“Yo pago mis impuestos y te pago el sueldo a vos”. “A mi que soy vecino y pago impuestos me hacen esperar y les dan turnos a los que vienen de otros municipios” ¿Quién no escuchó estas u otras pavadas inconsistentes con ínfulas de argumento racional en boca de algún papanatas pedante?
El vecino que dice que paga sus impuestos y por eso exige contraprestaciones, está convencido que aporta al estado como si pagara algunas de las cuotas que adeuda de su tarjeta, o la cuota de un club. Tan incorporada tiene la estructura burguesa de la mercancía que la traslada a cada aspecto de su vida. Pero hasta lo economistas burgueses se ven obligados a reconocer y atribuirle a los impuestos otras funciones, no solo solventar la provisión de bienes y servicios, sino también contribuir a la estabilidad económica y ajustar la distribución. En la lógica desplegada por ese vecino, la ruta que comunica dos pueblos de Formosa la tienen que solventar los pocos habitantes de esas localidades La ley de recibir por lo que pago en impuestos es inconsistente y peligrosa. Su efecto es destruir y concentrar: los habitantes del interior gracias a la aplicación de esa lógica, han abandonado las poblaciones pequeñas y se suman y suman a las grandes concentraciones urbanas, amenazando con su sola fantasmática presencia a los mismos que quieren retribución exacta por lo que pagan. La idea abstracta de lo justo suele ser injusta: recibir por lo que se paga es tan injusto como pagar todos por igual. En pocas palabras los impuestos no son ingenuos: aumentan o disminuyen la desigualdad, el sufrimiento y la destrucción de la solidaridad social. Son dos los principios vigentes en el diseño de los impuestos, el principio de beneficio y el de la capacidad de pago. Solidaridad o negocio, comunidad o sálvese quien pueda. Y conectado a estos principios se encuentra otro rasgo de la estructura de impuestos: si los impuestos, proporcionalmente, aumentan más que el aumento de la renta el sistema es progresivo, de lo contrario se los denomina regresivos. Si con cualquier excusa técnica (favorecer inversiones, mejorar el clima de negocios, esperar el derrame de la riqueza, etc.) los que tienen más no pagan proporcionalmente más, la estructura es regresiva. Aunque la denominación es equívoca, con esa estructura impositiva no “regresamos” hacia ninguna parte, avanzamos hacia la barbarie.
¿Quién paga? Estructura de la recaudación.
La estructura de los impuestos en una sociedad compleja es, obviamente, compleja, y los que más tienen la complican aún más con sus estratagemas para no pagar. No sucede lo mismo con los que menos tienen, en principio porque su evasión lejos de ser una maniobra destinada a negar su aporte a la construcción de la riqueza social es simplemente una estrategia de supervivencia, y en segundo lugar porque las exacciones impositivas a los menos pudientes se realizan en forma indirecta gravando sus actos de consumo (el omnipresente IVA) al cual es difícil evitar.
Los impuestos a los bienes y servicios (al contrario a los impuestos que gravan la propiedad de riqueza, estos gravan la producción y circulación de la misma) han venido creciendo a lo largo del tiempo en porcentaje del PIB. Estos son impulsados especialmente por el impuesto al valor agregado el cual luego de recaudar 3,8% del PIB en 1991 y 5,7% del PIB en 2001 ascendió hasta7,8% del PIB en 2007. Si se suman los ingresos por impuestos a bienes y servicios se observa que su participación osciló en el período analizado entre el 40% y el 50% del total de los recursos tributarios. Los famosos derechos de exportación, que tanto han dado que hablar en el conflicto con las patronales agropecuarias, si bien son clave por otros motivos, representaron en 2007 sólo un 11,6% del total recaudado. En resumen los impuestos directos –incluyendo a los derechos de exportación y los créditos y débitos en cuenta corriente además de renta y propiedad- representan un 38,3% del total de los recursos tributarios, mientras que los indirectos –bienes y servicios, importaciones y otros- representan un 46,3%. La mayor parte de la recaudación en términos porcentuales afecta al total de la población, los impuestos a los que juntan con pala son menores. Mientras que la progresividad de los derechos de exportación inciden sobre los sectores de la sociedad que se encuentran en los deciles superiores de ingreso y al mismo tiempo impiden que aumente el precio de la canasta de consumo masivo, logrando un efecto positivo en la distribución del ingreso, los impuestos a los bienes y servicios afectan a los deciles inferiores, aumentan los precios y tienen carácter regresivo.
O sea que los impuestos con los que el estado recauda sus ingresos afectan de manera fundamental a los que menos tienen y producen, y en forma menor a los que tienen mucho. La expresión “yo pago mis impuestos” cuyo contenido implícito es “y otros no” es técnicamente ignorante y moralmente reprobable.
Y eso no es todo, porque además el impuesto al que se refieren los vecinos, es el impuesto que recauda cada municipio: el ABL. Que, su nombre es transparente, se llama “alumbrado, barrido y limpieza”. Las responsabilidades de un municipio son, básicamente, esas. Que hoy la salud y la educación sean responsabilidad municipal es en gran parte, el fruto de un proceso relativamente reciente (desde hace un cuarto de siglo): la descentralización y su correlato necesario: la coparticipación.
Esta descentralización coincidió con un proceso genérico del estado capitalista de desentenderse de la producción de subjetividades en forma directa. Notoriamente, lo que se presentaba como un acercamiento del poder decisorio a la sociedad era, efectivamente como ya veremos, el acercamiento de innúmeros problemas de recursos, y el cercamiento de la capacidad decisoria mediante mecanismos centralizados de asignación de los recursos. El estado nacional se desvinculó de la salud y la educación, y las transfirió a las provincias, y estas a su vez, en gran parte, hicieron lo mismo hacia los municipios. En un largo proceso que incluyó mancomunadamente a todos los políticos burgueses (tanto de la UCR como del PJ) y que ninguno está interesado en revertir, y, como veremos, ni siquiera en corregir.
Como se ha dicho, en tanto vecino, o sea basados en el domicilio, el impuesto municipal es claro en su denominación: ABL. Alumbrado, barrido y limpieza. Lo que pagan los vecinos como impuesto vecinal (por su domicilio) tendría como principal destino alguna empresa privada en la que cada municipio terceriza esas tareas. Y el mantenimiento de la estructura municipal. Con los impuestos municipales apenas se solventan poco más del 50% de los gastos promedio de un municipio de la provincia de Buenos Aires. A partir de la descentralización mencionada de los servicios de salud y educación en las últimas décadas del siglo XX hubo importantes variaciones.
Nuevos gastos fueron agregados al presupuesto y se solventan con recursos que recauda el estado nacional, y en parte el provincial. Y llegamos a la palabra clave: coparticipación.
O sea que estas funciones, que no eran municipales, son costeadas con recursos no municipales en proporciones variables pero siempre determinantes. De allí la tontera de la relación entre impuesto municipal y servicios descentralizados.
La salud que fue trasladándose desde las esferas nacional y provincial a la municipal se solventa en un porcentaje variable pero, en promedio, los municipios sostienen más del 40% del total de sus gastos en fondos de la coparticipación, (y el 70% si nos referimos a los gastos de salud). Esos fondos, como se ha explicitado, son obtenidos por el estado a través de una estructura de recaudación regresiva, y en realidad muy distinta de la que podemos suponer si atendemos a las quejas sobre la presión fiscal de las clases acomodadas. Algo del tero, que pone los huevos en un lugar y grita en otro se percibe cuando abrimos el capitulo impuestos y escuchamos a quienes se quejan.
¿Como se distribuye lo que pagan los pobres? Contra ellos. El estado nacional no acercó la decisión a la población sino el problema. Mantiene no sólo la recaudación, sino que también ha establecido los mecanismos para la atribución de esos recursos. Asignó los problemas y se reservó las soluciones. Gran parte del monto coparticipable se distribuye según el “factor salud” El 37% de la coparticipación se otorga en función de los recursos sanitarios. De acuerdo a la Ley provincial 10559 de 1989 (gobierno del actual partido gobernante), el mecanismo que se aplica para asignar la coparticipación (devolutiva) de los gastos en salud es: 35% en proporción directa al número de camas, perfil de complejidad y porcentaje ocupacional de camas de los establecimientos con internación, 10% en proporción directa al número de egresos registrados en los establecimientos con internación, 20% en proporción directa al número de pacientes-días registrados en los establecimientos con internación, 25% en proporción directa al número de consultas médicas registradas en los establecimientos –con o sin internación, 10% en forma proporcional al número de establecimientos sin internación en cada partido. Queda claro que la internación y la alta complejidad contribuye en un porcentaje entre el 65% y el 90% a la obtención de fondos. Pero detengámonos un segundo en la excusa esgrimida para descentralización: acercar el nivel de decisión a la sociedad. Pues bien, en la provincia de Buenos Aires existe un primer nivel de atención compuesto por 1.676 centros de salud, de los cuales casi la totalidad (1.654) son municipales, al tiempo que el segundo nivel de atención dispone de 335 establecimientos hospitalarios que dependen de diferentes jurisdicciones. Ese primer nivel de atención ofrece en el Gran Buenos Aires una característica distintiva que cada habitante conoce perfectamente en su barrio, surgió por iniciativa de organizaciones sociales comunitarias (sociedades de fomento) que obtuvieron recursos de los gobiernos municipales y que fueron progresivamente ganando carácter estatal. Hablando en criollo, el primer nivel de atención en salud es una construcción-demanda colectiva de la que paulatinamente se han hecho cargo las instancias estatales, mientras que la extensión perpetua de la complejidad es una apuesta centralizada del estado en detrimento de la prevención, la autonomía y la accesibilidad. Y en directa relación con los intereses del complejo sanitario-farmacéutico. La ley que rige la coparticipación en salud apunta a los negocios y no a la salud.
Un caso testigo, Malvinas Argentinas, ha diseñado una estrategia destinada a captar fondos coparticipables. Y lo hizo con una decisión y consecuencia notables. De modo que desde hace años viene aumentando los fondos que obtiene en forma sustantiva, apostando a la complejidad y la internación. El dato relevante por antonomasia que debemos interpretar es que el municipio que de acuerdo a la modalidad prevista, mejor hizo las cosas no ha logrado revertir su tasa de mortalidad infantil en mayor grado que los demás sino por el contrario en forma casi insignificante (del 2001 al 2005 Malvinas Argentinas incrementó los ingresos coparticipables por salud en un 350% y la mortalidad infantil se redujo levemente del 16,9 por mil al 15,8 por mil)
Es inevitable ante este desfalco a la salud de las poblaciones mencionar dos realidades: una se llama Cuba, con una salud inversa a la diseñada por los peronistas y radicales y la tasa históricamente más baja de mortalidad infantil de nuestra América (4,5 por mil). La otra es la hipocresía de arrancarse las mechas cuando un psicópata mata a UN nene y tolerar, apoyar y votar a los responsables de un sistema que no utiliza el dinero para salvar otras muertes infantiles evitables. Melodrama no es sensibilidad social.
No se puede obviar que para esto fue necesario connivencia política y gremial. Política para poder desplegar el gasto de infraestructura en esa dirección y gremial para lograr formas espurias de contratación de personal, ya que la modalidad devolutiva significa primero hacer y luego reclamar el reintegro de los fondos.
En uno de las últimas entrevistas de su vida, Federico García Lorca dijo que: “El chino bueno está más cerca de mí que el español malo. Canto a España y la siento hasta la médula, pero antes que esto soy hombre del mundo y hermano de todos. (…) En este mundo siempre soy y seré partidario de los pobres.
Una de las pocas sorpresas de las elecciones del 23 de octubre, fue la derrota del FPV en Malvinas Argentinas, a manos del intendente duhaldista Cariglino, que obtuvo un porcentaje similar en su distrito al que obtuvo el FPV en el país. Esa estructura sanitaria que no revirtió sus magros indicadores a pesar de recibir dinero a raudales del estado nacional-provincial K, fue sostenida durante 8 años, hasta que el intendente se les dio vuelta, porque para el peronismo la sentencia lorquiana se formula invertida: están más cerca del peronista malo que del no peronista bueno. Ahora llegará la hora de los lamentos por la traición, pero no la reflexión sobre quien paga los impuestos, como se distribuyen y porqué un municipio k tenía esas tasas de mortalidad infantil que cuadruplican las de la bloqueada Cuba. Esas son las preguntas con las que los que pagamos los impuestos (o sea todos y sobre todo los más pobres) deberíamos interpelar a los políticos.
diciembre 26, 2011
La peor enfermedad, la distribución de los impuestos.
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