos pobres son la base social de la derecha israelí. El grupo de choque del sionismo, mendigando un lugar en el estado racista, dispuestos a ganárselo con sangre. Sirven asi a la politica tradicional de los opresores: dividir y enfrentar pobres contra pobres.
Es llamativo y esclarecedor un dato de la flora de Israel: los sionistas askenazis desde su llegada a Palestina han modificado la flora, pero a pesar de proclamar el deseo de retorno a las tierras bíblicas han llenado palestina de árboles europeos, pinos y cipreses, reproduciendo la vegetación de su lugar de origen (Europa) y no el paisaje que observó Moisés. Sólo el 11% de las plantas de los parques israelíes son nativas. Hasta biológicamente, Israel es un enclave colonial.
En el futuro y en el presente, los judíos serán el pueblo de la mossad y de la guerra. Lo que se admira en el mundo es su ejército, se los convoca para operaciones de inteligencia. El pacto fáustico para obtener una tierra les pide pagar con su alma: pasar de ser un pueblo culto a un pueblo blindado, distinguirse por su fuerza y no por su cultura. Por eso, quizás, el sionismo en todas sus vertientes se lleva muy bien con EEUU, ni una sola sospecha cae sobre los Bush, las Condolezzas (y ahora sobre Obama) en tanto sostienen al Estado de Israel.
Pero uno de los peores problemas que enfrenta Israel es que los árabes tienen una tasa de natalidad mayor que los sionistas. La ayuda a las familias numerosas que los ultraortodoxos plantean en las campañas electorales israelíes, no son un planteo religioso, sino realista: como mantener un estado racista con fachada de democracia si hasta en los territorios sionistas de la partición de 1948 los árabes tienden a ser una minoría importante y una mayoría probable. Un estudio norteamericano plantea la siguiente situación: en cuatro generaciones, los judíos se reproducen de la siguiente manera: los “seculares” reducen el judaísmo a un 5% de la población inicial (o sea que de cada 100 judíos seculares solo quedan 5 judíos en la cuarta generación, fundamentalmente por matrimonios mixtos) de 100 “reformistas” en la cuarta generación quedan 13, de 100 “conservadores” quedan 24, y de 100 “ortodoxos” llegan a la cuarta generación 900. Así queda claro que la “ortodoxia” es una fuerza de choque contra la integración que amenaza al sionismo. No al judaísmo, sino a la necesidad de sostener el prejuicio racista. La ortodoxia da en el blanco: Israel está amenazado de desaparición porque su carácter racista lo hace endeble y desnuda su costado artificial. Reproducción e inmigración son las caras reales del sionismo. O dicho de otro modo el sionismo no necesita combatientes sino sementales.
Contra toda la jerga de la prensa burguesa el obstáculo para la paz en medio oriente no son los grupos violentos palestinos, sino la imposibilidad de un estado racista de reconocer derechos a los otros: muros, leyes contra la mezcla racial, etc.
La función del Estado de Israel, los transforma en paranoicos pero con razones: en medio oriente no son victimas, son asesinos. El sionismo destruyó el humanismo judío para siempre. Solo una rebelión de judíos antisionistas le reintegrará algún sentido histórico al pueblo judío.