No es posible un mundo mejor con referís bomberos, dice una de las canciones de La Guardia Hereje. Y con la vigencia del capitalismo: ¿es posible?
Todos los intentos parecen chocar con una fina pero indestructible pared interna: al aceptar su propia lógica cada actor que se opone a algún aspecto del sistema burgués se esteriliza a sí mismo. Un término fetiche para esa estrategia de supervivencia en un sistema despiadado es la palabra sustentable. ¿A quién se la aplicamos? A nuestro modo de vida o a los proyectos lucrativos?
El capital, como sistema de separación y abstracción, puede conceder casi todo, pero por partes. Esto significa que al contrario de las clásicas teorías marxistas, no hay un punto de no retorno en ninguna parcialidad. Ese es el significado de la palabra sistema y de la palabra totalidad: es un orden interconectado de alcance planetario regido por la acumulación y concentración de la riqueza social en su forma más abstracta: dinero.
La izquierda revolucionaria elaboró sus programas a partir de una falacia: confundir el límite humano del capital con el límite socioeconómico.
Trataré de ampliarlo: Marx se refirió repetidas veces al punto en que una forma social, ciertas relaciones de propiedad (por ejemplo la tenencia feudal de la tierra) se oponían al desarrollo social. En la versión clásica este límite se interpretó como imposibilidad de crecimiento económico, se le atribuía a la primera conflagración mundial la señal del límite final del progreso capitalista. Una gran destrucción a nivel internacional de recursos materiales y humanos. Y dos décadas más tardes otra guerra con mayor amplitud geográfica aún.
Sin embargo la riqueza mundial siguió creciendo, mal repartida pero innegablemente creciente. Además, a cada conquista rutilante de los trabajadores, el capitalismo respondía cediendo en parte para no ceder todo. La Revolución Rusa fue, primero, invadida. (Al igual que a Cuba y cada experiencia peligrosamente independiente) Luego de invadirla con ejércitos de todos los países “democráticos” y desangrarla durante dos años, la respuesta imperialista fue realizar concesiones a sus poblaciones. El estado de bienestar demostró que el capitalismo puede crecer y puede conceder. En referencia a esta plasticidad, los programas de los partidos socialistas revolucionarios padecen de una obsolescencia mayor que las mercancías burguesas. (Este comentario excluye a los partidos comunistas estalinistas de toda laya que desde el 35 hasta hoy han apostado a innumerables alianzas con los burgueses, encontrado aceptables tanto a Hitler del 39 al 41, como a Videla del 76 al 81). Esos programas hacían las siguientes afirmaciones: Sudáfrica no podrá salir del apartheid en los marcos del capitalismo…y pudo. Un Estado Palestino en Medio Oriente es inconcebible para el equilibrio geopolítico yanqui en la región…y se está construyendo. La Asamblea Constituyente es un non plus ultra pues plantea discutir el ordenamiento del país…las han convocado y usado en beneficio propio. Los rentistas de la tierra no pueden aceptar el impuesto a la tierra libre de mejoras….y han mejorado (vía siembra directa y agro tóxicos) todo, sus tierras, las de los campesinos y hasta lo que no era llanura sino monte.
Entonces ¿es posible un mundo mejor sin abolir el capital?
No. Pero la respuesta no depende de razonar en modo burgués sino, justamente en desarrollar un razonamiento que le escape. El capitalismo puede seguir aumentando el número de mercancías y la cantidad de riqueza acumulada en el planeta (riqueza como equivalente a productos del trabajo humano). Por esa razón resuena insistentemente el canto de sirena de las palabras crecimiento y consumo.
Lo que no puede es hacer que la vida humana sea más humana y menos mercantil, y garantizar la vida para una próxima generación. Dejemos de lado, por ahora, el primero de los impedimentos (el de permitir el despliegue de la subjetividad humana), tomemos el segundo y su vigencia.
El Perú tiene desde hace pocos meses un presidente de origen militar y de sesgo “nacionalista”, Ollanta Humala. Ni bien asumió hizo eso que se llama “enviar señales a los mercados”, que es necesario traducir literalmente como “pactar un plan de gobierno con los capitalistas explicitando que negocios van a crecer y cuáles no tanto”. Y los mercados (los burgueses) también responden con “señales”. En este caso la buena nueva es que dos mineras “La peruana Buenaventura y la estadounidense Newmont dieron este miércoles luz verde al proyecto de oro y cobre Minas Conga, que con una inversión de hasta US$4.800 millones es el primer gran plan minero aprobado tras la elección de Ollanta Humala como presidente (…) La gigantesca Minas Conga, ubicada en la norteña región de Cajamarca, producirá comercialmente entre 580.000 y 680.000 millones de onzas de oro en sus primeros cinco años, precisaron las empresas en comunicados por separado.(…) Minas Conga, en donde Buenaventura y Newmont invertirán entre US$4.000 millones y US$4.800 millones, tendría una vida útil de aproximadamente 19 años (…), detalló Buenaventura, la principal productora de metales preciosos del país sudamericano” El capital puede ofrecer (como se lee) crecimiento y riqueza en mercancías, pero “el proyecto Minas Conga destruirá y desaparecerá a la laguna El Perol, porque debajo de este recurso hídrico se encuentra el mineral que explotará la empresa” El vocero de la empresa “dejó entrever que no existe ninguna especie de plantas ni animales en la laguna El Perol, como queriendo indicar que este recurso hídrico no tiene ninguna importancia para la zona” No hace falta citar a los habitantes de la región o a especialistas independientes, sólo mirar las fotos.
Pero vale citar al maestro universitario Isidoro Sánchez Vega que señala que “la conservación de los acuíferos de la Jalca son indiscutibles. (…) Ello conserva biodiversidad y permite la vida en la Sierra: todo lo que pasa en la Sierra, pasa por los andes” y el Ingeniero Ludgerio Abanto Albarrán, refiere que “las implicancias potenciales sobre los cuerpos de agua superficial (…) es la perturbación exógena del agua superficial y subterránea que alimenta las principales vertientes de subcuencas y afloramientos de agua para consumo humano, consumo animal y riego agrícola. Sin contar los usuarios del área de influencia indirecta, que suman 3,789 en la subcuenca del río Chonta”.
Si eso pasa en Peú, en nuestro país, además del saqueo minero está el sojero. En este mismo año y misma época en Santa Rosa capital de La Pampa, se realizó una marcha de puesteros (campesinos) con posesión de décadas de sus campos que luchan contra los desalojos que se extienden junto con la frontera sojera, que empuja a su vez a la producción ganadera.
Una especie de conquista del oeste mucho más dramática incluso que “A la hora señalada” ya que carece alguna épica. Pero no carece de números: “En 2000 se sembraron en La Pampa 42.000 hectáreas con soja. En 2010, según datos oficiales de la provincia, fue el primer cultivo en extensión: 380 mil hectáreas, un crecimiento del 900 por ciento en una década, y sobrepasó a los cultivos históricos de la provincia (maíz y girasol). La agricultura corrió de su lugar a la ganadería, y ésta avanzó sobre los puesteros del oeste”, explica el Movimiento de Apoyo a la Lucha por la Tierra (Malut) Y si esto fuera poco, parece que desde el sur, las petroleras también mueven su frontera hacia el territorio pampeano.
Mientras los porteños lectores de Heidegger, repitiendo el gesto de su maestro, compatibilizan el sesudo análisis de “La pregunta por la técnica” con el apoyo al capitalismo en su variante desarrollista, otras voces boludean menos con el “Ser y tiempo” y nos muestran lo con el tiempo va dejar de ser.
Porque aún las alternativas capitalistas, justamente por ser capitalistas no son alternativas, ni soluciones. Como el uso de recursos vegetales en lugar de los fósiles. Un trabajo realizado por el grupo ETC dice: “Un aspecto de esta nueva economía de la biomasa, el de los agro-combustibles, ha sido ampliamente criticado, entre muchos otros problemas, porque se ha documentado que es el factor principal de aumento del precio de los alimentos. Con toda la gravedad que esto implica, es apenas la punta del iceberg de los impactos que tendría el aumento masivo de uso de la biomasa del planeta, para combustibles y otros usos industriales. Actualmente, 24 por ciento de la biomasa terrestre global está mercantilizada. En juego está la apropiación y mercantilización de 76 por ciento restante, aparte de la biomasa marina. Un factor clave para ello son los nuevos instrumentos tecnológicos, como la biología sintética, que está diseñando microorganismos sintéticos capaces de digerir celulosa en forma más eficiente (actualmente el proceso es costoso y gasta más energía de la que genera). Esto es clave para convertir virtualmente cualquier vegetal en la materia prima de nuevos polímeros que podrían usarse para combustibles, farmacéuticos, plásticos y muchas otras sustancias industriales. El potencial de ganancias es enorme y por ello los actores son las empresas más grandes del planeta: las principales trasnacionales de los agro negocios y plantaciones de árboles (Cargill, ADM, Bunge, Cosan, Stora Enso, Weyerhauser), grandes petroleras, químicas y farmacéuticas (BP, Shell, Total Oil, Chevron, Exxon, DuPont, Basf) junto a trasnacionales de biotecnología, nanotecnología y software (Monsanto, Syngenta, Amyris, Synthetic Genomics, Genencor, Novozymes) y otras. Dentro del término biomasa se incluyen desde bosques y arbustos a cultivos y algas, así como bagazos y restos de cosecha. O sea, toda materia vegetal cultivada o natural. Los que promueven estos nuevos usos de la biomasa, suelen poner el acento en el uso de restos y bagazos, como si fueran algo marginal, que no tiene ninguna utilidad, lo cual ignora por ejemplo, que son una de las pocas fuentes de devolución de materia orgánica y nutrientes a los suelos, cuya erosión es un gran problema. Además, pese a que dicen que usarán restos, lo cierto es que los emprendimientos actuales para producir plásticos y combustibles basados en biología sintética (ya en marcha en bio refinerías en Estados Unidos y Brasil con la participación de Amyris y otras empresas), se basan en el uso de plantaciones industriales de maíz y caña de azúcar. (…) Para empezar, ocultan que se trata de aumentar en forma exponencial las plantaciones industriales de monocultivos de árboles y otros, como piñón (jatropha), higuerilla (ricino), etcétera. Esto es una amenaza a la biodiversidad y disputa tierra, agua y nutrientes de los cultivos alimentarios, además de expulsar a los campesinos de sus territorios y empujarlos a abandonar sus cultivos tradicionales.
Además, aunque 24 por ciento de mercantilización de la biomasa nos pueda parecer poco, en realidad según datos del Global Footprint Network (que calcula la huella ecológica que dejan diferentes actividades en el planeta), ya hemos sobrepasado la capacidad de recuperación y renovación de la biomasa en su propio ritmo. Esto quiere decir, que al nivel actual y sin el aumento masivo de consumo de biomasa que se planea, ya se está disminuyendo la base natural. (…) Ahora se trata de que las empresas que han lucrado devastando el planeta con sus productos basados en el petróleo, se disponen a una nueva ola de apropiación masiva de naturaleza, biodiversidad, territorios y comunidades, llamando a esto sustentable” (Revista Sin Permiso – Silvia Ribeiro es investigadora del Grupo ETC. Los nuevos amos de la biomasa www.etcgroup.org/es/node/5253)
El capitalismo es eso esencialmente: separación, alienación. Todo sirve a otro, a otro lugar, a otro mercado, a otro tiempo. Y nos empobrecemos automáticamente aspirando siempre a eso otro (otro lugar, otro mercado, otro tiempo)
Pero para los defensores de este sistema tenemos una foto que nos muestra que ese otro lugar, otro mercado y otro tiempo ya está llegando: A disfrutarlo!!
