No es necesario decir que la memoria no es una reproducción exacta del pasado sino la construcción de un pasado. Y que, por lo tanto, la buena memoria no es recordar todo el pasado, sino aquello que nos permite, en el presente, cambiar el futuro para mejor. Tomando como mejor cualquier futuro que esté un poco más en nuestras manos.
Claro que uno dice nosotros y ya engaña, porque: ¿Quiénes somos nosotros? Siempre estamos obligados a elegir quienes somos nosotros. En este texto nosotros se refiere a los que no somos patrones, ni curas, ni milicos. Los patrones, curas y milicos son los otros. Y los políticos, si les sirven a ellos, son de ellos.
La memoria se dividió como la mafia menemista del 90. La mafia duhaldista eligió la amnesia total: apostar a la ilusión fascista de borrar la historia. La mafia K usa la memoria para olvidar su pasado, la memoria popular debe recordar lo que le permita retomar su protagonismo. Esa memoria no es ni D, ni K.
Por ejemplo el cambio actual en el fútbol no debe hacer olvidar quien es Grondona. El “fútbol para todos” no es el fruto de un movimiento popular sino del pase más caro del fútbol argentino: Grondona Julio Humberto, luego de vestir durante años la camiseta del monopolio, pasó por 640 millones de pesos a jugar para la mafia K. Julio Humberto se ha destacado en los últimos 30 años por ser la demostración (junto a los jueces y los curas) del establishment. JHG llegó a la AFA cuando Videla utilizaba al fútbol para tapar sus crímenes y hostigar a las Madres de Plaza de Mayo, en 1979. Mantuvo por 30 años la estructura antidemocrática de la AFA, mas apropiada para una película sobre el Rey Arturo y el mago Merlín que para una república. JHG es el que creó el problema de los monopolios televisivos y la televisión, y a los que dijeron a tiempo lo que estaba pasando e iba suceder los atacaron los antiguos socios de Grondona y él mismo sin piedad. JHG potenció la desigualdad del fútbol, Nadie se pregunta como un deporte que nos tenía de espectadores de los mejores, como el básquet, llegó a tenernos como protagonistas y uno que nos tenía como protagonistas, como el fútbol, nos llevo a ser espectadores. Pero el básquet se federalizó, se popularizó, se repartió, y el fútbol se concentró.
Don Julio también propició el combo que partiendo de los barras bravas que servían a la burocracia sindical, llegó a los barrabaravas empresarios que controlan la vida del club.
Algunos lo defendieron siempre con argumentos absurdos: “cuando vas al exterior no sabés lo que es nombrar a Julio” (frase de dirigentes de medio pelo a los que el presidente de la AFA les hace conocer el mundo) pero Hitler también era conocido e inspiraba respeto, ya se sabe porqué.
Otra vez ocurre que el justo asco a los Bergman, de Narváez, Duhalde, Menem, Bergoglio etc, oculta los nombres de la otra mitad de la mafia del 90 (cuando estaban todos juntos)
Y el gobierno utiliza ese asco para ocultar su raíz antidemocrática. De allí vienen problemas que le surgen día tras día. Lejos de los métodos democráticos que le causan urticaria, armaron la fórmula presidencial del 2007 al estilo priista. Ninguno de los intelectuales K dijo nada, la mentalidad verticalista de la cofradía intelectual que acompaña a los Kirchner se hizo evidente.
Los exaltó el voto no positivo, no la negación del voto al que están sometidos los kichneristas. La pregunta no es si Cobos es un traidor, sino, porque está ahí, quién y porqué lo puso. El pacto entre notables seduce a los intelectuales porque ellos (que se sienten notables) también creen poder entrar por la ventana al poder.
De la misma manera que los nombres Kosteki, Santillán, Fuentealba, Julo López, están ausentes de los discursos oficiales, también esta ausente el polo opulento de la ecuación de la desigualdad.
Un psicoanalista integrante de la kirchnerista Carta Abierta escribió hace nos meses unos de esos textos cartaabiertistas que requieren de un congreso de semiólogos para encontrarles sentido. Pero algo si queda claro: en ninguna parte del texto habla de patrones, burgueses, capitalistas, explotadores (así con minúsculas) menciona en algún pasaje al Patrón (así con mayúsculas) el Patrón, como Slimbovich es lacaniano podemos decir que, como el Otro del otro, no existe.
Pero existen. Ya están en sus asociaciones patronales pidiendo mano dura, ahí está el consuegro de la reina de Holanda pidiendo otra vez más represión, felicitándose porque el gobierno accedió a la represión y el desalojo como medida inicial y se allana al diálogo llevado por la fuerza de los trabajadores.
Mientras Carta Abierta marcha codo con codo, con Kirchner, Moyano, Grondona, rumbo al seguro acuerdo faccioso que sellará la década, los obreros de Kraft rompen el verdadero monopolio mediático en la calle, los trabajadores de subte exigen verdadera democracia en la calle. Testaferros, sociedades anónimas, y acuerdos entre gallos y media noche nos demostrarán que a los monopolios no se los combate solo cambiando la siniestra ley de la dictadura. Sino buscando más democracia, siempre.
Un lameculos de Macri, Edgardo Aronín, le hizo un reportaje una mañana en la 2X4 a un delegado de Kraft, le dijo si no le parecía exagerado cortar la Panamericana. El obrero le respondió que llevaban mas de un mes en conflicto lo entrevistaban ahora precisamente por haber cortado Panamericana Aronín cambió de tema. Durante ese tiempo funcionó el verdadero monopolio, el de los intereses patronales. No fue hasta que los obreros se hicieron visibles en la calle que tarde y a regañadientes se tuvieron que ocupar de ellos. Lo mismo sucede con el Sindicato de Subte, que contra la voluntad mayoritaria de los trabajadores, el gobierno insiste en no reconocer para no sacarle aportes y poder a sus amigos de la CGT, los Zanola, los Moyano, los Palacios.
Por eso un segmento se reserva a las entidades sin fines de lucro, y no a las entidades sin fines de lucro con funcionamiento democrático. No es lo mismo una cooperativa de trabajo o una asociación civil, sometidas al gobierno de lo que sus mayorías determinan, que una fundación como las que todas las multinacionales han creado (Petrobrás, Techint, Telefónica, etc.) que sólo responden a sus dueños.
La ley de medios de la dictadura se derrota de otra manera, no fundamentalmente contando votos de los políticos que en el 2001 pedíamos que se vayan. También se abre la participación, mediática y callejera, apoyando a los que pretenden lo que ambas mafias desprecian: los medios se democratizan si se achica la desigualdad. Pero no por una coyuntura internacional sino por la entrada en escena de un método que espanta a los dos bandos del poder: la democracia y la participación en la calle.