Cochinaesperanza’s Weblog

mayo 1, 2017

Ahora el 1° de mayo no es como los del siglo XX

Filed under: General — cochinaesperanza @ 4:23 am

Cuando el movimiento obrero decidió establecer el primero de mayo como día internacional de lucha el mundo era muy distinto. En un océano de oprimidos, los asalariados constituíamos una paradoja: una minoría con el único programa para la liberación humana. Los otros sectores explotados y oprimidos (pequeños comerciantes, profesionales liberales, campesinos, etc.) proponían soluciones particulares a su situación. Durante más de un siglo el 1° de mayo fue la fecha en que la clase trabajadora exponía su unidad y su rojo programa al conjunto de los oprimidos, proponiendo su liderazgo en la lucha y su programa hacia el futuro.

Si bien el mercado mundial existía y las relaciones predominantes eran capitalistas, eso no significó automáticamente que la mayoría de la humanidad estuviera ya bajo relaciones asalariadas. De tal manera que el siglo XX fue el siglo en el que los trabajadores buscaron denodadamente la solución al problema de las alianzas y los frentes de los explotados y oprimidos. El bolchevismo encontró una respuesta adecuada (adecuada porque cuajó en la revolución de Octubre, medida real del acierto revolucionario) Fue la respuesta concreta a la situación concreta de la Rusia de 1917, un avanzado núcleo obrero en un mar de aspirantes a campesinos. Hoy podemos ver que cada tradición revolucionaria es la extensión más o menos feliz de la solución exitosa en un caso concreto a esta dificultad ¿cómo hacer la revolución obrera y socialista con masas explotadas pero no asalariadas? A esto responden el trosquismo (revolución permanente) y el estalinismo (revolución por etapas), el maoísmo (guerra popular prolongada del campo a la ciudad) y el guevarismo (el foco revolucionario), y cada tradición de izquierda propuso una solución a esta pregunta ¿Cómo y con quién hacer la revolución?

Esta pregunta fue respondida también, no podía ser de otra manera, por quienes no querían ninguna revolución. La respuesta se llama reformismo, y en nuestro país la encarna el peronismo. La respuesta es que la clase trabajadora no debe encabezar ninguna transformación (la “columna vertebral del movimiento” no piensa, lo sabe cualquiera por poco que haya estudiado anatomía) y su salida es inversa: ahora (y no se sabe hasta cuándo) los asalariados deben unirse a un sector de la patronal, el más débil e ineficiente, para luego, si esos parásitos llegaran a crecer, enfrentarlos.

El final del siglo XX mostró el agotamiento definitivo de las experiencias revolucionarias que no lograron ni en la oleada del 20 ni en la del 70 extender la revolución a escala internacional. Y también la superación definitiva de esa multiplicidad de capas y clases oprimidas y explotadas. No porque no existan de manera absoluta, sino porque la revolución de la tecnificación agraria invirtió esa dificultosa conformación social que era la tarea de los revolucionarios del siglo XX. Hoy el proletariado es mayoría absoluta y relativa de la población mundial y es, además, una masa asalariada urbana.

Entonces las tareas son otras, y las dificultades también. No se trata de hacer alianzas con aliados que primero habría que hacer existir. Sino de combatir en el plano político a esos fantasmas para lograr la tarea de la hora: la unidad de la clase trabajadora tras su programa general: el socialismo. Se trata de unir a las masas que la tecnología expulsa de la producción (mientras su producción y productividad crece), a esas contenidas en trabajos y formas de reproducción degradas, a esos que se encuentran dentro del trabajo productivo, en negro o registrado, a esos que aún creen que no son asalariados porque persisten en su mente los reflejos de un pasado que parecía venturoso. Se trata, ya no de la unidad de las clases expoliadas con su principal vocero, los asalariados, sino de la unidad de todos los que objetiva y directamente comparten una única solución: la apropiación del poder estatal para la socialización de los medios productivos.

Cómo la tarea no es la unidad de diversas clases, sino la unidad de la propia clase, la pícara burguesía (que no por nada lleva varios siglos dirigiendo el mundo) se anticipa a trabajar en su contra: apostando a las identidades y oposiciones. Los proletarios y subocupados rurales son campesinos o indígenas, los desocupados o subocupados urbanos son choriplaneros, los trabajadores registrados son privilegiados sin solidaridad, los trabajadores que nacieron en otra latitud son bolitas, paraguas, chilotes, tal como nosotros somos sudacas para los gallegos que son africanos para los alemanes, o promover la identidad villera contra la piquetera, y así se trata de avivar la grieta entre trabajadores, que evite la visión de esa otra, la única grieta objetiva y verdadera: la que une de un lado a todos los trabajadores de cualquier lugar del mundo (comenzando por los que estamos en nuestro país) y todos los explotadores del otro, sin distinciones, ni detalles menores. Por eso este primero de mayo y los que vengan son distintos. Porque para estas reuniones tenemos una tarea. Prepararlas haciendo sentir a todos que es un encuentro en su propia casa. Esta es la casa en que debemos proponernos habitar: la unidad de todos los trabajadores tras el programa que excluye a los parásitos de la organización y los privilegios de la sociedad, el socialismo.

abril 19, 2017

Socialismo o barbarie y barra bravas

Filed under: General — cochinaesperanza @ 4:17 pm

 

El asesinato de Emanuel Balbo en una cancha durante el clásico cordobés entre Belgrano y Talleres fue una muestra de barbarie. Una barbarie paradójica ya que aunque sistemática se supone excepcional. Es decir, aunque es notorio que es una más de las afrentas a la vida que este sistema produce se la piensa como una excrecencia, una particularidad. Se piensa que no debería haber ocurrido. Y no que ocurren una y otra vez con una regularidad perentoria. En el peor de los casos se le adjudica a una suerte de responsabilidad individual agregada (“todos somos responsables, tenemos que cambiar nuestra manera de pensar, de sentir, de actuar”)

El fútbol es un negocio de alta visibilidad, de allí la predilección de ciertas figuras con aspiraciones políticas por vinculares a él. El fútbol argentino es además, como todo negocio pequeño en la escala internacional, inviable. Sus costos exceden sus ganancias, hay demasiados participantes y pocos ingresos para repartir. Seguramente esto se ve opacado por los montos que se mencionan a diario, pero la cuestión no son los montos en abstracto sino la  posibilidad de obtener ganancias. Desde su globalización por medio de la televisación, el fútbol mundial es un negocio de una escala inalcanzable para el deporte argentino. La forma visible de esta desproporción es que un buen jugador de medio pelo juega en nuestro país-mercado no más de seis meses y “debe” ser vendido al exterior.

Este negocio en crisis genera expresiones decadentes en todos los estratos. Basta ver la dirigencia y sus idas y vueltas para comprenderlo. Y esa dirigencia decadente se rodea, necesariamente de todas las excrecencias sociales que la sociedad provee: barras bravas aptos todo servicio, intermediarios coimeros, operativos policiales inflados, botineras, etc.

En ese submundo descompuesto de una sociedad degradada es que los barrabravas han ido aumentando su participación accionaria: por un lado reclamando porciones mayores de una torta que aunque insuficiente se agranda, por otro siendo una de las piezas claves en las estrategias de los políticos dirigentes que los utilizan tanto dentro como fuera del ámbito deportivo.

Así como los femicidios no son obras de locos aislados sino expresión de la barbarie capitalista vehiculizando lo peor del machismo y el patriarcado, los barras bravas vehiculizan lo peor de este negocio enfermo.

Lo que une a todos estos actores sociales es el privilegio. Ellos son creaciones necesarias de un sistema cuyo norte es el lucro privado. Cualquier solución que no implique la modificación de base de las condiciones que han engendrado esta situación es puro sentido común burgués, apelación al individuo para solucionar problemas sociales.

De la misma manera que lo es plantear medidas concretas pero de una radicalidad imposible en este sistema, sin machacar con la gran cuestión: si podemos demostrar que todas estas lacras son productos del capital, el enemigo es el capital. En la Izquierda Diario se propone: “La muerte de Emanuel Balbo y una crítica al sentido común sobre las barras bravas” y se concluye “No hay solución inmediata, pero sí una apuesta a largo plazo: la lucha contra la impunidad y la represión (gatillo fácil, impunidad de los genocidas de la dictadura, muchos de los que aún están en funciones); contra la burocracia sindical (que en incontables casos “forma” cuadros reclutados en las barras); contra la casta de funcionarios y personal político que hace uso del “trabajo extra” de los barras; esa lucha de conjunto debilita el entramado que permite que -ante una posibilidad de venganza personal- un barrabrava pueda encontrar en una tribuna el escenario ideal para sus tropelías” (LID 18/4/17)

Si la apuesta es de largo plazo, si no se trata de impostar un parche, si se trata de enfrentar a los poderes y aliados del estado burgués (la policía del gatillo fácil, la burocracia sindical, los políticos) entonces estamos hablando, o deberíamos hacerlo, de socialismo. De no hacerlo estamos semidiciendo la verdad (sin decir que todo eso requiere una sociedad nueva) o prometiendo lo imposible (reformar al capitalismo con medidas democratizadoras)  Por otro lado lo que tenemos que desterrar (el individualismo y la confianza en la sociedad basada en la acumulación) y lo que tenemos que lograr (la perspectiva de una sociedad organizada alrededor de los intereses del conjunto) requiere la confianza en los que deberán hacerlo: confiar en que los trabajadores podemos entender que el socialismo es la solución y también que nosotros somos los que vamos a construirlo, desterrando la violencia y la degradación social.

El capitalismo existe, de manera que la propia realidad existente es la argamasa que une sus fragmentos ideológicos. La totalidad real del capitalismo hace redundante y contraproducente (para su mantenimiento) que también sea pensado como totalidad ideológica. Los burgueses se niegan a hablar de capitalismo porque este no necesita ser hablado. Exprimen, en todo caso, las elusivas parcializaciones como “neoliberalismo”.  Por el contrario, si el socialismo quiere existir tiene que mostrarse y demostrarse. Tiene que aparecer ante las masas trabajadoras y su vanguardia en lucha como “eso” que une y resuelve los problemas que provoca el capitalismo (nunca redunda nombrarlo) como la alternativa no sólo posible, sino necesaria para poner fin a la barbarie que ya no nos amenaza, sino que está entre nosotros.

marzo 9, 2017

8 de marzo: así es el movimiento, no se quiere quedar quieto.

Filed under: General — cochinaesperanza @ 6:26 pm

Marzo comenzó con reclamos multitudinarios en las calles. El reflejo mediático (es decir la mirada burguesa) de estas concentraciones puso, lógicamente, el acento en los “incidentes”. Los incidentes en el palco de la CGT, en la Plaza de Mayo el 8 de marzo, aparecen en primer plano. Son elevados al centro de la escena.

Pero la palabra “incidente” ha cambiando su sentido y no casualmente. La etimología de la palabra, del latín incidens, significa “lo que ocurre en el transcurso de un asunto”. Pero no es eso lo que suele entenderse por incidente sino “lo que se interpone en el transcurso normal de una situación” Incluir el concepto de normalidad produce un giro en el sentido: de transcurso de un asunto a obstáculo en la normalidad. Este giro es el impacto del conservadurismo en el lenguaje. Lo que es un desarrollo pasa a ser un estado, lo que está en movimiento debería estar quieto, y lo que está incompleto pasa a ser denominado normal. Bajo el desplazamiento lingüístico se encuentra el otro desplazamiento, el real: el interés por establecer lo actual como real y completo, y el movimiento como trastrocamiento de la normalidad.

Veamos la lectura burguesa del asunto: una cúpula de la CGT que se declara peronista, contiene el descontento, permite las medidas del gobierno: eso es normal. Que los peronistas la cuestionen y a la vez se nieguen a combatirla es normal. Que las bases expongan su bronca ante la podrida conducción de la burocracia sindical peronista, es un incidente.

Que las mujeres mueran por su condición de mujeres a razón de mas de una por día es normal, que los sucesivos y pendulares presidentes burgueses (con vagina o con pene) las obliguen a morir desangrándose por abortos clandestinos es normal, que la iglesia y su capitoste persigan la diversidad sexual voluntaria pero protejan a los pedófilos es normal, que un sector de las manifestantes armen un poco de quibombo frente a la dirección general de los abusadores argentinos es un incidente.

Nada puede cambiar porque todo ya es como debe ser, la sociedad es normal, y las manifestaciones son su expresión, la expresión de una normalidad que la precede y ya a ha sido constituida para siempre. Normalidad que se llama sociedad burguesa y que es la causa de la presencia de la protesta en las calles.

Dicho de otra manera, no hay una identidad que se expresa y es ensuciada por los incidentes, no hay una pureza de género o de clase que se ve ensuciada por la política, sino una batalla política por la constitución y el desarrollo de colectivos sociales. Esa batalla es por la determinación de los intereses a largo plazo de cada colectivo y no es una cuestión de índole sólo conceptual sino, fundamentalmente, de combate. Es decir, es en el movimiento (incidentalmente) que los programas se oponen y disputan en la constitución de las clases, los colectivos y sus tareas.

Cuando la burguesía coloca a los incidentes y a la política como elementos exteriores a la lucha de las mujeres y de los trabajadores, lo hace para que nada cambie, para que todo siga en el estado de cosas actual. El conservadurismo estático, considera que el mundo esta bien organizado. Los intereses bien delimitados y representados. Y este paraíso sólo se ve afectado por corruptos (para cambiemos), traidores (para el peronismo) o alguna otra excrecencia que hay que combatir, como los zurdos.

Suponer que las mujeres por el solo hecho de serlo ya han encontrado el programa que las agrupe en un colectivo es pensar que el final de la lucha está al comienzo. Lo mismo sucede con la clase trabajadora. Sus identidades fragmentadas por la burguesía buscan en la lucha el denominador, el programa político que los haga ser, para si mismos, una clase. Y eso es movimiento, es incidente, es el transcurso del asunto, es la construcción del colectivo, del programa y de la organización que lo dirija.

El momento en que un conjunto social encuentra de manera acabada y completa su identidad estará cerca del momento en que esa identidad se encuentre al borde de su disolución, o sea el momento en que las banderas que los agrupan se encuentren a las puertas de su consecución. Mientras tanto el movimiento se encuentra necesariamente plagado de incidentes, de batallas políticas, de conflictos, avances y retrocesos.

Condenar la política, los excesos, las divergencias, la discusión, es condenarse uno mismo a la esterilidad. No es casual que durante toda la semana la caterva peronista y macrista haya sido tan coincidente en criticar los incidentes. Nelson Castro unido al presidente de la Cámara de Diputados de CFK, Julián Domínguez por su condena al reclamo de un sector de las bases por un paro general fue sólo una de las tantas expresiones de amor por lo existente (y de repudio temeroso por el movimiento y el cambio)

No esperemos que todo se aquiete y encuentre su cauce ya establecido, tratemos que el movimiento derribe las pretensiones conservadoras y levante las banderas de la mayoría. Las banderas de la vida para las grandes masas, del aborto legal y gratuito, del fin de los femicidios, de una economía organizada alrededor de las necesidades de la población y no de la ganancia de los patrones, el programa político del movimiento real de las masas hacia la vida, la bandera del socialismo.

febrero 17, 2017

Defensa de Rozitchner

Filed under: General — cochinaesperanza @ 5:58 pm

rozitchner

Alejandro Rozitchner es el funcionario más injustamente atacado del elenco macrista. Se le ocurrió decir, blanco sobre negro, lo que piensan no sólo la inmensa mayoría de los que apoyan al gobierno, sino y sobre todo, lo que piensan la inmensa mayoría de los que apoyaron y añoran al gobierno peronista. Dijo que hay que ser positivo y no objetivo, que es más importante las ganas que la evaluación objetiva de una situación, sus contradicciones, y sus perspectivas.

Esto dijo el hijo de León: “Los docentes gustan decir que quieren que sus alumnos desarrollen pensamiento crítico, como si lo más importante fuera estar atentos a las trampas de la sociedad (…) ¿Cómo hacemos que la educación les sirva a los chicos? ¿Cómo hacemos para que la educación les dé a los chicos algo que los haga más felices, capaces y productivos? (…) Lo que propongo es que los docentes asuman el desafío de desarrollar el entusiasmo de sus alumnos, las ganas de hacer, el interés por algo, las ganas de avanzar y de crecer (lo más importante no es) criticar la sociedad y señalar sus defectos (sino promover) la capacidad creativa, la invención, la comprensión, el deseo, las ganas“. Luego hace una evaluación delirante pero seguramente producto del afán polémico que siempre lleva a exageraciones: “Hay una locura crítica que atraviesa el pensamiento nacional. La crítica es una de las funciones del pensamiento, pero no la principal”

Y por último tomemos de sus definiciones, los dos sentidos de crítica según él: “Evaluar objetivamente, o captar la trampa, la negatividad. Y en el primer caso también se da un paso negativo, porque no siempre hay que ubicarse con objetividad ante algo (…) Lo más valioso es que uno pueda querer algo. Entusiasmarse, las ganas de vivir, son más importantes que el pensamiento crítico y la objetividad

Lo que Rozitchner hace es traducir al peronismo en lenguaje new age, trasparentar y dejar expuesto en un lenguaje -más posmoderno aún- la impostura e inconsistencia del nacionalismo burgués. Y en lugar de entenderlo y entenderse a sí mismos, la progresía vernácula se indigna. ¿Por qué? Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio.

Es extraño. La palabra crítica proviene de crisis, y ésta del griego krisis, que une al verbo kritein: separar, decidir, juzgar; con el sufijo -cis que señala acción. Es decir el pensamiento crítico no es contemplación sino acción. Acción que discrimina. Y Rozitchner señala muy bien que ese pensamiento es un obstáculo para un actitud positiva en la vida. ¿En qué sentido? En que el pensamiento crítico sólo permite avanzar restando (el psicoanálisis dice algo similar cuando se refiere al rechazo del incesto, una negación que permite crecer) mientras que lo positivo es sumatorio, agregativo, amontonador.

Esta es la concepción mecanicista del movimiento: algo se mueve porque lo empujan desde afuera. Porque le suman un movimiento que le faltaba. No es extraño que el peronismo se acerque tanto al Papa y los pedófilos de sotana, el pensamiento mecanicista y anti dialéctico necesita siempre buscar el movimiento afuera de la masa (y de las masas) en un líder, en un Francisco o, finalmente, en Dios.

E incluso, platónicos al fin; el movimiento sólo es pensado como corrección. El mundo tiene un estado de reposo ideal, estado ideal del que fue movido y es necesario restaurar. De manera que el pensamiento positivo, platónico, peronista, siempre es conservador. Los paraísos, como escribía Jorge Luis, son siempre paraísos perdidos. Para quien razona de manera positiva el capitalismo no avanza degradando la sociedad por sus propias lógicas internas, sino que ha sido tergiversado por una casta corrupta que lo pervierte. Supongamos que las empresas extractivas o los banqueros. (No es aceptada la pregunta elemental: ¿y a quién le venden las materias primas que nos “des posesionan” y a quién le prestan la plata los bancos para que sea factible el negocio sino es a los otros capitalistas con los que están unidos por el fundamental interés de la acumulación?)

Como ya se había afirmado el pensamiento positivo del peronismo siempre está buscando el pasado: volvamos a la época en que el capitalismo funcionaba porque el capitalismo es algo que funciona bien, sólo que lo administran mal. El problema no se encuentra en la explotación y la desigualdad inherente a ella, sino en la falta de buena voluntad para que todos (la patria) podamos vivir tranquilos repartiendo un poco de lo mucho que se acumula. Y ¿quién lo va hacer sino es el peronismo? Buscar el paraíso perdido es lo contrario de tomar el cielo por asalto. O una cosa, el pasado, u otra, el futuro.

Volvamos al pensamiento positivo, sumador, la buena onda que une a Rozitchner con Carta Abierta: el peronismo es lo que cada peronista le gustaría que fuera. El peronismo es lo que queda de la suma acrítica de todos los peronismos. Un pensamiento crítico llevaría a separar, discernir y luego actuar: un pensamiento positivo a esperar que las cosas vuelvan a su lugar. Durante los 10 años del menemismo el conjunto de los dirigentes peronistas (incluso los que en la década siguiente hablarían pestes de esa década) fueron parte no sólo disciplinada sino entusiasta, del gobierno. Menem no engaño a nadie en las elecciones del 91, 93, 94, 95 y 97. Los gobernadores, sindicalistas, diputados y senadores eran de su partido y gobernaban con él. Siempre sumando, siempre sosteniendo al capital en cada momento de la acumulación. Para los entusiastas la década del 90 no se cerró por la lucha, sobre todo del movimiento piquetero, sino porque el peronismo, de manera mágica, positiva, volvió a sus fuentes. Luego de un pequeño error, un desvarío menor que destruyó al país, los mismos que lo hicieron mierda se dieron cuenta que fue una década perdida. Y, como le agrada a Rozitchner, con entusiasmo por dejar atrás lo negativo, por pensar hacia adelante.

La frase de Perón: “Los peronistas somos como gatos: cuando parece que nos peleamos nos estamos reproduciendo” (¿Macri gato?) refleja como el bonapartismo burgués niega necesariamente cualquier atisbo de pensamiento crítico. Todo es amontonamiento y así se crece. Es una mayoría sin programa común o el rejunte de disparidades. De allí se infiere que la conmemoración más importante del peronismo sea el “Día de la lealtad” La razón de esa efeméride es que lo negado por el amontonamiento retorna como traición.

Un ejemplo cualquiera lo ilustra: millones de argentinos votaron a Macri, pero también fueron millones los que votaron a Bossio, Pichetto, Urtubey, Abal Medina o el Chino Navarro. Esos votantes no se piensan a sí mismos como sostenedores de la gobernabilidad macrista, sino como víctimas de traiciones. No como activos constructores con su voto de lo que está pasando sino como pasivos observadores de la traición al rejunte sin brújula que llaman peronismo.

Porque, por último, como el pensamiento positivo, a diferencia del crítico, es idealista, la realidad se mantiene en los límites que mi pensamiento le impone. Si no lo pienso el obstáculo no existe, no tengo que resolver problemas, sino dejar de pensar que existen. Es lo que le sugiere Rozitchner para la educación, la objetividad no es importante, son importantes las ganas, las intenciones. ¿Y no es así como procede el peronismo? ¿Juzgando al mundo de acuerdo a la realidad y a si mismo de acuerdo a sus intenciones? Los que votaron a Cambiemos son objetivamente responsables de lo que pasa y los que votaron al FPV (o sea a Bossio o Pichetto) no porque lo hicieron “con otra intención, o expectativa”?

Entonces, cuándo un funcionario como Rozitchner refleja democráticamente a la mayoría de la sociedad, tanto a Cambiemos, como al FR , al PJ y al FPV ¿por qué atacarlo?

febrero 6, 2017

Pacho: su muerte y sus palabras

Filed under: General — cochinaesperanza @ 5:41 pm

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Cómo no creo que haya un mundo más allá de la muerte a veces me preguntan: ¿Creés en el socialismo? No, soy ateo, carezco del sentido religioso de tener fe, confianza, en lo imposible. No creo en el socialismo, pienso y pensar me lleva al socialismo y la revolución. Pienso en lo que me incomoda, me disgusta, me parece amenazante, para mí o los que quiero, de una sociedad orientada al valor y el lucro privado. También pienso si me encuentro conforme con una declaración formal de mi oposición, con una queja. Pienso si sirve de algo quejarse, y como en toda queja, aceptar realmente el estado de cosas que, formalmente, repudio.

Pero si pienso más allá, el pensamiento modifica la báscula de la creencia. Si a la fe que se sustenta en mi mismo le opongo una apuesta a la razón que me excede (es para todos) y me compromete. El pensamiento se fortalece cuando acepto que el mundo me precede y por lo tanto, en gran parte, determina. Cuando pienso menos desde mi y más desde el mundo. El pensamiento es más potente en la medida que acepta las determinaciones generales y menos mis caprichos.

La fe religiosa es hija de la impotencia, reemplaza la potencia actora del conocimiento del mundo por la impotencia inmóvil de una trascendencia que no pide más que resignación. Acotando el narcicismo el pensamiento puede conocer el movimiento pletórico de la vida. Orientarse en él, y actuar.

No es inusual que alguien que se dice creyente se “enoje con Dios” porque le sucedió una desgracia o lo tocó de cerca alguna muerte. Él, el pequeño e insignificante peón de la estrategia divina, de golpe revela su falta absoluta de fe planteando las cosas como son: no cree en Dios, sino que supone que Dios tiene un pacto particular con él. Herido, revela su escepticismo interesado. Cómo escribe Borges creen “tener con el señor un pacto secreto

Por eso la muerte es un catalizador corrosivo. Y por  lo mismo es que se considera de buen gusto (o sea del gusto dominante) deponer el pensamiento ante ella, la muerte muestra más de lo que quiere admitirse, para bien o para mal.

En el año 1938, Raúl González Tuñón escribió “Sergio Esenin y Vladimiro Maiacovski, sucumbieron, se eliminaron, porque, finalmente, el manotazo los aturdió. A pesar de haber adherido a la revolución la abandonaron para morir voluntariamente. Pero ellos estaban, y a pesar de ellos, con un pie en la burguesía. Habían conocido su veneno. Hay que recordar que otros poetas que habían sido revolucionarios sucumbieron también porque creyeron que la revolución iba a consagrarlos inmediatamente, a darles enseguida todos los elementos. Unos y otros no comprendieron que lo que estaba aconteciendo en Rusia era más grande que ellos, era más grande que la poesía misma, ¡o la poesía misma!” (La Rosa Blindada) La muerte individual y la vida social llevan una relación dialéctica.

Hay un programa que resume la acción guiada por un pensamiento que escruta y desentraña lo real: el socialismo revolucionario. Todos aceptamos y desarrollamos un programa político. Cuando se limita a la pequeña esfera doméstica se lo suele llamar también proyecto de vida. Pero todos los proyectos de vida están concernidos por el programa político al que le entregamos la vida (aun, y sobre todo, quien se cree apolítico, le entrega su vida a un programa político, en ese caso el de la clase dominante).

 “Yo, Eduardo Dellagiovanna (más conocido con el apodo “Pacho” para los amigos) que estoy por cumplir 66 años (…); desde Enero del 2015 entre vacaciones, permisos retribuidos, “cassa Integrazione” etc. no trabajo más.” Así comienza la carta que dejó Eduardo Dellagiovanna antes de suicidarse. Publicada en el Corriere de la Sera de Brescia, ciudad en la que vivía. Dellagiovanna, Pacho, fue militante del ERP en los 70, luego salvó su vida exiliándose en Italia. Su muerte fue tomada como ejemplo de los numerosos suicidios que la crisis capitalista provoca, incluso en los países centrales. Pero hay algo que se soslaya. La muerte de Pacho no fue una muerte más. Así lo reflejó la prensa y muchos medios e intelectuales de izquierda. Entonces no se trata ni de hacer psicoanálisis brutal (interpretando lo que se desconoce) ni de un análisis político superficial (colocándolo en el marco todo-explicativo de “el capital mata”). Pacho dejó una carta y algo en esa carta merece el trabajo del pensamiento. Sobre todo (para no reproducir las cuestiones íntimas que la carta desgrana) los siguientes párrafos: “Políticas y sistema de gobierno deciden cómo debo morir, si de hambre o de deudas; me han quitado la ilusión de que la vida aunque difícil es bella; no sobrevivo con la sonrisa de un niño o la belleza de un atardecer/amanecer; este sistema me impone que si no pago y/o produzco, no sirvo, por lo tanto desaparezco. Confieso, no me vencieron los militares argentinos, pero ya no puedo más. He subestimado al enemigo (sistema), no lo creí, no lo imaginaba tan inhumano y feroz (como diría [Eduardo] Galeano). De todas maneras no reniego absolutamente a toda mi historia militante en Sudamérica. En Italia, he militado por años en solidaridad y cooperación internacional, he conocido la generosidad humana de tantos italianos y no solo, pero generosidad real”

Pacho confiesa que no lo vencieron los militares, pero si el sistema. El sistema no necesita matar siempre. De hecho necesita de los trabajadores vivos y productivos. Mata para someter. El programa que Pacho defendía en los 70, con riesgo cierto de su vida, era el socialismo. Sobrevivir a las dictaduras no es derrotar al capital, Italia es un país capitalista, inhumano en su estructura como lo es Argentina. El capital a veces mata a tiros, otras veces, alcanza son sus “políticas y sistema de gobierno (las que) deciden cómo (se debe) morir”

El capital es inhumano, por eso Pacho lo enfrentó revolucionariamente. El capital no mide sus victorias políticas sólo en números de muertos, las mide en la capacidad de alejar el programa revolucionario de las masas y garantizar su valorización creciente. En ese sentido la dictadura asestó un golpe duro al movimiento socialista. Pero ese golpe en la conciencia (en la carta de Pacho el paso de la lucha por el socialismo a la solidaridad y cooperación internacional) no es el punto final. El sistema, como confiesa Pacho, sigue y seguirá buscando acrecentar el valor a costa de la vida (y la muerte) de las masas trabajadoras, por eso esas mismas masas necesitan unirse tras un programa que reconozca lo que Pacho, en su último acto militante, trasmite: no subestimar al enemigo, aun con sus ropajes democráticos. Antes de morir Pacho advierte: “luego de más de 34 años de contribuciones jubilatorias al Estado italiano, con las nuevas disposiciones legales en materia (…), estaría yo 18 meses sin la posibilidad económica de sobrevivir, pues no tendría ingresos hasta el momento en el cual la ley me permitiría percibir una jubilación” y aclara “Esto es mi vida hoy en un país “democrático” (con una constitución hermosa y desaplicada)

Dellagiovanna no escribe para generar lástima o conmiseración, lo hace para ayudar a otros compañeros. Sólo así la carta de Pacho merece ser replicada y comentada, es su última tarea militante Pacho advierte sobre la confianza en las instituciones civiles de la democracia burguesa, sobre la ferocidad del capital tan monstruosa con los fusiles como con las deudas y las facturas, advierte que el enemigo es el sistema del valor valorizándose, no sólo, ni fundamentalmente, su brazo armado. Sólo la comprensión de lo que llevó al compañero Dellagiovanna a una decisión de ese tipo será un justo y útil homenaje a su lucha. Y esa comprensión no se mide en la profundidad de la pena o el sentimiento, sino en el programa que los vehiculiza. Si a Pacho lo llevó a la muerte el capital, el homenaje se llama socialismo.

enero 15, 2017

Crisis en la AFA, el anochecer del fútbol

Filed under: General — cochinaesperanza @ 5:48 pm
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Valencia

Además de Barcelona, Real Madrid y el Atlético; hay otro equipo que brilló en España y Europa: el Valencia del 2000 al 2004 ganador de campeonatos y finalista de dos Champions. Hoy se encuentra peleando el descenso. Tan sólo 4 de los clubes españoles son clubes deportivos, el resto debieron (por sus deudas) reconvertirse en Sociedades Anónimas Deportivas (SAD). El Valencia es SAD desde el año 92 El multimillonario Peter Lim, de Singapur (fortuna de 2400 millones de dólares) en octubre del 2014 compró la mayoría accionaría del club en 94 millones de dólares. Cuenta con la colaboración de Jorge Mendez, representante, entre otros, de Cristiano Ronaldo y el técnico José Mourinho, a través de su agencia Gestifute y elegido del 2010 a 2015 como el mejor representante de jugadores del mundo en los Globe Soccer Awards. En el registro que representan los comentarios al pie de las noticias ha quedado tristemente fijada la alegría de los hinchas valencianos esperando ganar liga y copa del rey, e incluso agotando las entradas de los partidos que se disputaban mientras se pactaba la venta del club. Dos años después el club cae en picada, cambia varios técnicos por temporada, compra caros jugadores sobrevaluados y vende a los que se consolidan. Mendez no es sólo un representante de jugadores sino que construye la silueta del futbol mundial, los armados de grandes equipos cuentan con él y otros como él, como piezas indispensables. Pero además ha estado involucrado en denuncias de corrupción en Portugal, cómo la llamada Operación Marqués que involucró hasta al ex primer ministro José Sócrates.

A eso se suma que el Valencia decidió al comienzo del siglo construir un nuevo estadio para 75000 espectadores. En 2008 mueren 4 trabajadores de la construcción y en 2009 se acaban los fondos. El acuerdo para proseguir con Bankia se rompe cuando ésta es intervenida por la UE. En los últimos dos años la asistencia de espectadores ha caído, en promedio por temporada, del 85% al 66%. Cuando se realizó la venta había sido el que mas expectativas había generado subiendo drásticamente las ventas de entradas. Hoy, amenazado por el descenso, los hinchas del Valencia estallan de bronca haciendo que la presidenta del club (una ejecutiva asiática colocada por Lim) tenga que retirarse de su club con custodia policial.

 

Leipzig

Por otra parte en Alemania otro club fue comprado por un millonario, Dietrich Mateschitz. Un austriaco dueño de Red Bul que posee 13200 millones de dólares (5 veces la fortuna de Lim) El club que compró en 2009 se llamaba SSV Markranstadt, un club de la quinta división de la ciudad de Leipzig, en lo que fue la Alemania Oriental, en graves problemas económicos. Pero a diferencia de Austria, donde es dueño del Red Bull Salzburgo, en Alemania los clubes no pueden identificarse con nombres comerciales. El club cambió los colores, el escudo, el nombre del estadio y lo más controvertido: el nombre de la entidad. Pasó a llamarse RasenBall Sport Leipzig, que significa algo como fútbol al ras del piso, o sobre hierba, nació así el RB Leipzig notoriamente asociado a Red Bull. De esa ciudad del este surgió el primer campeón del fútbol alemán en 1903, pero desde 2009 no había siquiera un equipo de la ex Alemania Oriental en la Bundesliga. Red Bull mudó al equipo al desaprovechado Zentralstadion, único estadio del Mundial 2006 ubicado en el este, cuyo nombre ahora es Red Bull Arena.

El Leipzig, al igual que el Valencia, ha logrado exasperar los ánimos de los hinchas. Pero de los hinchas rivales. Los simpatizantes del Dortmund, los más fieles según se dice, no concurrieron a ver el enfrentamiento de ambos equipos, los de otros clubes se visten de negro por la muerte del fútbol, otros colocan pancartas, canciones alusivas (la Marcha fúnebre de Chopin en los altavoces). Incluso los del Dinamo Dresden le han arrojado al equipo una cabeza de toro ensangrentada, lo que les costó una multa y suspensión del estadio. Sin embargo el RS Leipzig es el primer club en años que logra llegar a la fecha 10 disputando al poderoso Bayern de Munich la cima del campeonato. Lo que se pone en cuestión de este exitoso proyecto (campos de entrenamiento renovado, estadio lleno en cada presentación, 20 mil abonos, ascensos y punta del campeonato jugando un fútbol vistoso y ofensivo de la mano de su técnico Ralf Rangnick y su política de compra de jugadores equilibrada entre poderío económico y selección de valores emergentes, sobre todo de la zona este) es que se lo acusa de matar el espíritu del fútbol alemán.

Dicen los alemanes que su fútbol es una cuestión de los aficionados y los socios. Es el único país que tiene la regla del 50+1: los socios deben tener la mayoría de las acciones. Pero siempre hay resquicios cuando una disposición técnica intenta tapar el sol con un dedo. Con esta disposición se protege a los clubes de inversiones cortoplacistas que no respeten la poderosa unión de los clubes con las regiones y ciudades que los cobijan. De hecho sólo Wolfsburgo y Bayer Leverkusen tienen una marca comercial incluida en su nombre por la historia conjunta de la empresa, la ciudad y el club.

El repudio de los hinchas es por sentirlo “una amenaza para una Bundesliga de clubes cercanos a su comunidad, de boletos populares y que democratiza sus ingresos. De haber roto la regla que mantiene los clubes en manos de sus socios y evita así el arribo el magnates, jeques y oligarcas” (E F Moores La Nación 23/11/2016) Sin embargo el Schalke, uno de los equipos alemanes que disputan los trofeos internacionales, recibe millones de Gazprom (rusa) y lo mismo sucede con otros clubes. Y sus dirigentes no son carmelitas descalzas, el presidente del más poderoso y exitoso club alemán, el Bayern de Munich, fue condenado hace dos años por la evasión fiscal de 27 millones de euros.

 

Los hinchas

Un club grande que juega mal y está amenazado por el descenso provoca el enojo de los hinchas, un pequeño club que juega bien y gana, ascendiendo varias categorías provoca el enojo de los hinchas. ¿Qué provoca el enojo de los hinchas? La mitad de la verdad.

La mercantilización del futbol es la mitad de la verdad. La verdad completa es que en el sistema capitalista no hay nada que funcione socialmente fuera de la mercantilización y la degradación que ella  conlleva en este momento histórico.

El futbol es un buen negocio, la fabricación textil también. Sin embargo muchas fábricas textiles cierran. Porque otras crecen y se las engullen. El futbol, como negocio global de la publicidad, a partir de la década del 90, es una disputa de gigantes, incluso estos gigantes deben seguir compitiendo para no ser devorados por otros. Como amenaza ahora la liga china a los de la UEFA. Los clubes tienen su mirada en lo doméstico (el campeonato local) pero sólo cómo base para la verdadera batalla que es la competencia internacional, dónde están los sponsors, los premios y el dinero. El capitalismo en su lógica de acumulación y concentración competitiva crea una paradoja: hay muchísimo más que nunca pero no es para todos sino para pocos. ¿Por qué los hinchas ven la mitad de la verdad? Porque confunden la competencia capitalista con la competencia deportiva. Los equipos compiten entre sí bajo reglas deportivas, pero los capitalistas lo hacen bajo las reglas de la economía capitalista: lo que importa es valorizar el capital: a Dietrich Mateschitz le sirve que el RB Leipzig gane porque le ayuda a vender Red Bulls, a Lim le sirve el Valencia para realizar negocios con las transferencias porque no pudo hacer lo que sí pudo Matesichtz.

La mitad de la verdad es no ver que el futbol es globalmente un negocio, cuando se compara un club “bien administrado” con los otros que no lo son, no se toma en cuenta que alguno gana y la mayoría no. Que el que gana se fortalece y gana más. Pero que el que pierde puede desaparecer. Los campeonatos locales ya no son más que el preludio de los internacionales, dónde está la verdadera torta. Pero para acceder a esa posibilidad económica primero hay que invertir a riesgo de no lograrlo. Cuándo se pierde el inversor salva su inversión cómo puede y el club paga las consecuencias. Los hinchas del mundo ven lo que pasa cuando sale mal, pero creen que puede salir bien. Repudian la gestión pero no al capitalismo en su conjunto. Sueñan con ser la excepción. Y con eso le alcanza al capital para funcionar.

 

Buenos Aires

Sólo en ese marco se entiende el desmadre del fútbol argentino. En primer lugar es necesario decir que aunque de origen político radical, Grondona representó al peronismo en el terreno del futbol profesional. Hábilmente usufructuó el estatuto de López Rega, logrando que la porción más débil del conjunto de los clubes de futbol del país recibieran una parte de lo que producían los grandes clubes. Su poder de negociación entre estos sectores explica que no haya tenido problemas en los 22 años que compartió con gestiones peronistas (Menem, Duhalde, N, Kirchner, CFK) El estatuto fraguado por el lopezreguismo con Perón es problemático a dos caras: por un lado es antidemocrático, la representación de los clubes es desigual, de acuerdo a su categoría deportiva (los clubes de primera están sobre representados, tienen aproximadamente el 40% de los votos de la asamblea) pero a la vez, no les alcanza a esos mismos grandes clubes para dominar el gobierno de la AFA. Grondona fue el árbitro entre estos sectores durante 35 años, pero sobre todo desde que los derechos de televisión (que se negocian de manera centralizada) le dieron la billetera necesaria para hacerlo. El primer contrato con TyC Soprts fue en el año 1992, pero desde 1988 era vicepresidente 1° de la FIFA y (esto es crucial) presidente de la Comisión de Finanzas y el Consejo de Mercadotecnia y Televisión. Grondona condujo con firmeza la transición de un negocio de espectadores presenciales con limitaciones objetivas a la acumulación y fuertes tendencias localistas a una mega estructura internacionalizada, con miles de millones de dólares en juego y actores globales.

El negocio de futbol profesional no es viable para el conjunto de los clubes que hay en el país, estos clubes se desdoblan como entidades sociales y como empresas de espectáculos. En su perfil empresario deben sobrevivir compitiendo (económicamente) con otros clubes, en su sesgo social son el espacio dónde muchas personas juegan, se recrean, se divierten y realizan vida social. Este último sesgo está amenazado de muerte bajo la lógica del capital. Grondona, como representante del programa de liberación nacional burgués, sólo pudo aspirar a sucesivas crisis y renegociaciones de los derechos televisivos que nunca alcanzan para todos. Porque los gastos para tener un equipo de futbol competitivo (requisito para acceder a cuota parte de la torta televisiva) exceden las posibilidades de los clubes aun recibiendo ese dinero. ¿Por qué? Porque el negocio del futbol es un negocio mundial y la línea de flotación la determinan la competencia internacional, dicho de otra manera, los jugadores firman sus contratos de acuerdo a los valores del mercado mundial. El Futbol para Todos fue, además de una excelente plataforma publicitaria, el rescate realizado por el gobierno peronista al peronista del futbol, Julio Grondona, una nueva renegociación que le dio aire a los clubes hasta… la nueva crisis. Crisis que estalló apenas desapareció la figura bonapartista y surgieron las peleas por la sucesión que en el fondo es la pelea entre los pequeños clubes y los grandes de Primera (la Superliga es el nombre de su proyecto). Las cadenas de TV que se disponen a hacer ofertas, la FIFA y los clubes que tradicionalmente se mantienen en primera quieren una superliga, o sea una competencia acorde con la concentración del negocio. No es atractivo televisar (pagando por hacerlo) Aldosivi de Mar del Plata y Defensa y Justicia de Florencio Varela. Chiqui Tapia de Barracas Central y Toviggino del Consejo Federal (interior) son algunos de los referentes del ascenso unido cómo a veces lo llaman. Los presidentes de los 5 grandes los referentes de la superliga.

El estatuto es el problema, para reformarlo a su favor los grandes necesitan el apoyo (de por lo menos algunos) de los chicos, pero eso los condenaría a la desaparición. Por lo tanto el Ascenso Unido pide algo a cambio, alguna participación en el reparto. La FIFA, el gobierno y los grandes apuestan en este momento a la debacle, exigir el pago de las deudas previsionales, retacear una deuda acordada y esperar. Los jugadores y empleados de los clubes chicos y del interior ya no cobran, algunos no inician la pretemporada, el futbol profesional se cae a pedazos. La solución es, en su apariencia aritmética, simple. Pero en su intrincación económica, sin salida. Una deuda previsional de 450 millones y una acreencia de derechos televisivos por la rescisión del contrato de 350 podrían resolverse en una deuda de sólo 100 millones de parte de los clubes. El problema es que la mayor parte de ellos necesitaron de esos fondos no pagados para sobrevivir hasta ahora y necesitan en igual medida de los 350 millones para seguir subsistiendo.

Todo esto bajo el telón de fondo de otra disputa que se expresó en las investigaciones del FBI que desnudaron la trama de negociados de la FIFA y que ya llevó a la cárcel a presidentes de federaciones, a empresarios como Burzaco y le costó el cargo al imbatible, hasta poco tiempo atrás, Blatter y el futuro al francés Platini.

 

Los barras

Aparece aquí un componente particular. Las expectativas políticas de algunos protagonistas confunden un poco. Como el futbol no es una isla sino una parte del mundo socioeconómico, muchos de sus actores lo son también en otras escenografías: Tinelli, Moyano, Angelici, Santilli. Eso oscurece el panorama ya que coyunturalmente pueden aparecer “jugando” en el “equipo” inesperado. Angelici al comienzo del sainete contra Tinelli o Moyano junto al ascenso. Pero el panorama general no tiene otras alternativas dentro del capitalismo que la superliga excluyente o la agonía del campeonato federal. Lo que los clubes muestran (tal como los superpac lo mostraron en EEUU) es la imposibilidad de mecanismos democráticos cuando la diferenciación social es extrema y el dinero demuele cualquier igualdad formal. Los clubes, aunque formalmente asociaciones civiles, son el terreno dónde medran los empresarios, únicos socios que poseen los medios para acceder a la conducción de las entidades y aprovecharse de ellos, incluso sin comprometer su patrimonio.

Sin embargo hay un problema extra que vale la pena considerar: la violencia en el futbol. Lo que empezó como la alianza de los dirigentes con algunos “hinchas caracterizados” para que silbaran o aplaudieran decisiones desde las tribunas, se fue transformando con el tiempo (y el crecimiento de la torta económica a repartir) en una alianza férrea entre los dirigentes y sectores desclasados disponibles para cualquier “trabajito” El porcentaje menor de ingresos provenientes de entradas con respecto la televisión y sponsors, comparados con otras ligas, no puede resolverse con el grado de violencia e incertidumbre que afecta al espectáculo en vivo. Pero ese problema no puede ser atacado porque sería atacar la permanencia de la totalidad de la actual dirigencia del fútbol. El caso de Cantero que se enfrentó al Bebote Álvarez y fue abandonado a su suerte por el conjunto del negocio del fútbol tiene su contracara en Pasarella, en juicio por sus relaciones económicas con los barras de Ríver. Dispuestos a pensar el futbol como lo que no es (sólo un juego) las soluciones han pasado por el absurdo: desde cuestionar los cánticos hasta prohibir la presencia de público visitante. Un solo dato obligaría a rever todas estas políticas que intentan ocultar la verdad de la relación entre el capital y el fútbol. La cantidad de muertes en las canchas y sus alrededores ligadas a enfrentamientos de facciones “futboleras”, o sea barras bravas, ha aumentado sin detenerse e incluso acelerando su tasa de crecimiento. Si exceptuamos la Tragedia de la Puerta 12 (71 muertos en el año 1968), desde el inicio del fútbol profesional hasta el año 1970 hubo 22 muertos, en la década del 70, 10 más, en la del 80 la cifra fue 19, en los 90 (fuerte inyección de dinero desde la TV) se registra el salto a 66, la primera década de este siglo se estabiliza en 61. Desde 2010 a 2013 hay 22 muertos más y desde que se prohíbe el ingreso de visitantes en el 2013 hasta hoy 38. Dicho de otra manera las muertes son proporcionales a el dinero que hay en el fútbol y no a las rivalidades de los clubes o el contenido de los cantos y las banderas.

 

La salida

Pero entonces ¿cuál es la salida? En un mundo organizado por valorización creciente del capital: ninguna, sólo mentiras para simular que algo va cambiar mientras todo se degrada. Ahora el futbol mundial se ve conmovido por la aparición de la Superliga China con sus exorbitantes sumas de dinero. Toda la deuda de 350 millones que reclaman decenas de clubes de argentina para sobrevivir lo va ganar Carlitos Tevez en sus primeros 12 días en Shangai.

El problema no es la gratuidad de la televisación de los partidos, el problema no es si los clubes son asociaciones civiles, el problema no es la agresividad en los cantos de las hinchadas, estos son, como mucho, lo visible de otro asunto, el problema, que supura por todos lados, es el capitalismo. Que cubre de pus todas las actividades humanas, sin que escape ninguna, por maravillosa que haya sido en su momento. Sólo los clubes en manos de sus socios y las asociaciones en manos de los clubes pueden salvar el juego y el deporte, pero eso es imposible bajo el imperio del capital: sólo en una sociedad que se organice en función a los intereses del conjunto, el deporte y el juego pueden ser lo que los hinchas y jugadores quiere que sea.

 

diciembre 24, 2016

Alcohol e izquierda lacaniana

Filed under: General — cochinaesperanza @ 9:03 pm

borarcho

Un amplio abanico de escuelas y practicantes lacanianos, con profundas divergencias en muchos puntos, suelen coincidir en uno preciso: la existencia de un discurso capitalista (o discurso del capitalista) esbozado por Lacan hace casi medio siglo. Mediante el artilugio de negar un sistema económico y colocar en su lugar un discurso, creen posible conjurar la realidad: el sistema capitalista al que estas corrientes le han apostado todas sus monedas no deja de degradarse y degradar a la humanidad.

De las muchas cuestiones que pone en juego el “discurso capitalista”, este texto sólo se va a ocupar de una. El psicoanálisis es una práctica que accede a la verdad del sujeto por la vía del lenguaje. Una de sus rupturas es el paso de la mirada a la escucha. De lo visible para todos a la palabra en transferencia.

“El psicoanálisis es una práctica que atiende al modo de hablar. He aquí una distinción ya hecha por Freud desde temprano cuando enfatizaba que en el análisis se esperaba que alguien hablara de una manera diferente a como lo hace en la vida cotidiana. (…) Al hablar con un analista, quien toma la palabra se encuentra con un fenómeno paradójico: comprueba la resistencia del decir respecto de lo dicho; esto es, recae en ciertos rodeos que imponen que su decir deje un matiz sobre lo dicho.

La transferencia, el goce, el deseo, el síntoma o el fantasma no son observables, “no se ven”, se destilan en “el matiz sobre lo dicho” por cada uno. Por eso el psicoanálisis no es una sociología ni una antropología cómo se ha dicho en muchas ocasiones. Esto expone sus limitaciones. La pretensión de sustituir la lucha política por su saber particular es improcedente, La degradación social es un terreno que sólo llega al analista en las palabras de sus pacientes, en el decir de un sujeto particular. Pero le es inaccesible la causa estructural y sistémica, las relaciones de producción y las formas de propiedad que organizan el funcionamiento de una sociedad. La pobreza, y sobre todo en sus formas más degradantes y extremas, son expresión de esa estructura social vigente y de la necesidad de cambiarla.

Pero nada de esto permite extender el entendimiento del sujeto al de la sociedad. Es decir, hablar de los efectos del sistema social como generalización de la vida subjetiva. Máxime cuando para eso hay que realizar una voltereta, abandonar la palabra, y sumarse a la observación. Juzgar lo que se destila en los dichos a partir de lo visible. Y no hay puentes entre los fundamentos de ambos mundos porque no es igual lo que nace parido por una madre, que lo que nace parido por una revolución social. O sea que no es lo mismo, no funciona ni está estructurado igual, un sujeto que un sistema social. Negar lo propio de la estructura social lleva a justificar la existencia del capitalismo. No se puede luchar contra él porque todos gozan en él, entonces lo único que queda es la contingencia, el misterio, la irrupción.

Lo exponen claramente: “Yo trabajé con niños y adolescentes de las villas miseria y puedo asegurar que gozaban más que usted o yo con la pilcha Nike (de la salada por supuesto), el celular, el alcohol y el paco” (Revista LetraHora 14, página 27) o “Una verificación política que para mí tiene este problema es la siguiente: cuando uno era militante en los 70 iba a las villas y podía aceptar la definición de Marx de que la pobreza era la no satisfacción de las necesidades materiales. En cambio ahora lo que se ve es una inflación de goce. Esto es: el eclipse de lo simbólico. En otras palabras no hay tramas simbólicas que permitan articular ese goce. Pero hay armas fabricadas, marcas falsas, drogas de todo tipo, plasmas” (“Horizontes neoliberales de la subjetividad” Jorge Alemán pág.72)

No importa si pertenecen a una capilla (Escuela Abierta de Psicoanálisis) u otra (Escuela de Orientación Lacaniana). Sus rencillas terminan a la hora de adjudicarles a los pobres un goce que los psicoanalistas pueden “ver”, un goce que es objetivo y que, además es la razón por la que no pueden vehiculizar el cambio social. E incluso un goce mayor que el de la clase media (“más que usted o yo”) Y algo más, ese goce se percibe en los plasmas, las marcas, el consumo. Resuenan ecos de Pescarmona, “se preñan por unos mangos” para comprar y gozar de sus zapatillas y sus plasmas. Y, para peor, consumen “marcas falsas” “de la saladita” lo que parece ser una señal indeleble de goce (por lo que se deduce la ley lacaniana de menor goce si se consumen prendas “de marca” o “de primera calidad” y no “cosas de negros”)

Basta un poco de conocimiento histórico (disciplina negada de plano por la izquierda lacaniana cuyos autores nunca mencionan fechas, períodos ni estructuras sociales más que vagamente) para darse cuenta que eso que mencionan: el goce como entidad accesible a la mirada, el goce como entidad pasible de evaluación moral y para todos, el goce como una cuestión que se dispone para la mirada ajena, ya existía en las clases trabajadoras desde su mismo nacimiento (si no fuera así supondríamos una construcción subjetiva particular para los asalariados) Y no sólo eso. No es la primera vez que se construye a partir de estas desgracias de la clase trabajadora una ideología reaccionaria que niega la posibilidad revolucionaria, es decir que los impugna como sujeto social. Luego les designan un día de identidad villera y ya tienen bastante.

vicio

Como se ve, este afiche nos muestra que el tema no es original ni novedoso. A principio del siglo XX fue la asociación de alcoholismo, vicios y disipación; con rebeldía, conmoción social y lucha. Hoy es su reverso: no hay sujeto revolucionario porque los explotados compran ropa trucha y consumen drogas. La idea de encontrar una tara moral que haga imposible la revolución no es ni siquiera novedosa como estrategia ideológica reaccionaria.  Pero los revolucionarios no retrocedieron ante estos problemas, los analizaron  en cada situación concreta y resolvieron que pasos dar. Y el siglo XX estuvo pleno de revoluciones, las diversas suertes de estos levantamientos mostraron que las masas explotadas, sin detenerse en esto, se alzaron reiteradas veces de manera insurreccional. Que el alcohol el consumismo, la degradación social general, no son un impedimento sino parte de la causa y el caldo de cultivo mismo de los levantamientos. Y que el problema es la dirección y el programa de esas luchas.

La izquierda lacaniana lo usa para negar tradiciones, para abortar orígenes. En una palabra, para abonar la tesis de un “peronismo del acontecimiento” que oscurezca su función bonapartista. Su tarea de cierre e institucionalización del 2001. Para borrar el último episodio insurreccional de nuestra historia –que acaba de conmemorar su 15 aniversario- y pudrir la conciencia de sus auditorios con masas impotentes y direcciones auto engendradas. Sólo con una ideología que niega, a la vez, la historia y la potencia disruptiva de las masas, se puede considerar al aparato que gobernó Argentina casi ininterrumpidamente desde hace 27 años como vehículo de progreso. Aunque, nobleza obliga, la izquierda lacaniana es menos reaccionaria que su inspirador nazi.

diciembre 2, 2016

Chapecoense y la Barbarie

Filed under: General — cochinaesperanza @ 4:44 pm

SAN LORENZO DE ARGENTINA VS. CHAPECOENSE DE BRASIL

Chapecoense llegó a la final de la Copa Sudamericana tras derrotar a San Lorenzo diez días atrás. La final tenía algo épico: Atlético hace un par de años que muestra su poderío continental con finales y títulos y Chapecoense no había siquiera arrimado a una clasificación copera.

Pero en el viaje para disputar la primera final en Medellín, el avión en el que viajaban cayó a tierra muriendo casi todo el pasaje, que incluía plantel, cuerpo técnico, directivos y periodistas deportivos. Salvo una azafata también falleció la tripulación. Murieron 71 de 77. Hasta aquí datos conocidos.

Al día de hoy se sabe que partieron de Brasil a Santa Cruz de la Sierra en Bolivia, dónde abordaron un chárter que los llevaría a Colombia. También se sabe que el avión realizó el viaje con el combustible y la autonomía de vuelo forzados al límite. También se sabe que quien conducía el avión era uno de los dueños de la empresa de vuelos chárter Lamia, fundada en Venezuela, operando en Bolivia, transportando a planteles de todo el continente, con una sugerente sugerencia de la Conmebol con sede en Asunción de Paraguay.

La ínfima distancia entre la fiesta y la tragedia, cuando se hace presente en la vida real, provoca angustia. La concreción de la metáfora utilizada por el técnico del Chapecoense (“si muriera hoy, lo haría feliz”) luego de sortear la semifinal puso en el mundo eso que angustia: la vida y la muerte no son dos mundos, sino uno, en tensión, dialéctico, móvil.

Pero esta cuestión íntima, dolorosa, vuelve sobre la sociedad al momento de ubicar las causas de la tragedia, su explicación. Se perciben tres perspectivas generales de hacerlo: el puro azar (“hoy estamos mañana no estamos”, “que se le va a hacer” y, sobre todo, “así es la vida”) Es la vertiente de la resignación.

Otra posibilidad es revolcarse en el inmenso conjunto de las excepciones: desde el extremo materialista de la corrupción hasta el metafísico argumento de la maldad humana. Esto no es así, no puede ser así, es de otra manera y este suceso violenta las reglas, las formas, la ética, etc. Cómo decían los milicos: errores y excesos. Una remanida coartada.

Una tercera posibilidad es asumir que las cosas suceden por algo, que la vida social no es un conjunto desintegrado de acciones individuales sino la inserción de cada sujeto en una potente lógica de clase. Y que la responsabilidad no queda descartada pero si concernida por las regulaciones de la vida social. Es el caso de los crímenes sociales, los crímenes del sistema.

Ante la caída del avión se puede promover la restitución simbólica, cómo por ejemplo la promovida por Atlético Nacional de otorgar el título a su rival. La punición individual, identificar quienes fueron los responsables individuales de lo que no tiene que suceder. O avanzar realmente por el camino del esclarecimiento sumando a estas dos intenciones una tercera; pensar si esto refleja un comportamiento sistémico del capital, o una anomalía. Si es una anomalía, ocurrirá muy  raramente (eso significa anomalía) pero si es un efecto del funcionamiento del sistema, nuestra vida (literalmente) peligra

Entonces la cuestión del piloto aparece en primer plano. El avión era uno de los tres que un político venezolano le alquilaba a la empresa de vuelos chárter Lamia de Bolivia uno de cuyos dueños era el piloto del vuelo que llevaba al plantel a Medellín. El piloto del avión es en este caso víctima (perdió su vida, y con ella su fortuna, sus ganancias y su futuro) y probable victimario. Casi todas las informaciones coinciden en que el vuelo estaba planificado de acuerdo a un ahorro extremo de gasto  en escalas y combustible que no dejó margen para maniobras de emergencia. Esa perspectiva da por descartada la posibilidad de culpar al “destino” de las muertes y el dolor. Pero el hecho significativo es que el propio empresario estuviera incluido en las consecuencias de las  riesgosas decisiones. No se puede decir solamente que no le importó la vida de los pasajeros porque corrió su misma suerte. Y nada indica que estemos ante un suicida que arrastró en su decisión a los que estaban a su alrededor. Esta contradicción de un egoísmo que se vuelve contra su propio portador pone en primer plano las leyes que rigen al capitalismo como sistema, no sólo la moralidad de los miembros de la clase capitalista. Una escala extra tiene un costo, según el socio sobreviviente de Lamia. Marco Rocha, de 7000 dólares. Él mismo declara que ese no es el precio de una vida. Pero murieron 71 personas. Incluido su socio Miguel Quiroga, el que se beneficiaría de ese ahorro pero no lo hará.

El capitalismo es el sistema en el que los capitales compiten para obtener y seguir obteniendo ganancias. No pueden no hacerlo porque entonces otro lo hace y ese capital perece. Como los gladiadores, cada capital entra en la arena y no puede no disponerse a la lucha. Esa lucha cuenta con diferentes armas: mejorar la productividad por la vía de la tecnología y la escala de mercado, aumentar el margen de explotación por la vía de los bajos salarios, tener protecciones estatales haciendo pagar a la sociedad su ineficiencia o limitar los gastos actuando al límite de las posibilidades y la seguridad.

Las grandes empresas definen una media, son las que se marcan el estándar de la productividad y escala -por decirlo de alguna manera- óptima. Las PyMEs, en general deben disimular su incompetencia con los otros recursos. Peces chicos tratando de sobrevivir desesperadamente en un mar de tiburones.

En este caso se unieron dos pequeñas empresas: Lamia y Chapecoense. Un pequeño club marginal de Brasil metido en la gran competencia y una pequeña empresa de chárter aéreos metida en el mercado de transporte aeronáutico.

La actual negociación entre los clubes argentinos y las cadenas deportivas muestra que el problema del negocio del fútbol no es si sigue o no al FPT, sino la desesperación de los clubes chicos por permanecer en un negocio cuya escala los supera. Las “asociaciones civiles” presididas por empresarios, por capitalistas, firman acuerdos con el diablo si ofrece más guita e intentan no compartirla con los clubes económicamente inviables. Eso es el capital: exclusión para las mayorías y ganancias para unos pocos.

En el accidente murieron Sandro Pallaoro, presidente del club y empresario del año de Chapecó en el 2015 y Miguel Quiroga, accionista de Lamia. El capitalismo tiene leyes que no pueden eludir ni siquiera los propios capitalistas. Ellos, como clase, conduciendo la sociedad, no son distintos a ellos como individuos conduciendo clubes o aerolíneas. Están a cargo del planeta. Y el cambio climático, por ejemplo, demuestra que sus ganancias son más importantes que evitar las tragedias que se avecinan. Van a chocar ese inmenso avión que es el planeta, con ellos en la cabina.

Sucedida la tragedia, la misma pasión alegre, agonística, festiva del fútbol, se canalizó en otra triste, solidaria, compartida. Jugadores que ofrecen el trofeo -que tanto lucharon para obtener- al rival desgraciado, tarjetas amarillas recibidas con hidalguía por sacarse la camiseta para mostrar una de solidaridad y apoyo, 13000 nuevos socios de lugares remotos de Brasil para un pequeño club de un rincón provinciano, equipos que visten su color verde en homenaje, la lista es innumerable. A la vez una indignación creciente reconoce que no hubo error, accidente, ni destino, sino criminalidad. Y esa indignación exige el castigo a los culpables.

Entonces no seamos tribuneros porque nadie nos mira. Ya es hora de unir tanta pasión (y tanta bronca) y desterrar a esa clase parasitaria, ruin, pero sobre toda peligrosa y amenazante, los capitalistas. Si queremos que los aviones, y el planeta con sus pasajeros, lleguen a alguna parte, preparemos un cambio de tripulación, esta clase ya no puede ofrecer mas que tragedias. No podemos bajar de este avión, nadie nos va a organizar un homenaje: nuestro vuelo tiene dos destinos posibles: socialismo o barbarie.

noviembre 16, 2016

Salud social: La cura depende del diagnóstico.

Filed under: General — cochinaesperanza @ 2:55 pm

hospital-destruido

Por “los intolerables niveles actuales de pobreza, la crisis que afecta al mercado de la salud[i], Argentina estuvo en Emergencia Sanitaria Nacional desde el 13 de marzo de 2002, y durante toda la Década Ganada. El aumento de la discrecionalidad en las decisiones económicas y financieras del área de salud que permite la ESN no es una motivación menor para que un gobierno utilice este instrumento (los José López no son privativos de las obra pública) Pero si la emergencia se prorroga sin gran oposición es porque nadie puede afirmar que la salud es un área que funcione satisfactoriamente en el país. Incluso hay razones para suponer que no fue un factor ajeno al desenlace electoral del 2015.[ii]

Pero este hecho se contrapone y relaciona con otro: en los 200 años de existencia del país, que coinciden con la extensión y el dominio del capitalismo a nivel mundial, la vida ha avanzado en profundidad y extensión. La esperanza de vida pasó de 40 a 70 años en promedio mundial y la población de 1000 a 7500 millones de personas. Si suponemos la salud como ausencia de morbimortalidad ha habido, tomados de conjunto, avances innegables de la misma. Avances que son reconocidos y que forman el sustrato de la resistencia a la ruptura con el sistema en que vivimos.

Esta contradicción sólo podrá resolverse con un estudio serio de las particularidades del sector salud en relación a los otros sectores de la vida social y, a la vez, de las particularidades del mismo en Argentina con respecto a las tendencias mundiales. Es decir, verificar empíricamente si la vitalidad social disminuye, y también cómo y de qué manera se relacionan los vectores que determinan ese resultado. Conocimiento que es determinante en la elaboración de un programa.

Antes de avanzar en la definición de algunos interrogantes específicos es necesario situar el lugar del problema. La salud es un recorte del mecanismo social general de producción y reproducción de la vida. Debe ser situado en este contexto y no partiendo de su definición ideológica burguesa: la salud es un “derecho”. Así pondríamos el carro delante de los bueyes. Podemos ejercer un derecho sólo en tanto la materialidad de la vida social lo hace posible. Definirla como bien meritorio, preferente o social[iii], sólo nos aleja de sus verdaderas determinaciones. De la misma manera que lo hace la definición que adoptó la OMS en 1948, como un estado de completo bienestar físico, mental y social, no solamente la ausencia de enfermedad o dolencia. Los límites de la misma se ampliaron hasta abarcar, en potencia, la totalidad de la vida humana. Como se observa, ya la misma tarea de circunscribir el objeto de la reflexión (aún antes de toda intervención) es problemático. El universo de la salud es un complejo entramado en el que intervienen actores muy disímiles, y la determinación del papel de cada uno de ellos es lo que aún no está elaborado para un programa socialista.

La apariencia, que no es un mal camino de acceso, nos dice que salud es lo que se relaciona con el accionar profesional de los médicos. Y no está mal. Otras actividades que contribuyen al completo bienestar físico, mental y social, como aprender a tocar la guitarra, conseguir pareja o (¡ni que decir!) conseguir aumento de salarios, no entran dentro de las pertinencias de nuestros interrogantes. Pero el accionar profesional de los médicos se sostiene con áreas inmediatamente conectadas con él, pero con determinaciones propias.

El inmenso salto en la producción de la mano de la productividad expandida del trabajo trajo como consecuencia el mencionado crecimiento poblacional, pero también el aumento de la población sobrante para el capital[iv] Esta es la base sobre las que se desenvuelve la salud en los últimos 60 años. Mientras que se la postula como un derecho sigue las determinaciones de la acumulación del capital. Éste ha sido exitoso de proveerse de mano de obra en cantidad mediante una expansión sin precedentes de la salud y la vida humanas. Ahora hay que investigar si los caminos utilizados para conseguirlos siguen vigentes, o si propician resultados contrarios a los que ya mencionamos. Algo de este excedente de población se hacía notar en el mundo de la salud en la “ley de cuidados inversos” postulada por el médico galés Tudor Hart en 1971, quien afirma que los cuidados en salud se distribuyen de manera inversa a su necesidad. Forma especular de enunciar que los cuidados de salud van hacia quienes tienen poder adquisitivo, clases poseedoras y trabajadores productivos.

A la vez, siguiendo la tendencia general de la economía capitalista, los médicos y las profesionales afines a la salud siguen el camino de la proletarización, es decir, pasan de ejercer la profesión liberalmente a trabajar de modo asalariado, en muchos casos de manera precaria. Este movimiento se acompaña de una tendencia a la especialización de un pequeño sector. En nuestro país estas dos tendencias se evidencian en la capacidad técnica de un pequeño grupo de profesionales y la disminución alarmante del número de enfermeros,  que muestra una desproporción alarmante con su necesidad. [v]

Particularmente en Argentina la cobertura sanitaria tiene, históricamente, tres vertientes: la salud pública, el mutualismo de la clase trabajadora y el mercado de la salud privada. Este complejo mundo de subsistemas (salud estatal, obras sociales y medicina paga y prepaga) ya constituía una forma de segmentación por ingresos, que se acentuó a partir de la década del 90 y los sucesivos pasos de la desregulación de obras sociales. A la vez que la transferencia de servicios a provincias y municipios acentuó la descentralización y los problemas financieros. La cobertura en salud es hoy un galimatías de servicios descentralizados, fragmentados y parcializados que permiten que se despliegue más fluidamente la segmentación y la desigualdad. Coincidiendo el alto nivel de conflictos protagonizados por los profesionales en la salud pública con que una empresa de medicina prepaga, OSDE, llegó en este siglo por primera vez al panel de las empresas de mayor facturación en Argentina [vi]

La producción farmacéutica inversamente vive, en el país y en el mundo un sostenido proceso de fusión, concentración e internacionalización cuya escala no deja de aumentar. Esa escala es determinante en que las farmacéuticas argentinas nunca hayan producido una molécula original, y solo promuevan desarrollos de tipo incremental (pequeñas variaciones de lo ya conocido) o reciben de las casas matrices la tarea de testear las fases finales del desarrollo (las pruebas clínicas en seres humanos). Esta dirección de la industria farmacéutica es el resultado del agotamiento del ciclo de las infecciosas[vii] y la caída de la tasa de ganancia da partir de fines del 60, seguida de una nueva orientación hacia otras áreas, como las oncológicas, cardiovasculares o del sistema nervioso central (enfermedades que afectan con preferencia a las poblaciones de los países industrializados y su estilo de vida) cuyo desarrollo es mucho más oneroso.

Estas drogas, desde la píldora anticonceptiva del 60 a hoy, no tratan sólo enfermedades sino también la posibilidad de elegir cómo vivir o de resolver los inconvenientes de la vida “moderna”. Las llamadas drogas de estilo de vida, que se desplegaron con los nuevos psicofármacos como el prozac y llegaron a su clímax actual con el botox y el viagra. La FDA reconoce que el 80% de los nuevos fármacos no aportan novedades terapéuticas. Lo que se denuncia como medicalización de la vida, inflación diagnóstica, manía clasificatoria, etc., hunde su raíz en la necesidad de las farmacéuticas de mantener su tasa de ganancias en medio de la feroz competencia. Pero también resuelven, de manera expeditiva, problemas reales creados por la lógica del capital. Las farmacéuticas han sobrevivido a la crisis de finales del 70 innovando, abordando el mercado de genéricos e integrándose verticalmente. O sea que mientras que las coberturas se hacen añicos y los recursos  humanos se segmentan y degradan, las industrias se concentran e integran.

Por lo tanto si el estudio del sistema de salud nos lleva a la fragmentación como uno de sus peores defectos, la centralización del sistema de salud es una cuestión a investigar e incluir en primer lugar en el programa socialista. La respuesta a la centralización de industria no puede ser tomar en manos de los trabajadores fragmentos del sistema (administración de las obras sociales por los afiliados). El problema de la medicalización de las clases medias no se resuelve sin tomar el control de la investigación en función de las necesidades de la mayoría. Y la cuestión de los recursos humanos no se resuelve sólo con aumentos de salarios sin un sistema educativo orientado hacia las necesidades populares. No sólo será necesario centralizar materialmente el sistema de salud, sino abordar centralizada e interdependientemente los fragmentos problemáticos del presente.

Es necesario investigar en qué medida la salud como sistema gira alrededor del complejo industrial farmacéutico. De la desmanicomialización al aborto, de la medicalización a la fragmentación de las coberturas, de la especialización a los salarios miserables, es necesario encontrar las determinaciones fundamentales que las ordenan y ordenan las soluciones para la clase trabajadora. Entendiendo que el centro del programa socialista es el interés de la clase trabajadora y no de cada uno de los integrantes de la sociedad con abstracción de su clase. No tratar los problemas de salud en términos de liberalidad burguesa, de derechos individuales. Notoriamente se percibe en el lugar que la lucha por la legalización del aborto tiene en los programas políticos y por los colectivos que los sostienen con mayor énfasis. La lucha por la legalización del aborto y su gratuidad, siendo también un problema de la agenda feminista, es fundamentalmente un problema de salud. Por eso el acento debe estar en el ejercicio de un derecho sobre el propio cuerpo (aunque también lo sea), sino en que un sistema de salud no puede permitir que mueran por causas evitables tantas mujeres, sobre todo de la clase trabajadora. El problema del aborto como derecho no tiene porqué incluir la gratuidad. El aborto como cuestión de salud, de vida o muerte de miles de mujeres de nuestra clase, incluye el acceso y la gratuidad. Lo que la cuestión del aborto pone en blanco sobre negro es que el sistema de salud de conjunto no tiene como cuestión fundamental la vida de los trabajadores. Sobre el mismo eje se deben ordenar puntos aparentemente contrapuestos, como legalización de las drogas y medicalización de la vida. El programa socialista debe surgir de la investigación y articulación de todos los interrogantes parciales en un solo programa articulado que aún no está formulado para nuestro país.

 

[i] Decreto 486/2002 – PEN (Prorrogado 8 veces durante los tres gobiernos del FPV)

[ii]Hubo un deterioro en la capacidad de las familias de adquisición de bienes asociados a la Atención Médica y Gastos en Salud a partir del año 2008 (…) Esta tendencia se intensificó hacia fines del año 2013 e inicios de 2014” Bramuglia, Cristina; Abrutzky, Rosana y Godio, Cristina: “El Estado en la investigación y desarrollo de la industria farmacéutica de la Argentina”  http://jornadasdesociologia2015.sociales.uba.ar/wp-content/uploads/ponencias/1145_159.pdf

[iii] :“La salud es un bien social y, en consecuencia, un derecho para todos y cada uno de los habitantes de nuestro territorio”: Gak, Abraham Leonardo: Revista Voces en el Fénix Buenos Aires, Año 2 N° 7 Julio 2011

[iv] Sartelli, Eduardo “De los indígenas chiapanecos y los piqueteros argentinos a los indignados españoles: la rebelión de la población sobrante y los dilemas de la conciencia de clase y la revolución socialista a comienzos del siglo XXI” Projeto História: Revista do Programa de Estudos Pós-Graduados em História e do Departamento de História da Pontifícia Universidade Católica de São Paulo. nº0 (1981) – . – São Paulo: EDUC, Vol 46, 2013.

[v] Por otro lado la profesión médica, de la que se estimaba en 1970 que era la responsable del 70% de los gastos en salud, hoy podría ser el eslabón menos determinante dela cadena que se inicia con la innovación farmacológica.

[vi] Gaggero, Alejandro; Schoor, Martín y Wainer, Andrés. Restricción eterna: el poder económico durante el kirchnerismo, Buenos Aires, Futuro Anterior Ediciones, 2014

[vii] Agotamiento de las infecciosas se le llama al momento en que el boom generado por los antibióticos a partir de 1944 cerró su ciclo en los países centrales. Aún hoy las enfermedades infecciosas tropicales (como la malaria) siguen causando una mortalidad muy alta y no hay inversiones destinadas a su solución.

octubre 24, 2016

Miércoles negro, el cielo llora por Lucía.

Filed under: General — cochinaesperanza @ 11:56 am

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No debería escribir esta tontería. El cielo ni llora ni tiene nada que ver. La muerte, la atroz muerte de Lucía que no puede nombrarse sin este epíteto, no es asunto de la naturaleza. Más precisamente, esta masacre, este devastador conteo de femicidios, es asunto social. Sin embargo eso no significa lisa y llanamente que el estado, que éste estado, pueda resolver el tema. Tampoco que el tema no tenga solución. En primer lugar la respuesta colectiva es reflejo exacto de la causa colectiva: no son un par de enajenados, excepcionalmente violentos, es una barbarie que atraviesa a la sociedad. Pero ¿por qué ahora?

Desde hace medio siglo el capitalismo ha concentrado una enorme productividad en la cúpula de la economía mundial. En esas alturas inconmensurables para los simples mortales combaten verdaderos titanes. Y los que quedan en pie se devoran a los menos afortunados en la disputa, y se fortifican con su savia. Esa savia se llama productividad, y la pelea competencia. Quizás es demasiado obvio y no parece seguir la línea del repudio al crimen de Lucía y tantos otros, pero puede que no estemos hablando tan de otra cosa.

Uno de los lugares que fue transformado por estos gigantes en su lucha es el campo, los campos. En ellos la producción capitalista, mediante maquinaria y tecnología sofisticada, ha revolucionado la vida rural. Se inundan las periferias de las ciudades con los expulsados, que se suman a los expulsados de la desocupación o precarización, o tercerización. Una vida degradada por el capital se acumula y amontona en los suburbios. Allí se rebelan, son normalistas, indignados, ocupantes, piqueteros. Pero también son otras cosas.

El orden fálico de la relación entre los sexos se mantuvo vigente, es decir funcionando, hasta hoy. El capitalismo en ascenso lo promovía y lo sostenía: hombre proveedor y mujer contenedora. Sin embargo esa masculinidad se encuentra en crisis y sea cual sea la posibilidad de construcción o no de otro orden entre los sexos, hoy no lo hay. Pero que bajo imperio del orden fálico las cosas dejen de funcionar no es lo mismo que ese imperio haya cesado. Al igual que el capitalismo: que bajo su imperio las cosas dejen de funcionar no es lo mismo que cese el dominio del capital. Sino que todo comienza a oler nauseabundamente. La masculinidad que requiere el orden fálico es insostenible bajo la degradación capitalista para amplios conjuntos de hombres.

Hay una diferencia entre injusto e insostenible que sólo se escapa a los que no están afectados por las relaciones vitales reales. El capitalismo produjo un incuestionable avance de la vida humana aún siendo un régimen injusto. Hoy, ese mismo sistema es insostenible además de injusto.

Y en la cuestión de los femicidios es directamente responsable: El orden fálico que tan consustanciado con sus valores está (el orden del automóvil podría decirse) le pide a los varones lo que el sistema le niega en forma absoluta: el lugar social que proveía el trabajo para acceder a la mujer. A la vez el momento ascendente del capitalismo, que reclamó más y más trabajadores, incorporando a las mujeres a la misma, liberando las energías de la lucha feminista, las encuentra ahora, a esas mismas mujeres trabajadoras, rechazando el retroceso que esta degradación sistemática de la vida humana les presenta como perspectiva.

En resumen: capitalismo en descomposición y orden fálico de relación entre los sexos presentan la siguiente ecuación: varones vencidos, sin trabajo ni perspectiva, mujeres en ascenso, ocupando espacios jerárquicos y resistiendo. Pero si la degradación es del sistema ¿por qué no afecta ambos sexos por igual? Porque el orden fálico no los incluye de la misma manera. La mujer no perdió un lugar, está accediendo a él. El hombre cayó, y no abajo, sino afuera. La cuestión no se juega de igual manera para la mujer que defiende un lugar conquistado.

El resultado es explosivo: hombres que ven en la mujer la causa de su caída. Una mujer que, él siente que en lo íntimo, le pide que se ordene jerárquicamente y una sociedad que ya no tiene lugar para eso. Decía Jameson que es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo. Parafraseándolo es más fácil imaginar una guerra de sexos que la lucha unificada contra el capital. Pero sin embargo esa, el socialismo, es la única salida real, por difícil que pueda parecer lograrlo.

El orden fálico ordenaba a la masculinidad en la jerarquía de lo social y a la femineidad en la unicidad de lo doméstico. El capitalismo se afirmaba y afirmaba al patriarcado. Se afirma en el ordenamiento de la sociedad en el intercambio de mercancías. Lo fálico es una ordenación de lo valuable y lo invaluable: En este segundo lugar queda la mujer, pero accesible en relación al ordenamiento del valor que la virilidad exhiba. La inmensa mayoría de la humanidad vive ordenada de este modo, y no es un orden reversible por un cambio en la educación por el simple motivo que no se sustenta en ella: se sustenta en la producción de subjetividad, y en la circulación mercantil tiene su base material. Divorciados ambos sistemas, sólo genera excrecencias.

El orden entre los sexos no es asunto de biología, ni de educación, en ese punto se agitan vanas esperanzas: ni el gen de la homosexualidad existe, ni la educación sexual escolar está en condiciones de modificar a voluntad una sexuación que ocurre -en su determinación fundamental- en un paréntesis posterior a la conformación orgánica y en gran parte anterior a la elección consciente. La “elección” sexual no es biológica, pero tampoco es libre.

Un sector creciente de los hombres no ve futuro que les restituya su virilidad. No espera y desespera. El patriarcad no lo incluye, existe pero no lo cuenta, de manera que está solo. Loco, desnudado en su impostura. Ese orden del que no puede escapar porque ya ha sido determinado por él y a la vez ha sido privado de lo que lo colocaba en la cúspide de la jerarquía de los sexos: su preeminencia en lo social, primordialmente la provisión del dinero, del sustento.

Un universo simbólico derruido lleva a algunos, cada vez en mayor número a la búsqueda de su rehabilitación en lo real del cuerpo. Y esa es la razón de la masividad del Ni una menos. Tortura porque nada restituye la falicidad desmoronada. Pero sobre todo porque ese cuerpo, atractivo, joven, deseable, es la expresiòn definida de la potencia perdida. No se debe menospreciar la recurrencia en la prensa a lo “provocador” de la víctima, es un elemento determinante. No lo amenaza el avance de la independencia femenina, no mata ejecutivas, punteras barriales, sindicalistas, se mata chicas jovenes, la quintaescencia de la belleza femenina. O parejas en trance de abandonarlo. Se destroza el cuerpo no su reputación, ni su cuenta bancaria, ni su capacidad intelectual. No se mata lo que lo desplaza en lo social, sino lo que se torna inaccesible en la intimidad. Un dato no menor: los golpeadores admiten ser abandonados si la mujer lo deja por ser engañada, la cosa frecuentemente se calma: lo deja por su potencia, no por su impotencia.

Reitero, no se trata de justicia o injusticia, sino de cuál es la lógica de los sexos en la que la mayoría social está inscripta. No sólo qué hacen, sino lo que quisieran hacer, bajo qué reglamento juegan el partido del amor sexual en la intimidad cotidiana. No las perspectivas elucubradas sobre el tema.

Un ejemplo de la diferencia entre estar dentro y fuera, la ruptura de una pareja en el injusto orden fálico: el hombre que se separaba, sentía que si la mujer se llevaba el cuerpo (porque no era para él o porque a él ya no le apetecía) no tenía sentido entregar dinero. Si no se realiza el intercambio necesario, es decir si se va, si se lleva el cuerpo no entrego la billetera. Surgían los innumerables conflictos por alimentos. Y el estado podía regularlos en la medida que el hombre pretendiera seguir circulando socialmente.

En cambio, fuera de este ordenamiento, jugado, nada importa. Es repetida la sentencia: te voy a matar, estoy jugado, no me importa nada. No es chiste, el varón femicida es un yidajista del machismo, no huye, no prepara la salida, no planifica su absolución: Y por tanto la punición no ejerce eficazmente un efecto disuasivo, cada femicida lo es en un acto único, no se es femicida serial, ni recurrente porque su condición se sustenta en la imposibilidad de la circulación de los objetos de deseo.

El femicida se siente fuera de lo simbólico, por lo tanto se trastoca su temporalidad. Queda boyando en una atemporalidad, en espera. Pasan dos años y aparece como si nada hubiera transcurrido y mata. La mujer en trance de separación y amenazada percibe esta espada de Damocles, el tiempo no disuelve esta amenaza, el tiempo no pasa.

En realidad el femicida no mata, destroza al objeto esquivo, ya inaccesible en su caída. Ese cuerpo ayer posible y hoy imposible. No quiere matar solamente, porque no es la vida sino el cuerpo lo que se le escurre, el objeto de su pasión. Matar es una cesación de las funciones vitales, pero la cuestión va más allá: destruir el cuerpo, torturarlo, quemarlo, hacer desaparacer los vestigios de la belleza femenina. El cuerpo, el cuerpo femenino. Claro que femenino y masculino no son referencias biológicas, sino fálicas, por lo tanto toda opción sexual que se relacione como objeto de la masculinidad está bajo amenaza.

La masividad de las marchas y las luchas en el mundo contra los femicidios se interpretan sólo como una continuidad de las luchas feministas precedentes. No parece ser directamente así. De hecho las luchas precedentes son una búsqueda de igualdad y de revolucionar el orden fálico. Y éstas (y la lucha contra las muertes provocadas por la prohibición del aborto va en el mismo sentido y deja claro quienes quieren a las mujeres vivas y quienes desprecian sus muertes) son una lucha por la subsistencia, por la supervivencia, por la vida. Se encuentran más cerca de las luchas salariales o contra la precarización laboral que de la ley de cupo femenino. Por eso exhiben una explosiva masividad y, sobre todo, repercusión. No son producto de una evolución cuantitativa sino de un salto cualitativo en la inclusión  del problema en la conciencia de la sociedad.

Llegamos así al final (que nunca está desarrollado al principio). La unidad. La unidad no es el comienzo de nada sino su conclusión, es necesario construirla. Debatirla. Pensarla. De la misma manera que las distintas fracciones de la clase obrera deben luchar para unirse, para confluir en un programa que permita vivir dignamente al conjunto de los trabajadores y explotados, los intereses de las mujeres y sectores oprimidos por su sexualidad deben confluir alrededor del interés fundamental. Vivir dignamente. Y ambos programas no son dos sino uno: el programa de los explotados y oprimidos del mundo por la propia vida y su dignidad: el programa socialista.

PD: La imagen la obtuvo el fotógrafo Gerardo Regos

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