Cochinaesperanza’s Weblog

Noviembre 26, 2008

Un hecho histórico

Archivado en: General — cochinaesperanza @ 11:32 pm

Y ganó Obama nomás. Un negro presidente de los EEUU. Miles de personas que no se interesan en lo más mínimo por los acontecimientos de la política mundial se han sentido tocadas por lo que, repitiendo los comentarios altisonantes de la prensa yanqui, califican como un hecho histórico: la primera vez que un presidente yanqui es de origen afro americano. Siempre hay una primera vez, pero eso no califica un hecho de histórico. ¿Que sería histórico de esta elección? Que no pasó antes.

Es una regularidad en la vida de los imperios la profusión de hechos históricos de esta profundidad, hechos superficialmente históricos. Claudio, en el año 41, fue el primer emperador romano nacido fuera de lo que hoy son los territorios de Italia. Vespasiano el primero de origen humilde en el año 68. Trajano, en el año 98 el primero de origen hispano. Cada uno de ellos marcó una novedad, y el acceso de nuevas capas a la posibilidad de ser Emperador, sólo que superficialmente, ya que en el fondo la maquinaria estatal del Imperio no hacía diferencias. Por esa razón nadie recuerda sus ascensos al trono como “hechos históricos”, sino como hechos históricos a secas. ¿El ascenso de Obama marca una revolución en algún sentido, un cambio, una apertura, algún evento digno de ser tomado e cuenta como base para alguna nueva relación de fuerzas? No.

Conviene recordar la situación de los negros en EEUU del siglo XXl. No fue una administración demócrata sino una republicana (el partido de Abraham Lincoln y Ronald Reagan) la que encumbró a los negros en lo más alto del poder imperialista. Fue con Bush que un hombre de raza negra (Colin Powell) estuvo al frente de la más poderosa maquinaria militar que haya existido en la historia de la humanidad. Fue ese mismo gobierno genocida y torturador el que realizo una apuesta mas audaz aún: colocó en la Secretaría de Estado (quizás el segundo cargo en importancia después del presidente) a una mujer negra: Condolezza Rice.

La aceptación por parte del establishment de los negros como parte de la maquinaria política del más alto nivel ya estaba consagrada por la derecha desde hace cerca de una década. Pero estos negros no han tenido mucho que ver con los derechos civiles sino en su revés: han colocado la tortura en el centro de la escena, pero para aprobarla.

Es necesario no participar de un racismo invertido: no es color de la piel lo que importa de un hombre. Ni su sexo. Ni su religión. Políticamente lo determinante es su posición de clase. Las feministas vieron en la década del 70 el apogeo de Margaret Tatcher. Una cuestión de género obligaría a tomar partido por la mujer (oprimida) ante los embates de los mineros machistas con su larguísima huelga, o la huelga de hambre, llevada hasta la muerte, del varón Boby Sands, del IRA. Una posición de clase obliga a revisar la cuestión de género.

El color de la piel tampoco es superior a la lucha de clases. Los republicanos, que siempre supieron darles a los negros el lugar más adecuado al desarrollo capitalista, ya los habían admitido en el poder. Con Tatcher, Isabel Perón, Golda Meir, es lo mismo que con Idi Amin, Condolezza Rice o Colin Powell: aunque provengan de un género o una raza oprimida, no llegan al poder expresándolos, como producto de una movilización de los mismos, sino como una renovación de los medios simbólicos de opresión y explotación.

Un presidente negro debería detener las guerras imperialistas que en todo el mundo se libran contra pueblos de distintos tintes, pero siempre oscuros. En cambio Obama habla de devolver a EEUU a su papel, de recuperar lo que Bush debilitó: el liderazgo yanqui.  Fue del partido de Obama el presidente que asesinó 120 000 japoneses para hacer una demostración de fuerza y liderazgo matando civiles de  una nación ya vencida: el “demócrata” Harry Truman (que comparte con Bush haber terminado su mandato por debajo del 25% de popularidad)

Nada, ni una mísera línea de los discursos de Obama pueden dar un indicio de vocación antiimperialista. Nada para soñar, nadie tiene un sueño entre estos negros.

Pero hay otra lectura posible: el candidato republicano, blanco, sin carisma, secundado por una mujer antiabortista (vergüenza del género) y pro armamentista (Lisístrata de cabeza), sacó en las elecciones el 46% de los votos populares (no de los electores que tiene un sistema de selección muy antidemocrático –con el 53% de los votos se obtiene el 70% de los electores presidenciales- mal que les pese a los admiradores de la “democracia estadounidense”) y representaba al partido del presidente saliente, el que termina su mandato con el índice de rechazo más alto de la historia. Esa es una noticia importante, casi la mitad de los estadounidenses profundizarían las políticas de Bush si encontraran un margen para hacerlo. Quizás la otra mitad cree que un negro podrá.

 

 

 

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