Un informe de la SIDE mencionado por La Nación el 25 de marzo de 1979, revelaba que sobre 1.697 municipios sólo 170, o sea el 10 por ciento, tenía intendentes militares; 649 intendentes, o sea el 38 por ciento, eran civiles sin militancia política. Los 878 intendentes restantes, es decir el 52 por ciento en todo el país, provenían de los partidos tradicionales, en esta proporción: Unión Cívica Radical, 310; Partido Justicialista y otros afines 192; Partido Demócrata Progresista, 109; Movimiento de Integración y Desarrollo, 94 ; Fuerza Federalista Popular, 78 ; Partido Demócrata Cristiano, 16; Partido Intransigente, 4.
“Los jueces convalidaron los hechos jurando por las “Actas del Proceso”. Se intervinieron desde sindicatos hasta empresas privadas, Universidades, escuelas instituciones deportivas, medios de comunicación, etc.. Ese sería el signo de los próximos 7 años: 30.000 desaparecidos, 15.000 fusilados, 8.900 presos políticos, 1.500.000 de exiliados, una economía destrozada, un pueblo empobrecido.
1975 llevó la firma de los Luder, los Cafiero, los Ruckauf, los Rico, los Balbín, los Yofré, los Alfonsín…. En el 2000 siguen enquistados en el gobierno. Es nuestro deber denunciarlos y nuestro compromiso combatirlos al grado de igualarlos con los genocidas” Página web de las Madres del 1 de junio de 2005
Las elecciones del 2011 trajeron un interesante punto de análisis si se logra articular números, supuestas cuestiones ideológicas, y declaraciones públicas.
En el corto lapso de 4 meses todos los partidos de la estructura tradicional de poder del sistema capitalista argentino, ganaron y perdieron en forma inapelable. Diferencias categóricas a favor de los oficialismos dieron pie a declaraciones esquizofrénicas de los políticos según el resultado los favoreciera o les resultara adverso. Pero lo más interesante es que tanto los partidarios del supuesto modelo como la oposición dicen lo mismo cuando ganan y se imitan mutuamente cuando pierden. Al ganar cada uno de los distritos le atribuyen el éxito a un respaldo explícito a un proyecto político antagónico al de los derrotados. El ganador interpreta el triunfo como un apoyo consciente a un programa de gobierno, que ha sido elegido en desmedro de la “otra” forma de hacer política. Durante el último mes y medio anterior a las primarias los resultados de Del Sel y Bonfatti en las candidaturas a gobernador de Santa Fe, de De la Sota en Córdoba y de Macri en la Capital dieron pie al anuncio del fin del modelo k, y el elogio a un electorado que buscaba alternativas al agotado modelo oficial por parte de la “oposición”. El oficialismo en esa seguidilla de derrotas, cortó cabezas y le echó la culpa a los medios y al electorado asqueroso. Luego en las apabullantes internas de Cristina, los mismos campos de batalla en la que había sido derrotada semanas antes fueron escenario de un rotundo triunfo. Ahora se llamaba voluntad popular, lo que había sido estupidez poco tiempo atrás. Sin hesitar, a esto lo califican de retorno de la política, a pesar que no ha habido la menor intención de cuestionamiento y duda sobre el significado de esta calesita. Para colmo, a días del categórico resultado en las internas, el vapuleado partido de Ricardito Alfonsín retiene la intendencia de la ciudad de Mendoza. Y, más llamativo, el Partido Demócrata retiene la de San Rafael.
Este raid por las elecciones provinciales e internas nos deja: el voto de baja calidad de Pino Solanas en Salta, el asco de los kirchneristas por los porteños, el desprecio de Biolcatti por los bonaerenses, el absurdo festejo de la izquierda por lograr después de 28 años un voto cada cuarenta emitidos (después de tres décadas de democracia, dos presidentes huidos antes de terminar el mandato y variados estallidos sociales).
Ningún político mostró coherencia entre los resultados y sus expresiones. Tampoco lo habían hecho antes en la conformación de las ofertas electorales: ¿porqué no pueden ir juntos los partidos de izquierda revolucionaria? ¿ni armar una forma democrática de solución del tacticismo electoral? ¿porqué Alfonsín rompió un acuerdo previo con el socialismo (que mantuvo en Santa Fe) y fue en cambio con De Narváez al que nunca había mencionado como cercano?. En cambio Pino Solanas armó una candidatura extraña y luego hizo afiches con su nombre y su cara desplazando a la candidata presidencial a ser su ladera y al vice a desaparecer. El gobierno ganó pero mantuvo sus sólidas alianzas menemistas, al punto que el único municipio en que no lo hizo fue porque Cariglino volvió solito con Duhalde, no porque lo echaron. Y al ser derrotados exponen un discurso mucho, pero mucho menos consistente que el de los participantes de Bailando por un sueño.
Y entonces la población elige un circo mejor armado, sin consecuencias para su vida cotidiana, con mujeres atractivas, incomparablemente más agradables a la vista que la gorda Carrió o la escuálida Argumedo. Con un sistema de competición que todos entienden y no unas internas para ratificar lo que ya fue arreglado entre gallos y medianoche. Con un jurado que demuestra, con su chifladura, que es todo una broma. ¿O alguien le cabe duda que son de mejor calidad las predicciones de Aschira, más coherentes, poéticas e inofensivas que las berretas, apocalípticas y elementales de Lilita Carrió?
Esta no es una argumentación basada en una analogía fácil. Lo que se ve es lo que hay. No esconde nada. No hay memoria ni argumentos (sólo la doble gimnasia del vituperio a los coyunturales rivales y el encomio a los ocasionales amigos).Si hay alguna diferencia está a favor del público de Tinelli y Susana, ellos saben lo artificial y teatral de lo que está en juego y juegan. No como los intelectuales k que creen que es posible que olvidemos que hacían los actuales integrantes del gobierno en los 90.
El político mercancía se distingue de los mencionados en aquel clásico análisis de Marx en La lucha de clases en Francia. En ese texto Marx iba desgranando el sucesivo pasaje de los dirigentes de cada fracción política al bando de la reacción, después de la revolución de 1848, a medida que los sectores representados por ellos obtenían satisfacción a sus intereses. Cada dirigente era el representante de una clase o fracción de clase. Hoy el político mercancía, el político pret-a–porter, es elaborado en serie y sirve para cualquier ocasión, está listo y disponible para ser usado en cada coyuntura.
El análisis de Marx de la representación de cada sector productivo, es fruto de una incompleta forma del desarrollo del capital. El capital es una máquina de abstraer, y en esa abstracción estimula su propio desarrollo acumulativo, pero el verdadero capitalista acumula capital, valores de cambios, y los sectores productivos son concretos, se distinguen con su uso. A una forma plenamente desarrollada del capitalismo como la actual, corresponden políticos mercancías, puramente definidos por su custodia de los valores mercantiles, con prescindencia de cualquier lazo concreto. Es la explicación de las rápidas reconversiones de los justicialistas monetaristas de los noventa en los justicialistas desarrollistas de esta década (se puede cambiar pero el oficialismo afirma no haber cambiado nunca, y esa es la verdad profunda).
Y la inteligencia popular capta el truco de Tinelli, tanto como el de los políticos: al primero le dice que mientras el juego sea simple, con cierto dramatismo, alguna novedad y un erotismo descafeinado ,lo mira y hasta se gasta unos pesos en el simulacro de participación de los sms, y a los políticos les dice que mientras el capitalismo les garantice que su entrega cotidiana al trabajo va a ser compensada con objetos, simples, con cierta dosis de dramatismo, alguna novedad y un patriotismo descafeinado, los vota (igualando así a los oficialismos del PRO en Capital, del PS en Santa Fe, de la UCR en Mendoza, del MPN en Neuquén o del FPV en Formosa, sin tomar en cuenta si mataron Tobas, maestros, pincharon teléfonos o cualquier otra inmoralidad)
Este estado de absoluta imprevisibilidad de las figuras provoca algo farandulesco en la política, la incertidumbre programática produce una sensación dramática que ya envidiaría más de un dramaturgo: nadie sabe ni puede anticipar el próximo paso de un político o un partido. Y esta indeterminación no es un ejemplo de la condición humana sino de la desconexión con esa misma condición. Por eso seguir la política diaria es estar en un estado de sobresalto y expectación. Pero esta espectacular puesta en escena es claramente antidemocrática. Un consultita cada 2 años no puede competir con la oferta de democracia vía sms que tiene constantemente la televisión.
Por eso lo llamativo no es el éxito de algunas figuras televisivas, sino la permanencia de los mismos elencos gobernantes de década en década.