Memoria y traición
La memoria es eso que elegimos quedarnos de todo lo que se pierde. Solamente así funciona. De Freud y Funes a esta parte los argentinos sabemos que la memoria elije. O sea que nosotros elegimos.
En una semana tan poblada por la palabra traición no está de más recordar (hacer memoria) sobre algunas lealtades que se han mostrado indeclinables en estos últimos meses.
Recordar, por ejemplo, que el matrimonio Kirchner llegó a la candidatura presidencial, la primera vez, de la mano, perdón del dedo de Duhalde, Ni hubo ni pidieron internas en el PJ. Primero porque sus chances en ese momento (gobernador menemista de una despoblada provincia patagónica) era nulas ante otros gobernadores o políticos mas populares, y además, porque en su partido el dirigente más carismático, aún en el 2003, era…..Carlos Saúl Menem. Menem sólo podía ser desplazado por un acuerdo de todos los sectores del peronismo, pero esos sectores no consideraban a Kirchner una alternativa. De hecho la elección la ganó en primera vuelta Carlos Saúl con casi el 25% de los votos y detrás de él se ubicó Kirchner con el 22%. Si hubiera habido interna el candidato de todos era Menem, si hubiera habido ley de lemas, el presidente era Menem.
Su ex vicepresidente y gobernador de BA, junto con sus “inventos” Reuteman y Palito, intentaron la traición para destronarlo. Algo pasó y se apoyaron en K que para esa época no era Néstor sino el “pollo” de Duhalde. Un poco de memoria.
En los meses siguientes el matrimonio Kirchner mostró un fervor maníaco que no se le había conocido en tiempo de la dictadura ni del menemismo, para armar su tinglado político, compró amenazó, y en menor medida negoció. Al tiempo desafió a su mentor en las candidaturas senatoriales, rompió el partido que no rompió en el 89 (cuando los indultos y las privatizaciones), arrastró punteros e intendentes y envió a Duhalde a un ostracismo involuntario.
Así llegó: por arriba, con el movimiento de masas maniatado. Para el Kirchnerismo, y sus intelectuales orgánicos y aleatorios, imagen es equivalente a movilización.
Arrancando de una situación tan desastrosa como la de su primer amor (Menem) Kirchner sabía que desde ese abismo se experimenta una sensible mejora. En estadística se lo denomina año base, de acuerdo a donde elijo pararme para medi, los resultados cambian. Menem y los Kirchner sabían que si usan como criterio el año1989 y el 2002 es difícil empeorar esa perfomance. El secreto consiste en la memoria, que no elija recordar y retener que hacían ambos antes de cada debacle y como contribuyeron a generarla.
El sistema al matrimonio K le vino funcionando mientras se trataba de imagen y acuerdos de cúpula, de comprar voluntades y patotear opositores. El problema es que este año se fracturó en el frente burgués y el ala agro exportadora tiene mas oficio que ellos. Con el pulso de un neurocirujano, los patrones del campo aglutinaron a otros sectores disconformes, y llevaron a los K al congreso de las narices.
¿Pero que podían hacer? Para los K movilizar es llamar a D´elía y Moreno. Tomar medidas es amenazar con la ley de desasbastecimiento. Ni siquiera propusieron aumentarles los salarios a los peones rurales.
A K lo que lo traicionó es espíritu de clase. Alguien que declara en blanco 5 millones de dólares le teme más a la pobres en la calle (no para escucharlo sino para “redistruibuir”) que a una derrota en el senado. Lealtad al lucro y la desmovilización popular.
Todos saben que Cobos no traicionó ni fuel leal, así es la política burguesa, lo único que no se traiciona es la rentabilidad. Raros en cambio son los intelectuales que hablen de un gobierno que no es el que es, sino el que quieren que sea, y así logran tener a quien apoyar y exigir.
Esos intelectuales también tienen memoria, claro. Pero otra, en todo caso una que no olvida que han llegado a tener su preponderancia en esta Argentina, y no en una más equitativa. Una memoria a lo Sábato.