El 17 de noviembre una arquitecta y catequista de Wilde fue asesinada por los ladrones que intentaban robarle el auto. Desde ese día se suceden marchas en esa localidad. 500 vecinos reclaman algo, expresan su indignación. Amenazan entrar a la comisaría. No se sabe muy bien para qué. Pero un fantasma recorre el conurbano. Duhalde avisó que participará en las internas justicialistas. Y cuando Eduardo huele el poder, el conurbano se torna más violento
El sábado 14 de noviembre después de muchos años se reunió para tocar el grupo de rock Viejas Locas. Recital raro. Un día que Vélez juega (de visitante obviamente) se hace un recital en su estadio. O sea en lugar donde los barra bravas se juntan para ir al partido, y al que van a volver después del mismo (como ocurrió). Mucha policía y pocos controles de los organizadores (contra la experiencia que dice que esa proporción siempre culmina en represión). Finalmente la Policía Federal reprime bestialmente. Los organizadores devuelven el valor de las entradas a los que no lograron entrar en clara aceptación que todo estaba organizado para la mierda. Pero recién al día siguiente se supo lo peor. Un joven de 17 años, Rubén Carballo, aparece tirado a 5 cuadras del estadio con la cabeza partida.
Llamativamente ambos hechos circulan por carriles separados. Para los punteros peronistas del gran Buenos Aires esta distancia es lógica. Se trata de unir esa indignación alrededor de dos puntos: la ineficacia del gobierno provincial Sciolikirchnerista, y la necesidad de mayor arsenal represivo. Para el peronismo, tirarse con un muerto es parte de las internas, se llame Renata Toscano o José Luis Cabezas.
Rápidamente la policía parece haber encontrado a los asesinos de la catequista. No así a los que golpearon al pibe Carballo a pesar que los sospechosos son muchos menos y se encuentran con toda probabilidad entre sus filas. Hasta el 2003 este episodio entraría en el casillero de la impunidad. Hoy no entra en ningún casillero. A pesar de la ley de medios hay monopolios que se mantienen en pie. El monopolio de silencio sobre el aparato represivo (actual) no está afectado por ninguna ley de medios.
Pero lo llamativo es que a los organismos de derechos humanos “este” joven no les interese. Este joven reventado por la federal no es motivo de denuncia. Por caso el portal de las Madres sólo habla de un Congreso de Salud Mental y de entrega de viviendas y …de si mismas. Sólo la Correpi levanta esta bandera y ocupa el lugar que en los 70 y 80 ocuparon los “organismos de DD HH”.
Aquí se puede rastrear la diferencia entre memoria e historia. La memoria que portan los vencidos para contrastar la historia de los vencedores, se esteriliza si se cierra sobre si misma. Si en lugar de servir para construir la historia, sirve para afincarse en los libros de historia. Si pasa de la calle al afiche.
La memoria sin causa es amontonamiento. Un sistema de gran capacidad de recambio como es el capitalismo (sistema que Marx sitúa alrededor de la mecancía, “el equivalente universal”) puede entregar cualquier cosa pero dislocada del conjunto: puede permitir (con malestar y resistencia es verdad) que juzguen a los represores del 70 si se los desconecta con los represores de la actualidad. Los 30 años que dejó pasar el peronismo para ejecutar estos juicios permiten esa operación: represores sexagenarios que no parecen vinculados con los secuestradores de Julio López, los asesinos de Kosteki o de Fuentealba. Mas que divide y reinarás la consigna es fragmenta, posterga y olvidarán.
Simultáneamente un politico que perdió en 18 meses el 30% de sus votos logra un record absoluto: tener que relevar tres funcionarios de una fuerza represiva que aún no comenzó a actuar. ¿Puede ser ese el enemigo fundamental?
O quizás habría que pensar que entre una policía que aún no existe y unos milicos que ya son historia no hay que olvidarse de unas fuerzas represivas que matan hoy y aquí. Y que gozam del impensable beneficio de no ser criticados ni por el peronismo Kirchnerista que les da las órdenes, ni por el peronismo Duhaldista que los tiene como eje de su tolerancia cero.
Un viejo elenco acompaña al poder. La patota sindical (nutrida por las barrabravas subsidiadas por la AFA), la policía y una nueva camada de milicos profesionales que ya aprendieron la elección del siglo XXI mirando a Honduras.
La policía sigue entrenándose con los jóvenes, mientras Néstor y Cristina compran almas secas.