Siempre quise escribir esto. Harto de escuchar a periodistas deportivos que si no dicen la pavada que el patrón necesita para dejar satisfechos a sus avisadores pierden el trabajo, siempre quise escribir sobre el mejor fútbol del planeta.
Dice Marx en las primeras páginas del Capital que para establecer la relación entre objetos de propiedades disímiles hay que “reducirlas a un algo común” (El capital, K. Marx, Libro 1, Sección Primera, Capitulo 1). De esta manera logra explicar el valor de cambio a través de lo común de distintas mercancías: ser fruto del trabajo humano.
Las comparaciones, además de odiosas, pueden ser caprichosas y estúpidas sí no se realizan con ciertas precauciones metodológicas. Trataré, por lo tanto, de utilizar este método marxista para comenzar este comentario ya que se trata de comparar el fútbol europeo y el sudamericano.
No hace falta ser muy erudito en torneos futbolísticos para encontrar ese algo común: el fútbol europeo y el sudamericano tienen en común una serie de torneos en los que se encuentran selecciones y equipos (los mejores) de cada uno de los continentes para demostrar, futbolísticamente, quienes son los mejores. Lo demás es cuestión de gustos.
El más antiguo de esos torneos es el que se disputa en los Juegos Olímpicos, desde 1900. En ellos Europa tienen una superioridad de 19 a 4, la mayoría de esos torneos (10) ganados por los países de Europa del este en la época de la guerra fría cuando no competían equipos con profesionales. Este torneo “ecuménico”, nunca se jugó en Sudamérica, mientras que Europa organizó más de la mitad de los Juegos en su continente.
El siguiente torneo que se comenzó a disputar para medir capacidades y virtudes, es el campeonato Mundial de Fútbol. En el mundial de mayores la situación es de una paridad de 9 a 9 entre Europa y Sudamérica. Cabe aclarar nuevamente que Europa organizó 10 de los mundiales y Sudamérica 4 (entre ellos el único en que la sede fue elegida por méritos deportivos: Uruguay 1930, por ser los charrúas campeones olímpicos en 1924 y 1928). Europa nunca ganó fuera de su continente, pero suele ganar con jugadores sudamericanos (los argentinos Monti, Guaita, Orsi y Camoranesi, fueron campeones con Italia en 1934, 1938 y 2006, Trezeguet fue campeón con Francia en 1998), Vale la pena mencionar que para sumar equipos en cada mundial (casi la mitad de los equipos que juegan un mundial son europeos) participan en las eliminatorias “países” como Islas Faroe (¿A que no sabía que existía ese país?) o Israel y Turquía, que son asiáticos, pero suman.
El siguiente torneo en que se enfrentaron ambos continentes fue de clubes: la Copa Intercontinental. Se jugó desde 1960 hasta el 2004, primero con partidos de ida y vuelta en Europa y Sudamérica y luego en Japón (a 12 horas de diferencia de Sudamérica y 9 ó menos de Europa). Aquí la supremacía es sudamericana 22 a 21. A pesar que los clubes de Europa desmantelan sistemáticamente a los campeones sudamericanos, aún así la supremacía es sudaca. En mundiales de clubes (los que disputaban la intercontinental mas los clubes campeones de Asia, Centro y Norteamérica, África. Oceanía y el campeón de Japón porque pone la plata) también hay supremacía sudamericana por 3 a 2.
En mundiales para menores de 21 la ventaja ya es notoria a favor de Sudamérica 10 a 6, a pesar que organizó sólo 2 de esos mundiales, Europa jugó 6 en sus canchas (el resto, 2 África, 5 Asia 2 Oceanía y 2 Norteamérica), En cambio en los mundiales para menores de 17 la supremacía no es sudamericana…porque es de África que ganó 5, luego por supuesto Sudamérica aventaja a Europa por 3 a 2. Y también de estos torneos Europa organizó más que Sudamérica (3 a 2)
El otro torneo de selecciones oficial que enfrenta a selecciones de ambos continentes es la Copa Confederaciones (campeones de las Confederaciones continentales, más el último campeón mundial) registra un desequilibrio a favor de Sudamérica de 4 a 3, y su antecesora, la Copa Artemio Franchi, está igualada 1 a 1.
En resumen: las grandes virtudes del fútbol europeo son económicas y de marquetín: se las arreglan para organizar los campeonatos en su territorio, tener más árbitros, más hinchas, más países clasificados, son muy habilidosos para hacer jugar….. a sudamericanos en selecciones europeas. Son muy veloces…para impedir o complicar la participación de sudamericanos en las selecciones. El único torneo en que aventajan a Sudamérica es porque en varios JJ 00 los sudamericanos no participaron o participaban con juveniles.
¿Además de mostrar que, a pesar de su pomposo nombre, el Instituto de Estadísticas e Historia de la FIFA es absolutamente tendencioso y nada serio, para que sirve todo esto?
Para situar al fútbol como lo que es: un juego, que a veces es espectacular, o sea digno de ser admirado como un espectáculo. Por eso sólo el hincha entiende de fútbol, porque no hay neutralidad en el juego. La belleza del juego es una invención del mundo que rodea al fútbol, pero no un destilado del juego mismo. El juego premia y valora la eficacia. Por eso existe el término tribunero: porque hay jugadores que juegan para los de afuera, son vedettes, no jugadores. El hincha no ve un espectáculo sino un juego. Es la diferencia entre un partido de los globertrotters y la final de los JJOO: Hay que ganar. Nadie impide la perfomance de un artista, sino el mismo. El juego incluye a otros, a los rivales. Sortear su oposición y lograr tantos es el alma del juego. La valoración del juego no puede ser abstracta sino práctica: jugar bien es jugar de manera que haya más posibilidades de ganar, que para eso están en la cancha. Y en fútbol, los sudamericanos juegan mejor que los europeos, simplemente porque desde la flaqueza institucional y económica logran marcar más goles y llevarse más títulos.
Y lo hacen en una combinación particular de pase y gambeta, en función del resultado y no del espectáculo. Este fútbol “lento”, de pases cortos y largos, de gambetas enredadas, de jugadores que actúan como Alfredo Alcón, marcan con fiereza y siguen (algunos) pensando que fútbol es jugar a la pelota, o sea tenerla y no regalarse al contrario. Ese futbol no se puede apreciar por totalmente por televisión porque requiere de la visión total del juego: de los compañeros que esperan el pase, de los que arrastran la marca, de los que cortinan a los contrarios. De la misma manera que la televisión muestra a veces al que llega a pegar la patada y no que ese tipo esta ahí sacrificándose y comiéndose una tarjeta precisamente por sus virtudes: relevo, ubicación, solidaridad. La televisión desconecta al que la tiene que recuperar del tarado que la perdió. Muchas críticas al colombiano Vargas son hechas por periodistas que ven el fútbol por televisión. De la misma manera que muchas veces se piensa que Riquelme juega hacia los laterales porque si, y no porque el delantero se quedó en orsay y dársela es regalarle la pelota a los contrarios y mandar en cana al nueve
El espectáculo exige acrobacia, el juego eficacia. Es la oposición entre la chilena o el pase: la verdadera belleza de este juego no esta en una acrobática pirueta, sino en la simpleza del pase que desarma los rivales. Quizás la mejor jugada de Pelé haya sido ese pase simple, limpio, perfecto como el movimiento de un cirujano, en la final del Mundial del 70 para darle, con una caricia, la pelota a Carlos Alberto para que haga el cuarto y último gol.
El fútbol es enfrentamiento de equipos y el pase que es lo que agrupa al equipo, el pase es la materia fundamental del fútbol. El pase es escondido por la gambeta, o la gambeta es improductiva. Repito: el pase es la materia fundamental del fútbol. Por eso se gambetea para poder dar mejor un pase o se gambetea al pedo. Y por eso los arqueros tienen que ser jugadores, pasadores, que pueden tocarla con las manos. Y no ser “el que ataja”, porque entonces se desarticula del equipo.
Y además al fútbol se juega con el cuerpo, no con un holograma que ven los espectadores, sino con una masa de carne y huesos que tiene sustancia, volumen y peso. La rispidez, es un recurso futbolístico. Para jugar no sólo hay que ser hábil, hay que ser duro en igual medida. De lo contrario convienen los deportes donde los cuerpos no entran en contacto, como el tenis o el golf.
Que el fútbol se juega para hacer goles, con los compañeros y utilizando la masa corporal implica consecuencias que no convienen a los que viven del negocio del fútbol. Por más habilidad que tenga un jugador, hasta en el caso de Maradona, no posee, a la vez mas que dos piernas, un torso, etc, y un cuerpo que oscila en talla y peso dentro de valores muy acotados. Cualquiera se da cuenta que el valor de la transferencia de un jugador no depende de su rendimiento en la cancha sino de su rendimiento en el mercado: venta de camisetas, contratos comerciales, etc. Decir que el fútbol es un juego que consiste en hacer más goles que el rival lleva a cuestionar los sueldos de los profesionales del fútbol. Periodistas, empresarios, dirigentes, jugadores: ¿A cambio de qué reciben sus ingresos? Si “todo se emparejó” como dicen, que lógica tiene que los sueldos, primas y transferencias lleguen a niveles delirantes. Ninguna lógica. No hay esa diferencia entre el los jugadores en su rendimiento, simplemente porque el cuerpo nos iguala a la hora de jugar, acota las distancias a un tamaño real que el capitalismo niega con sus diferencias sociales.
Porque al fin y al cabo, el fútbol no da revancha. Está la muerte, del partido y de cada uno. Mientras estemos vivos podremos jugar otro partido pero ese ya se jugó. Y en 90 minutos ocurre tan poco que la lógica queda en suspenso. Es la tierra de los milagros. La maravilla del fútbol es su pobreza de goles. Por eso a la extraña característica de jugar con la parte menos hábil del cuerpo se le suman las dimensiones del campo de juego. Si hubiera muchos goles, habría una correspondencia casi matemática entre capacidad técnica y resultado. La improductividad de la mayoría de las jugadas es lo que permite soñar. Por eso en un juego de muchos puntos las estadísticas pesan realmente (o sea predicen) y en el fútbol son folclóricas. Pasa muy poco pero cuando pasa algo es una verdadera maravilla: el gol. El cero a cero es un resultado que hay que quebrar dificultosamente, impidiendo ala vez que el afán de hacerlo provoque el efecto inverso: la caída del arco propio.
El fútbol es finalmente un espacio de detención, de allí el valor de Riquelme, el “lento”. Si los jugadores se apresuran: ¿Hay más goles por partido o más partidos ganados? Lo crucial del juego es no perder la pelota, porque de allí surgen las posibilidades de hacer goles. Y la pelota no se cuida con frenesí sino con sorpresa, variación, diferencia: allí donde, parafraseando a Panzeri, aparece la dinámica de lo impensado. Y lo más impensado no es correr, sino dar un pase que nadie espera a un jugador que nadie está marcando. Por eso la Libertadores numero cincuenta volvió a Argentina: porque Verón puso en el Mineirao un pase que nadie esperaba a un jugador que nadie marcaba y Cellay tiró el centro para el empate. Una o dos jugadas de esas se pueden urdir por partido, nada más, porque no se puede sorprender constantemente, eso no es sorpresa sino costumbre, hábito. Una o dos por partido, pero valen la gloria.