Cochinaesperanza’s Weblog

mayo 6, 2018

El salto de papá (la razón de su éxito)

Filed under: General — cochinaesperanza @ 3:01 pm

El salto de papá

En el año 2017 fue publicado El salto de papá de Martín Sivak. Antes de finalizar el año había llegado a los 16 500 ejemplares en cinco ediciones. Un éxito editorial. ¿Por qué? La pregunta nos puede conducir a otras. ¿Para qué sirve el arte? Este libro puede ser una interesante introducción a algunas de las variadas respuestas que suponemos a esas preguntas. El libro es una reconstrucción en primera persona, en el sentido del narrador elegido pero también de la vivencia íntima, del suicidio de Jorge Sivak, su padre, enmarcado en la situación de sus empresas y en el doble secuestro del hermano de Jorge, Osvaldo Sivak. Uno en 1979 bajo la dictadura, en 1985, el segundo, que acabó en su muerte.

En la muy liberal revista Polvo, Luciano Lutereau (sí, el psicoanalista que afirma que el capitalismo consiste en vender falta, que un departamento de dos ambientes tiene más valor que uno de cuatro porque le faltan dos ambientes) menciona el libro de esta manera. “Los neuróticos, en cambio, buscan el olor perdido: es el narrador proustiano. También el de la hermosa novela de Martín Sivak El salto de papá que empieza con la única huella sensible de quien narra: ya no recuerda el olor de su padre. Los olores no se recuerdan, en eso consiste la represión. Un olor se recupera con otro. La sensibilidad afectada, en falta, es la neurosis.” Sivak recurre al cuerpo (en este caso la nariz, el olfato) para introducir otra cuestión. En el arte el cuerpo siempre está presente como vehículo de la satisfacción, como materia, como portador de un significado que se envuelve y también se ofrece.

El sentido no es sólo la reviviscencia de una sensibilidad resonando en otra. Es también el encuentro (y la aclaración) de una idea a través de otras. Desde ese ángulo El salto de papá es también una apuesta a cierta interpretación de una época y el balance elegido por un sector social. Apuesta que podemos entender como la clave de su éxito. Primero veamos en qué consiste la jugada y luego por qué eso pudo propiciar su lectura. Por supuesto que la apuesta a la que nos referimos no es la proposición consciente del autor, sino el efecto de su trabajo en la concreción de un texto, y de ese texto en la búsqueda de lectores. No sabemos en qué grado fue deliberada esa meta. Lo que sé de la respuesta a esa pregunta es lo que puso Borges en la mente de Emma Zunz: “no supe nunca si alcanzó a comprender

Decía el comunista Bertolt Brecht que hay algo peor que robar un banco, y es fundarlo. Esta es la historia de un banquero comunista (también de un industrial, y un rentista, pero parece que su identidad más persistente fue la primera). Hay una sola página en la que esta condición de clase no es negada y oscurecida. En referencia a una solicitada publicada por el secuestro de Osvaldo y el título “Todos somos Sivak” aparece la dimensión real una sociedad de clases “todo estaba mal. No todos podíamos ser Sivak. Había que tener una financiera, ser judío y contar con fondos para publicar una solicitada y una red para convocar a los firmantes como César Luis Menotti” (78) El resto de las trescientas páginas obliteran esa afirmación tan razonable.

Y entonces se despliega sin contradicciones la visión que de sí misma tiene la burguesía pequeña y condenada. En primer lugar porque se piensa como perjudicada por la ferocidad de algunos capitalistas y no como los perdedores en la batallas por apropiarse de la plusvalía. Por ejemplo Gabito, el hermano menor del autor, escribe: “En todos estos años gané 8 premios internacionales por mi música, me han grabado y tocado las mejores orquestas….(…) Sin Buenos Aires Building, sin nepotismos, sin ayuda de nadie. De nadie.” (257) de la misma manera que Martín cuenta este comentario que hacen sobre él: “Lo mejor que te pasó en la vida es no ser hijo de rico” (288)

Esa auto percepción de no haber recibido ayuda de nadie ni haber sido rico parece extraña cuando unas páginas antes se rememoran episodios cómo: “Llegué a la novena de Platense porque papá era amigo del presidente del club” (157) o que en “en 1988 en un apart hotel de las Bahamas papá dijo que nos prepararía su especialidad en la cárcel (…) Así consiguió unir el rancho de devoto con las palmeras de Nassau” (141) De la misma manera que en algún momento “Bernardo Grisnpún y sus hijos habían conseguido una avioneta para que fuéramos a la ciudad de Córdoba (para ver a Independiente)” (153) o que al hermano a quien nadie ayudó, el padre “una vez consiguió que Mario Siperman, el tecladista de los Fabulosos Cadillacs, viniera a darnos consejos cuando preparábamos un concierto” (255)

Una familia trabajadora se sorprendería de esa “pobreza” con avionetas de ministros, ídolos que nos dan consejos personales, minutas cocinadas en playas paradisíacas o saltearse el pan y queso de los picados porque en lugar de dueño de la pelota es hijo del amigo del dueño del club. Sin embargo no hay mala fe en el relato. Para un burgués en pequeña escala su vivencia es la de un miserable frente a los que explotan en escala mayor. La buena alimentación, la buena educación, conocer mundo, hablar idiomas, tener contactos, veranear con frecuencia, tener padres universitarios es la nada para ese sector que mirando siempre a quienes los van aplastar nunca ven a quienes, debajo de ellos, son aplastados. Porque lo que se vive condiciona lo que se piensa: ¿que podía ver un niño de ese mundo que no fuera esta falta de privilegios en los privilegios?

Pero el narrador entre varias actividades, ejerce el periodismo, y da cuenta con honestidad de los hechos. Como todo empresario su padre puede hablar como comunista (o budista o lo que quiera) pero debe actuar como burgués y vivir en su mundo. Por el relato circulan personajes siniestros que parecen dejar de lado ese carácter, como los zapatos a la entrada de la mezquita, al encontrase con ese papá. Frecuenta a Lanusse (incluso le sale de garante) Seineldín y otros carapintadas, a operadores menemistas y radicales, a Manzano y a Spadone. Y no sólo para que intercedan en la búsqueda de su hermano Osvaldo durante el secuestro sino para hacer lo que hacen los burguesas, negocios, buenos o malos, pero negocios al fin.

En un pequeño párrafo se resume al sector social al que nos referimos: “La aceitera Ibarra fue otra de las delirantes apuestas de papá. Le entregó la dirección al mayor Enrique “Quique” Guglialmelli, un mayor carapintada..(…) también en el negocio de Ibarra había un contacto en las altas esferas, participaba Carlos Spadone, asesor presidencial de Carlos Menem. Spadone ayudó a conseguir las máquinas para la producción y garantizó que el Estado la comprase” (111) Allí está casi todo: el capital, los represores, el estado burgués y sus subsidios al capital. Casi todo. Porque a pesar que Jorge Sivak “murió- marxista –leninista, como se había reivindicado siempre” (13) no hay trabajadores en ese mundo. Una mina (Aluminé), una editorial (Haines) una inmobiliaria (BABuilding) un banco (BAB) y varios emprendimientos más parecen funcionar de manera mágica, sin trabajo humano, sin seres humanos en los socavones, frente a las máquinas o en las oficinas, no hay allí explotación ni plusvalía que haga reñida la relación del capital con el trabajo. Por el contrario, la lucha de clases es la de los capitales grandes y los pequeños, y estos últimos pretenden llevar la disputa del terreno de la escala y la competitividad, a la del idealismo y las bondades personales. La cultura es un medio de los explotadores para tratar de que los veamos cómo quieren ser vistos y, a la vez, intentar ocultar como realmente son. Por ejemplo, cuando le piden a Jorge que invierta en Página 12, así lo ve su hijo: “Hubiese sido coherente con sus inversiones que no le dejaban ningún rédito económico. En este caso si le hubiese reportado la ilusión de la influencia, la ilusión de pavonearse entre periodistas y escritores, la admiración de sus amigos de izquierda. Una hipótesis es que no aceptó porque, quizás para ese entonces, ya se había acabado el dinero” (112)

La gran apuesta ideológica del capital es escindirse, entre capitales buenos y malos, para proponer el apoyo a los primeros con el objeto de ponerles límites a los segundos. Productivos contra especulativos, nacionales contra transancionalizados, honestos contra corruptos, humanos contra feroces. Mientras el capital se entrelaza en la vida real se divide en su presentación ideológica. Cuando se hace evidente que no existe tal distancia, se habla de traición. Al fin y al cabo la vida de un empresario comunista es el intento de hacernos creer, parafraseando a Vespasiano, que “Pecunia non olet” (el dinero no huele) Porque si el dinero extraído de la explotación no tuviera olor a sangre, a sudor y a lágrimas, entonces podríamos compartir asados con genocidas carapintadas y con operadores menemistas sin asco. Todo es conversable. Pero la vida real no es así. Los milicos, los burgueses y su estado apestan.

En el número 63 de Ideas de Izquierda, el politólogo Julián Tylbor también se ocupa del libro. Para “comprender la figura oximorónica recurrente en el libro: la del banquero comunista. Jorge se convertiría en militante del PC, relación que durará hasta fines de los 60.” y ve en el libro una oportunidad “donde el lector, finalmente, puede transitar por esos pisos altos de la sociedad argentina y estar cara a cara con una tragedia personal que nos habla desde las alturas” El análisis condensa el libro en la oportunidad de fisgonear las tragedias que ocurren en los pisos lujosos. De esa manera deja de lado la parte jugosa del libro, la ideología que sostiene, y finalmente abruma, a los burgueses menos aptos, ideología que además nos interesa a los socialistas porque de ella se tiñeron las cabezas de la clase obrera desde hace décadas. El libro de Sivak no es sólo lo que dice Tylbor, una idea de cómo piensan los de arriba, sino una detallada transcripción en primera persona del pensar y el pesar de la burguesía peronista. ¿Qué se trata de un comunista? A confesión de parte… “Ideológicamente, siempre se consideró comunista. En los cuartos oscuros, sin embargo, era ecléctico: votó por Campora y también por Menem” Ideas de Izquierda elige no cargar las tintas sobre la ideología peronista, imaginamos porqué….

Entonces ¿Por qué se mató? Es la pregunta de todo libro centrado en un suicidio. Hay un listado de respuestas provisorias obtenidas o intuidas: “Conseguí hipótesis prestadas. Mi mamá responsabilizaba a la familia Sivak por haberlo abandonado. Horacio, su hermano científico, sostenía que hubo mala praxis de los psiquiatras y psicoanalistas. Su amigo Daniel Viglietti, en una carta, escribió que el sistema capitalista se va comiendo a las buenas personas. Sumé otras hipótesis (…) Me resigné, sin embrago, a no encontrar una respuesta definitiva” (15) Sin embargo hay un dato que no se puede soslayar (por su consistencia con el resto del libro): “Papá se mató el día en que el Banco Central formalizó la quiebra de su banco” (13)

¿Cuál es la causa del éxito en ventas de este libro? La demanda, el interés por su lectura (además de los méritos formales) se encuentra en que el derrotero de Sivak ejemplifica con auto indulgencia el del mismo programa político que fue derrotado en 2015. La misma ideología que encubre la misma inviabilidad, la misma derrota “inexplicable” de los burgueses pequeños y la misma desazón cíclica. La familia Sivak personifica un sector de una clase social y su proyecto político: el proyecto de la burguesía más pequeña y débil. El padre de Jorge es mencionado en el libro como socio de José Ber Gelbard, dirigente de la CGE y el exponente más notorio de esa corriente, ministro de Perón en 1973. Eso que otros sectores denominaron “capitalismo de amigos” por compensar desde el estado su incapacidad competitiva, el mismo nombre que utiliza el autor para explicar la relación del abuelo Samuel (fundador del grupo empresario) y el gobierno de Frondizi – Frigerio. Esa corriente que desde el 76 en adelante no hizo más que retroceder y que con la renta de la soja a 600 u$s creyó resucitar.

El libro aparece en el momento en que muchos que creyeron en la posibilidad de un capitalismo, mercado internista, subsidiado y viable, presenciaron una escena parecida a la que da el título al libro: la incapacidad del kirchnerismo para seguir vivo, la derrota en toda a la línea propinada por capitales un poco más competitivos y concentrados, que le arrebatan el estado. La fuga de voluntades ante la incapacidad de esos burgueses de “izquierda”. El libro intenta responder a la misma pregunta que muchos kirchneristas están intentando responder: ¿Por qué este final? El éxito del libro se basa en hacer carne el sentimiento de impotencia y búsqueda ante un final que parecía evitable pero no lo fue. El arte, una de sus capacidades, llegar por la vía sensible, a aquello que la intelección no puede (o no quiere) entender. El dolor por ese salto, en la forma que se aborda la biografía en cuestión, nos muestra y nos oculta, nos hace vivir y nos introduce en la reflexión (sin poder hacerlo acabadamente) de la imposibilidad absoluta de un destino histórico para una burguesía popular, para banqueros comunistas, para patrones peronistas.

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marzo 23, 2018

Aquellos sueños o el Nunca más

Filed under: General — cochinaesperanza @ 5:07 pm

De un texto, y de un texto poético sobre todo, se pueden decir varias cosas. Supongamos que decidimos separar esos dichos en dos tipos. Los metonímicos y los metafóricos. La crítica no es más que un dicho sobre lo dicho, un decir que ubica algún lugar de fractura, que establece un criterio. Si esa elección es del tipo metonímico se apelará a la erudición como punto central, es cuando el texto refiere a otro texto y otro autor y así en una cascada que al que escribe le permite demostrar que ya leyó lo suficiente y al lector percibir que no lo hizo. Pero la metafórica se trata de otra cosa, es la lectura de unas palabras que todos conocemos, pero que en contexto, doblemente en contexto, dicen otra cosa. El doble contexto es el que determinan las otras palabras (el contexto literalmente) y la vida que rodea ese texto, su tiempo, su espacio, la historia, la geografía. Esta segunda contextualidad debe ser sometida a rigor, ya que compromete totalmente el efecto de la metáfora. De manera menos directa y más artística lo dice Borges en Paul Menard, autor del Quijote: “También es vívido el contraste de los estilos. El estilo arcaizante de Menard – extranjero al fin- adolece de alguna afectación. No así el del precursor que maneja con desenfado el español corriente de su época”

La obra publicada en mayo del 2017 por hilos editora, “hierba sobre el mundo castigado”, no sólo permite sino que nos obliga a este tipo de comentario. ¿Por qué nos obliga? Porque aún sin que se lo hayan propuesto, eso no importa en absoluto, esa obra poética interviene en la construcción cultural a favor de la burguesía. La obra se subtitula colectivo poético involuntario ya que con textos de distintos autores, que ya veremos porqué han sido seleccionados, las compiladoras – autoras construyen una obra nueva.

Nuestra afirmación parte de las que ellas realizan en el prólogo, explicación y justificación del libro hierbas sobre el mundo castigado, un trabajo de construcción – invención poética realizado por Teresa Arijón y María Mascheroni, sobre (y con) los poemas de 55 escritores nacidos entre 1955 y 1965:

 “Estas líneas intentan crear una atmósfera de lectura que impregne la escucha de los poemas que van a leerse

Sin embargo, se nos va a pedir simultáneamente que hagamos como si el mismo prólogo no nos impregnara la escucha, en ese giro propio de lo ideológico que es la parapalapsis:

Entrar a este libro como a un territorio lo bastante amplio para perderse en él con mirada periférica y abierta. Perderse: demorarse, extasiarse, extraviarse en la vía extraordinaria que conduce, de otra manera, a aquello que ya se conoce, renovándolo. No entender. No reconocer lo que se conocía. Desorientar el juicio, despegarse del gusto.

De ese impregnar primero para luego desorientar el gusto queda un resto:

Aparición con vida es una consigna que nos acompaña desde la adolescencia. (…) En nuestra historia “aparecer” y “desaparecer” forman parte de la misma trama. Decimos: “apareció otro poeta”, y estamos trabajando sobre la materia maleable de una generación que sale al mundo en la época de la dictadura: siete años (1976-1983) que produjeron en nuestro país – casi en forma inaugural – la figura del desaparecido.

Entonces sobre muchas posibles elecciones:

Es así que trazamos un recorte, “una generación”, y ese trazado genera existencia. Y la existencia produce resonancia –remanente de sonido- en nuestra experiencia.

Lo que se propone como historia (objetividad) ahora se reconoce como trazo, recorte y generación a posteriori de existencia. Tal es así que se propone investigar:

¿Cuál sería la palabra que evoca a este coro involuntario?

Esa palabra elegida (no por ellas) es la palabra desaparecido, los desaparecidos, tomados sólo cómo desaparecidos, nunca como actores sino como efecto, en la más lúgubre de las recordaciones. Pero la construcción del sentido nunca es pura forma sin significado, las formas que se postulan para ser leídas en este trabajo apuntan a una significación precisa, que portadas por las sensibilices de esos poetas, y orientadas por la apuesta política de las compiladoras–creadoras abonará el terreno del reformismo burgués.

Fue en la década del 80 cuando se realizó la elección de la que hoy se apropia, para elaborar su forma poética, este libro. La burguesía se dio a la reformulación de los años 70 en sus términos, la teoría de los dos demonios fue el esquema general, y el papel central de los desaparecidos su pívot. De manera que esta selección para impregnar la escucha, la mirada y la lectura fue realizada antes que para esta obra, para el Nunca más:

Nuestra Comisión no fue instituida para juzgar, pues para eso están los jueces constitucionales, sino para indagar la suerte de los desaparecidos en el curso de estos años aciagos de la vida nacional.

Nuestra misión no era la de investigar sus crímenes sino estrictamente la suerte corrida por los desaparecidos. (…) Una categoría tétrica y fantasmal: la de los Desaparecidos. Palabra – ¡triste privilegio argentino! – que hoy se escribe en castellano en toda la prensa del mundo.

Los desaparecidos definidos como los inocentes con sensibilidad social atrapados entre dos delirios mesiánicos, el de los militares y el de los revolucionarios. En ese momento la burguesía estaba más que dispuesta a cambiar peón por dama, la cabeza de una institución desprestigiada a cambio de la demonización de cualquier ataque contra ella como clase. Era el momento de “con la democracia se cura, se come, se educa..”

Esta decisión de eclipsar la revolución para resaltar una ausencia fue la presencia que marcó décadas de la lucha de clases en Argentina. Las de la revolución en el cono de sombra. Una forma, no más que una de las formas prevalentes de decir no a la revolución, es decir no a la politización de la memoria de los 70. El prólogo lo hace a su manera:

No sabemos qué posturas políticas tienen o tuvieron estos poetas; tampoco quisimos averiguarlo.

Resonando tan armónicamente con el Nunca más que lo expresaba así:

 “Tantos que habían sido tragados por aquel abismo sin fondo sin ser culpable de nada; porque la lucha contra los «subversivos», con la tendencia que tiene toda caza de brujas o de endemoniados, se había convertido en una represión demencialmente generalizada, porque el epíteto de subversivo tenía un alcance tan vasto como imprevisible.

El trabajo de construcción de esta obra no reniega de la política, aunque sí oculte la política de la generación que toma de referencia para delinear a la otra generación que se antologiza, sino que opta por una política, la de las libertades democráticas (burguesas por supuesto, es decir limitadas a la defensa del orden del capital) Lo expresan así:

“Queremos subrayar una paradoja: no colocamos el nombre de cada poeta junto a las palabras que escribió. Retomando el “bajo perfil” de las voces de un coro, generamos un conjunto anónimo, no impersonal.”

Cómo un espejo que reproduce silencios. Los nombres sin causa (sin la causa que los llevó a enfrentar al sistema y jugar su vida) de los desaparecidos son reflejados por las letras sin nombre de los que empezaron a escribir ensordecidos por el silencio de la masacre de los primeros. Sordina más sordina, se reproduce el sonsonete burgués: olvidemos los sueños y recordemos solo el espanto. Educar la sensibilidad mediante la figura del que mira con temor por sobre su hombro, siempre hacia atrás, siempre aterrado, siempre entre el silencio y la negación de las ambiciones.

Toda obra produce efectos de sentido. Cambia desde que perspectiva de clase se piensan los dislocamientos, las modificaciones, los efectos. Y esta obra poética responde a un mismo interrogante de manera distinta de cómo nos proponemos hacerlo nosotros. Nos proponemos no responder con la palabra desaparecido (que además excluye las represiones pre y post Proceso, la negada represión propiamente peronista a los luchadores y los revolucionarios) sino con la palabra revolución. Una palabra que explica y orienta, que expande y subleva. Y nos proponemos dislocar la posición asentada desde 1984: los desaparecidos desaparecen doblemente cuando la causa que los animó desaparece del lenguaje, se los menciona como ausencia (desaparecidos) y se soslaya la presencia amenazante, de su bandera, la revolución.

Las palabras son muy importantes, para los poetas y para los que no se consideran tales, el rigor que se exige con esa materia, no puede ser mayor que el que se le presta a la materia social. Si es político el eje articulador de un libro, es político el criterio que mide su acierto. Si la lógica del prólogo (o sea de la selección y compilación) se hubiera basado en la forma literaria, ese debería ser el objeto de la crítica. Pero no es así. Se pretende situar los textos en una trama histórica. Por lo tanto es la pertenencia de esa trama a la construcción ideológica del reformismo burgués la que urge señalar, la que interesa señalar. No por capricho, sino porque es nuestro deber militante luchar por la restitución y el reencuentro de esos nombres con sus ideas, de esos cuerpos con lo que los empujó a la lucha: revolucionar la sociedad.

El retorno de esa voz que dice (como escribió mucho mejor, Pepe Guerra de Los Olimareños):

Ya no vivo pero soy

En lo que andaba soñando

diciembre 12, 2017

Peronismo funesiano

Filed under: General — cochinaesperanza @ 6:27 pm

 


“Era el solitario y lúcido espectador de un mundo multiforme, instantáneo y casi intolerablemente preciso”
(Funes, el memorioso. J. L. Borges)

Es muy conocida la ecuación básica de la identidad peronista que postula que son lo que queda si se excluye a yanquis y marxistas.

También es conocida la primera opción (si hay que elegir) que reza: nunca marxistas, antes yanquis. Esa elección (nada) forzada se repite una y otra vez. Basta recordar al movimiento peronista en sus monolíticas y fervorosas campañas de la década menemista.

Esas que Horacio González define así “hay un momento en la vida política, en muchas biografías que interesan, de un arrastre que susurra y exige, “déjense arrastrar”; un flujo heteróclito que lleva y empuja” es decir: hubo un momento en que el menemismo susurraba y empujaba: “déjense arrastrar”. Aunque este arrastrarse haya llevado a la miseria a millones de trabajadores, sólo se estaba “aguardando el momento de la revelación, dónde el pasado y sus ambigüedades puede quedar esclarecido. Sobre todo, redimido” (31)

En el abarrotado mundo de Funes no había sino detalles, casi inmediatos” (Funes….)

Redimido el peronismo de su rastrerismo heteróclito y olvidando una década completa de gobierno, un exultante Feinmann escribía en 2011:

“Todo se ve muy lejos de Hobbes, de Locke, de Rosseau, Marx, de Lenin. Pero, esto es la política. Esta es su cara fea, ingloriosa, sin glamour.

Néstor pregunta:

-. ¿Quién está más cerca de nosotros?

-. Ninguno, son todos una mierda – dice Alberto- Lo único que te puedo decir es quién es el más barato. Néstor lanza una risita triste y se muerde el labio inferior. A través de la mesa me clava la mirada: -. ¿Escuchaste esto?

-. Sí.

-. ¿Y? ¿Qué me decís? ¿Es fácil la política, no? ¿A quién pongo?

-. Poné al más barato

-. ¿Por qué?

-. Porque es el más barato. Te va a quedar guita para comprar otro mejor si aparece.

-. Creo que no escuchaste de quién es el más barato. ¿De quién es, Alberto?

Alberto sonríe. Dice:

-. De Patti

-. Suponía algo así – Lo miro a Alberto- Cuando dijiste son todos una mierda pensé que alguno sería de Patti

-. ¿Qué hacemos profesor? (…)

-. Entonces poné al de Patti. Y que digan lo que se les cante. Debe ser el más corrupto. A los dos días es tuyo.

-. Miralo al intelectual – sonríe Néstor-. Mirá que rápido aprende política.

-. ¿Esto es política? (…)

-. Eso y no otra cosa – insiste Néstor- No hacerle asco a nada.”

Nos dejan vislumbrar o inferir el vertiginoso mundo de Funes. Éste, no lo olvidemos, era casi incapaz de ideas generales, platónicas. No sólo le costaba comprender que el símbolo genérico perro abarcara tantos individuos dispares de diversos tamaños y diversa forma; le molestaba que, el perro de las tres y catorce (visto de perfil) tuviera el mismo nombre que el perro de las tres y cuarto (visto de frente)”

La persistencia de la traición en el peronismo (que va de la mano con la institución de su día magno como día de la Lealtad) es un aburrido ritornello, una excusa de mala fe. De Neustadt y Lugand a López Rega y Calabró, de Menem y Scioli a Urtubey y Bossio, el peronismo parece no poder asumir que “el perro de las tres y catorce (visto de perfil)” es el mismo “el perro de las tres y cuarto (visto de frente)”

En su mundo “de detalles casi inmediatos” la unidad esencial de hechos en apariencia contradictorios es negada en función de una narcisista satisfacción en una verdad inmediata. Pero el fondo burgués permanece determinante y se impone. “Entonces debemos pensar de nuevo a Marx” (75) amenaza y no cumple Jorge Alemán. Y les haría bien, porque “toda ciencia sería superflua si la apariencia externa y la esencia de las cosas coincidiera directamente” decía Marx, que lejos del peronismo funesiano de la inmediatez, contribuía al desarrollo del socialismo científico.

 

Horacio González. Kirchnerismo, una controversia cultural. Edit. Colihue 2011 (31)

Juan Pablo Feinmann. El Flaco, Planeta 2011 (108/110)

Jorge Alemán, Horizontes neoliberales de la subjetividad, Grama, 2016 (75)

Carlos Marx, El Capital, Tomo III, 1894

Jorge Luis Borges, Funes, el memorioso, en El Aleph, 1944

noviembre 7, 2017

A 100 años de la roja revolución del 17

Filed under: General — cochinaesperanza @ 6:43 pm

Cien años, un siglo de la Revolución de Octubre. Sin duda el más grande y luminoso acontecimiento. Como evento de la lucha de clases, como punto máximo de una contradicción que solo se puede resolver en una instancia superior, Ella –la Revolución- es sentida de tres maneras distintas. La primera es la abominación lisa y llana. Esos no me importan. Sí los que declaran cierta simpatía por Ella. Pero en uno de los casos no es un amor sincero, sino interesado y frágil.

La Revolución del 17 cambió, literalmente, el mundo. No Rusia o el imperio de los zares, el mundo entero en su evolución posterior no pudo soslayar durante el resto del siglo, el acceso al poder de los trabajadores rusos a la cabeza de los campesinos y oprimidos. Casi todo lo que era un sueño colectivo, una utopía lejana, se puso a tiro al finalizar la segunda década del siglo veinte. Avances impensados hoy en los derechos de la mujer, el estallido de la creatividad de las masas en un nuevo renacimiento artístico tan tumultuoso como efímero, la solución de los problemas de la reproducción de la vida de una manera tan masiva como democrática. Al punto que aun con los avatares posteriores ese atrasado país bisagra entre Asia y Europa se transformó en la segunda e indiscutida potencia mundial, la primera que puso un hombre en el espacio.

Esta revolución logró mucho, nadie lo niega. Pero no logró todo y degeneró en una caricatura que cayó abatida en su propia impotencia. Allí es cuando no nos ponemos de acuerdo sobre el carácter de nuestra simpatía por Ella. Unos, como si se pudiera ser un observador imparcial de la vida y la historia, se alejan moviendo la cabeza como quien sale del cine luego de ver una película que tras un buen comienzo, decepciona.

La desilusión no es sólo hija de la fantasía ilusoria, sino también de la pasividad. Se ilusiona quien no hace y espera que otros lo hagan. Para el que ve la vida como una película los esfuerzos, las heroicidades, los fracasos son la prueba de la imposibilidad. En un mundo del que se esperan garantías brindadas por los otros, la carencia de esas garantías sabe amarga. Hay una explicación de clase de quienes esperan todo de una acción ajena y siempre están desilusionados. Es la posición histórica de la pequeña burguesía, una clase sin proyecto propio que espera que otra le brinde las soluciones que ella misma no puede ofrecer. Impotentes y ambiciosos su principal deporte es la queja. Y los quejosos son insoportables.

Frente a la Gran Revolución expresan con aire superado: –.Mirá en qué terminó. No se puede negar que no nos satisface plenamente los avatares soviéticos. Pero tampoco que desde los ataques burgueses que comenzaron con la brutal intervención militar apenas instalado el poder soviético y siguió con la cruenta guerra civil, al capital le llevó 70 años de ataques y concesiones lograr derrotarla. Si es de ignorantes negar la enjundia de los embates bélicos, lo es en la misma medida negar cuánto tuvo que conceder la burguesía mundial a las masas para estrangular ese ejemplo, para abortar esa posibilidad, cuánto le deben los hipostasiados “estados de bienestar” a esa revolución y su estela luminosa.

Pero el quejoso dice: -. Los crímenes de Stalin son terribles, mancharon la revolución. No la mancharon, la arrastraron a oscuras zanjas. Y aún así, su agonía no es ajena a su gloria. Quizás una cáfila de adolescentes con mucha vida por vivir podría ser impactada por la idea de vivir rápido, morir joven (y dejar un bonito cadáver rezaba la frase original de Knock on any door de Nicholas Ray). Pero en el mundo real todos preferimos, como afirmaba Spinoza, perseverar en nuestro ser. Es decir: nos aferramos a la vida como podemos. Y la Revolución lo hizo, como pudo y hasta dónde pudo se aferró a la vida.

Nada de esto percibe quien se queja del resultado de la revolución. El quejoso es un personaje abstracto, detestable e improductivo. Nada se puede construir con él porque siempre está disponible para un mejor postor, ya que sin compromiso con ninguna causa no tiene razones para empujar el carro cuando se empina el terreno. Se baja y espera el que viene desde arriba con la pendiente a favor. Esta es una forma de mirarla entonces, desde afuera, exigiéndole que responda a todas las preguntas antes de decidir si merece el apoyo.

Para los trabajadores y oprimidos del mundo hace 100 años un incendio de proporciones mundiales encendía la esperanza, y por todo el orbe abnegados militantes querían seguir este ejemplo, se hacían comunistas, encendía su antorcha, enarbolaban la hoz y el martillo. No veían en ella la revolución perfecta sino la Revolución, la posible, la heterodoxa, la real, la que se arriesgaba a ir hasta el final, sostener el pulso, una revolución adolescente porque adolecía de muchas cosas, menos de decisión.

Por eso dónde algunos ven la prueba de la imposibilidad de la revolución, otros vemos exactamente lo contrario. Dónde unos ven degeneración ineludible otros vemos la férrea lucha por avanzar y sobrevivir, donde unos ven el punto final otros vemos la letra capital de la página gloriosa del proletariado. Dónde unos ven la excusa perfecta para no hacer nada otros vemos el ejemplo imperfecto (y por eso necesario de repensarse cada vez, de estudiarlo cada vez más, de examinarlo a la luz de la ciencia) de la voluntad revolucionaria.

La vida es así, dónde algunos se detienen solicitando garantías otros se arrojan a aprovechar la oportunidad. La Roja revolución del 17 lo exhibe, la Roja revolución del 17 muestra que no se puede ganar sin arriesgarse a perder, que no se puede ganar sin la determinación de hacerlo.  Eso es el bolchevismo.

octubre 9, 2017

El sueño liberal de los psicoanalistas

Filed under: General — cochinaesperanza @ 12:25 am

                                                            

¿Por qué la política necesita ser iluminada por el psicoanálisis hoy? [i] Así se titula una de las tantas homilías en las que un oficiante de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP – EOL) trasmite la verdad revelada a los fieles. En ésta, en sus escasos 4500 palabras se menciona 14 veces a Jaques Alain Miller (siempre así con el Nombre completo) Lacan viene detrás, lejos, con 5 (Freud ya quedó a la misma altura de Foucault con una sola mención)

Parece contradictoria esta sumisión que haría enrojecer de envidia al mismo Padrecito de los Pueblos, y a la vez declarar que “la revolución psicoanalítica” (sic) preserva “el lugar privilegiado de quien lleva su deseo, al no borrar su enunciación a favor de una enunciación común, abre el camino para que otros rebeldes se unan singularmente a la “revolución” y a la vez  una y otra y otra vez se justifique en la autoridad de Otro.

Basta seguir la genealogía del intervencionismo psicoanalítico en política para detectar la cortedad y el corporativismo de sus planteos políticos que pretenden arrojar luz: “De hecho, los psicoanalistas del campo freudiano salieron de sus consultorios por primera vez hace más de quince años. En ese momento, la formación en psicoanálisis en Francia estaba amenazada. (…) cuando en 2003 un diputado de la Asamblea Nacional francesa quiso regular por ley la formación en psicoanálisis, argumentando que se trata de la protección de los pacientes contra los charlatanes, iniciamos una “guerra” contra esta voluntad” A confesión de parte relevo de pruebas, no fue el desmantelamiento de conquistas históricas de los trabajadores efectuados durante los 90, o la degradación de la vida como efecto de estos recortes. No, fue un ataque a la formas de reproducción material de los propios psicoanalistas lo que los sacó de sus consultorios y los llevó a la “guerra”. Esto no habla mal de los psicoanalistas, sólo derrumba una supuesta extraterritorialidad social que se atribuyen. “No es la conciencia del hombre la que determina su ser sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia” (Marx)

La guerra se explica a la luz esclarecedora de la vida social. Nadie puede impedir la práctica del psicoanálisis de manera privada y autorizado por sus propios criterios, por sus escuelas. No hay ninguna legislación que impida trabajar de esa manera. Los payasos, los animadores infantiles, los astrólogos lo hacen. Algunos pastores y algunas prostitutas también.

La cuestión es otra. El sistema de salud es un complejo sistema que mueve miles de millones de dólares. La asignación y distribución de ese dinero responde a las leyes económicas y su formalización en la legislación estatal. Toda la queja de los “practicantes del habla” se basa en querer sostener que “como ustedes saben, para nosotros, después de Freud, la única verdadera formación de un analista es primero su cura. Esta formación particular está garantizada por el procedimiento del pase en nuestras Escuelas, pero, por supuesto, no se puede imaginar que el Estado pudiera participar de ninguna manera en este procedimiento, ni podríamos aceptar que el título de psicoanalista fuera proporcionado por las universidades” y a la vez, simultáneamente, que ese mismo estado asegure al conjunto de la población que el psicoanálisis es una disciplina válida, y que ese mismo estado incluya al psicoanálisis en el sistema de derivaciones, de cargos públicos (privados regulados por las leyes estatales). Para decirlo en forma directa: renegar de la castración, quiere todo. Todos los derechos sin obligaciones. Las garantías estatales sin costos.

En nuestro país esto no sucede porque no existe la profesión de psicoanalista sino la de psicólogo (o la de médico), que es regulada por el estado y aceptada por quienes trabajan dentro del marco teórico del psicoanálisis. Sin embrago se expresa en el absurdo combate contra la “ciencia” que emprenden vastos sectores del psicoanálisis que no es más que la expresión distorsionada del rudo combate por el reparto de los presupuestos y los honorarios de la rama salud.

Esto nos puede indicar por dónde debemos buscar la causa de estos disparates. Hay una clase social que piensa exactamente así: la pequeño burguesía: No la burguesía que es la titular a cargo del estado que recauda los impuestos. Ésta, como clase, acepta la necesidad de solventar su estado, y someterse a él (aunque a título individual le quiera hacer “trampa”)

La pequeño burguesía, la clase de aquellos que poseen medios pequeños de producción en los que trabajan, sostenidos centralmente en su propio trabajo, es la clase del justo medio. Su posición social lo exige, por eso su accionar es pendular. La teoría de los dos demonios expresó ese pendular en el terreno de los DDHH al despuntar de la democracia alfonsinista. En el año 1968 “Lacan se enfrenta a estudiantes provocadores, (…) Así, les dice: “Como revolucionarios, aspiran a tener un maestro, ustedes conseguirán uno”. Así, la revolución no es un verdadero llamamiento al cambio. Está atrapada en el discurso del amo contra el cual se levanta”

¿Qué quiere decir esta afirmación? Que como clase, no tienen nada que proponer. O se está bajo la organización social de la burguesía o se está bajo la organización social del conjunto de la clase trabajadora. La formulación de Lacan es absolutamente cierta, a condición de reconocer que le habla a su clase, la de los vendedores de aceite como su padre o los profesionales liberales, una clase en proceso irreversible de extinción: sus elementos más acomodados se elevan a formar parte de la burguesía y los menos afortunados son llevados a integrarse en la clase obrera, a vender su fuerza de trabajo.

Nadie lo expresa mejor que Jorge Alemán en Argentina en su negativa formular un programa político definido (y abrazarse en cambio al pasado en la forma de imprecisos y supuestos “legados y tradiciones”) Él lo dice de esta manera “no creo que haya realidad que vaya a coincidir con lo que estoy pensando” La idea que no hay formulación social en la que se expresen mis necesidades es solamente la manera ideológica de expresar que se pertenece a una clase sin futuro y por lo tanto sin propuesta. Eso significa (para un pequeño burgués) la afirmación mencionada de que la revolución no es un verdadero llamamiento al cambio. No lo es, no al que él desearía, no a un cambio imposible que humanice al capital sin abolirlo.

Todo este movimiento de auto defensa de un sector de clase amenazado se expresa en Francia en la “La movida Zadig” (Zero Abjection Democratic International Group). Una red de múltiples grupos que tendrán como objetivo dar una dirección a la continuación de la campaña. (…) Su principal principio de orientación es la brecha abierta en el discurso del Amo. La afiliación a “La movida Zadig” no requiere otro compromiso que el de no ser miembro de un partido político. Esto es para asegurar que cada miembro tenga la posibilidad de orientarse en términos de su propia “luz interior” – una expresión elaborada por Simone Weil”

Hay otras organizaciones cuya pertenencia exige no pertenecer a un partido político, y son precisamente los partidos políticos. Pertenecer a uno implica no pertenecer a otro. Zadig no es un intento de dar lugar a la luz interior sino pergeñar un movimiento corporativo político cuyos intereses no se pueden formular como programa político porque son imposibles, consisten en la tutela del estado para garantizarle (a los psicoanalistas) una absoluta libertad individual, el sueño de un liberal cocainómano y exaltado.

 

[i] Todas las cursivas pertenecen al mencionado artículo. Salvo la de Marx (de la Contribución a la Crítica…) y la Jorge Alemán (de Horizontes neoliberales de la subjetividad) http://ampblog2006.blogspot.com.ar/2017/09/por-que-la-politica-necesita-hoy-ser.html o http://www.lacanquotidien.fr/blog/wp-content/uploads/2015/02/LQ-474.pdf

septiembre 8, 2017

La izquierda lacaniana, festín de zombies

Filed under: General — cochinaesperanza @ 8:32 pm

 

“como dice el mismo Alemán en un libro, que la izquierda marxista debe elaborar un duelo, el del fin del marxismo, vía Lacan. Esto implica pensar que el capitalismo no es una forma de relaciones sociales, sino que se transforma en un discurso, lo que podríamos llamar al día del hoy, relato. Lo que importa son los relatos, lo que se dice, no los hechos”

Escribió Alejandro Vainer (Revista Topía) en Perfil y Jorge Alemán escribió prestamente en su FB:

Una de las simplificaciones más burdas desde el punto de vista teórico y político que he confirmado en distintas situaciones por parte de ciertos sectores de la autodenominada izquierda argentina es que Ernesto Laclau y por consiguiente yo mismo pretendemos reducir el modo de producción Capitalista a un mero relato. La confusión no es inocente, de este modo esquivan todos los problemas abiertos por el posmarxismo, especialmente el de la materialidad del lenguaje y la teoría del sujeto, para luego reducirnos a nuestra elección política de coyuntura, ya sea el kirchnerismo o Podemos .El trabajo de “duelo” con el programa metafísico de la revolución se insinuó en Trosky y se radicalizo con Gramsci

En pocos renglones un compendio de inexactitudes para esquivar el supuesto problema, que le atribuyen una posición que no sustenta en sus escritos.

Sería interesante que los peronistas dejen de encontrar los problemas que aquejan a la izquierda marxista para buscar un poco lo que tapa de ignominia a la corriente en la que se filian (¿es muy atrevido el término?), la corriente en la que se referencian sus “legados y tradiciones”: el peronismo. El duelo en juego es el duelo que va desde “la vida por Perón” (juvenilmente coreado por Alemán) a la vergonzante fórmula de “elección política de coyuntura” cuyo destinatario sigue siendo el mismo.

No deja de ser sorprendente que alguien que “evolucionó” del peronismo al posmarxismo señale que debería hacer la izquierda marxista. Esa impostura explica mucho. Es el drama del “intelectual” peronista. El marxismo es profundo y complejo, se referencia en la vida material, en la estructura social. Para rebatirlo hay que argumentar y para eso hay que tener con qué. A falta de argumentos y referencias, se declara que todo es evidente (una de las palabras más repetida en los libros de Alemán para justificar ocurrencias) y se da por muerto al contrincante. Y, además, se le cuestiona demorar el duelo.

Por eso es mejor proponer a los compañeros posmarxistas, duelistas y lacanopopulistas, un concurso, un juego: encontrar una página de Alemán que permita creer que no dice que el capitalismo es un relato. Un fragmento en que se tome en cuenta al capitalismo como sistema económico. Unas líneas dónde no se hable de evidencias para justificar los planteos sino que se ponga esas evidencias a disposición del lector. Unos párrafos dónde se mencionen actores reales (clases) y no caprichosas figuras discursivas (inempleado estructural, empresario de sí mismo) Para no discutir cual es más metafísico de los programas en abstracto proponemos encontrar una exposición física (económica) de las poéticas afirmaciones de Alemán y su izquierda lacaniana. Participar del concurso sería dejar de victimizarse.

“Me hacen, lo que hace la derecha, hacerme decir lo que no dije nunca” se victimiza Alemán, en cambio. Aclaremos los tantos, el que repite el discurso de la derecha es Alemán. Cada derrota de la clase obrera ha sido seguida de un corifeo de intelectuales cuya inteligencia era descubrir la “muerte del marxismo” y prescribir el duelo necesario. Siempre prestos a repetir el libreto burgués. Entre Alemán y Fukuyama, sólo hay una diferencia: uno escribe luego de la caída del Muro, otro luego de la caída de De La Rúa, ambos piensan lo mismo.

En 1871 la derrota de la Comuna de París motivó la misma desbandada de los intelectuales franceses. Se alejaban de los trabajadores y del socialismo como de una peste. De haber seguido Lenin el derrotismo de los intelectuales, de haber enterrado y hecho el duelo por las ideas marxistas, socialistas (para apoyar “elecciones políticas de coyuntura” seguramente) ¿Qué partido habría estado al frente de los soviets para avanzar hacia el socialismo?

Se cumplen 100 años de la Revolución de Octubre. Lo más importante no es que se conmemore un siglo, lo crucial es que ese número nos recuerda que la causa de la clase trabajadora no se mide en la pequeña escala de las vidas individuales, de la acotada experiencia de cada ser humano. Han pasado más de una decena de miles de años desde la aparición de las sociedades de clase. Menos de medio milenio desde el surgimiento del capitalismo. Ni siquiera 150 años desde la primera experiencia de gobierno de los desposeídos. Un siglo exacto de la primera revolución triunfante. No es la corta experiencia vital de cada uno de nosotros la medida de nada, la sociedad nos precede, nos incluye y nos excede. Y la vitalidad del socialismo no depende de la pigmea pretensión de verlo con mis propios ojos. La clase obrera ha combatido, ha triunfado y ha sido derrotada para volver a ponerse de pie, en una lucha que no tiene plazo fijo.

En cambio nosotros no le vamos a pedir a los peronistas que hagan el duelo por su militancia, sus legados y sus tradiciones porque ellos son parte del imaginario de esta época poblada de series y películas de zombies. Nadie les puede negar que sigan con su muerto vivo que les come el cerebro. Al fin y al cabo, a juzgar por sus escritos, no parece que lo quieran usar mucho.

 

agosto 21, 2017

A los poslectores de Página 12

Filed under: General — cochinaesperanza @ 7:21 pm

Luego del triunfo macrista en las PASO y aquietada la febril exaltación sobre la manipulación de la información que no pudo ocultarlo, la necesidad de encontrar la vuelta al asunto por parte del kirchnerismo derrotado se hizo sentir. La fuerza que gobernó el país durante doce años, que cedió el gobierno hace menos de dos (durante los que se produjeron tarifazos, despidos, represión e inflación) colocó a su líder a disputar un cargo menor y apenas empardó en su distrito y cuasi se extinguió a nivel nacional.

El director de Le Monde Diplomatique, José Natanson, insospechado de antikichnerismo, escribió una nota de opinión sobre el resultado electoral. No deja de llamar la atención el clima que devela la nota (publicada en Página 12, del burgués sindical peronista Santamarina). Un comentario que implique algún reconocimiento de algún acierto de quienes acaban de ganar por parte de quienes acaban de ser derrotados requiere, en el impiadoso mundo de la represión ideológica peronista, abundancia de disculpas (“Esto no implica, aclaremos nuevamente, una evaluación positiva”, “Antes de que lluevan los tomates, aclaremos” etc.) De poco sirvió, porque lo que era opinión se hizo de inmediato “debate”, es decir salieron los cruzados K a explicar que el mundo está equivocado, y Natanson también.

No es cuestión de formas, sino de contenidos. Si este muchacho que participó del mundo comunicacional de la década ganada (Eric Calcagno de Le Dipló fue multifuncionario del kirchnerismo) debe abrir el paraguas tantas veces para mencionar que quizás hay alguna razón para explicar la derrota, se infiere cuál es el clima kirchnerista para los disidentes. El pecado de la nota es haber expresado la siguiente idea: “El macrismo no es, por recurrir a la fórmula de Ricardo Forster, una anomalía, un accidente o un golpe de suerte; es una fuerza potente que se encuentra en el trance de construir una nueva hegemonía”

Cosechó respuestas rápidamente, su nota fue el 17 y el 21 de agosto ya lo habían hecho por duplicado. Primero un académico. El ex decano de la FFyH de Córdoba sacó a relucir a Marx y Freud. Siempre resulta simpático que los cultores del pensamiento nacional rebusquen en Marx lo que es imposible encontrar en el páramo peronista: ideas. Menos simpático resulta que lo distorsionen y a sabiendas. Cita Tatián una carta de Marx de 1843 en la que este se refiere a la vergüenza. “La conjetura de una vergüenza revolucionaria (extendida sobre una “nación entera”) por quien sería el más grande pensador materialista de la transformación social, incursiona con ella en la trama afectiva en la que se inscriben las sociedades y los comportamientos colectivos, quizá tratando de hallar –luego ya no volverá a intentarlo– un afecto de eficacia política impredecible” también dice que Marx “revela aquí la potencia de un enigma, que casi de inmediato retrocede y se desvanece para que prospere el “estructuralismo” maduro donde las pasiones y los sentimientos sociales ceden paso a la materialidad de las fuerzas en conflicto

Si la cita de autoridad es una manera de trampear el debate, la cita de autoridad falsa es una argucia deleznable. Estas citas son el amigo judío del racista, que por su excepcionalidad expresa lo contrario de lo que afirma. Tatián se debate entre su narcicismo y su lealtad a quien le da de comer. Debe decir una estupidez pero no quiere quedar por estúpido, Entonces recurre a Marx, pero no quiere quedar expuesto ante sus pares y reconoce que esto no es lo que Marx piensa (“luego ya no volverá a intentarlo”, “casi de inmediato retrocede”) Se recurre a Marx para que diga lo que Marx no dice. Y justamente porque Natanson en una medida muy austera y timorata está diciendo algo que si tiene un eco materialista. Por ejemplo que “la decisión de no recortar el gasto público ni recurrir al despido masivo de empleados estatales, junto a la promesa de no reprivatizar las empresas públicas (ni siquiera aquellas que, como Aerolíneas, generan pérdidas), marca un contraste con los 90” es decir: busquemos la explicación en la realidad. Frente a esto, se apela aun sentimiento, en este caso un sentimiento que aún no se manifiesta.

Tatián insiste, ahora con Freud: “La enorme y evidente eficacia de las antropotécnicas en curso vuelve vetustas las viejas “armas de la crítica”, y su comprensión excede asimismo lo que proporciona el –por lo demás imprescindible– análisis politológico que se atiene rigurosamente a los hechos y los datos duros. El ensayo freudiano de 1919 sobre “El hombre de arena” de Hoffmann quizá proporciona una clave importante, aunque debamos apartarnos de su sentido estricto y tomarlo con cierta libertad, para pensar un “siniestro social” –e incluso histórico– que afecta a los cuerpos con su oprobio contundente y vago al mismo tiempo, y cuya explicación desborda los avatares de la vida psíquica” Otra vez lo mismo: damos por obsoleta las armas de la crítica apoyándonos en Freud que dijo otra cosa (sus textos se refieren al sujeto, niega categóricamente que el psicoanálisis sea una cosmovisión) pero Tatián (otra vez) “(se aparta) de su sentido estricto y (lo toma) con cierta libertad

Ya justificado en lo que no es propio de Marx ni de Freud, hace sus números “dos de cada tres argentinos rechazan el orden que busca imponer el macrismo” lo que también significa que 6 de cada 7 argentinos eligen una opción distinta al kirchnerismo, o que 2 de cada 3 que rechazan al macrismo no ven al kirchnerismo como la alternativa a aquel.

Luego de citar mal y sumar peor, pone en vereda a Natanson. “Más que sucumbir a la fascinación intelectual por la eficacia de las nuevas técnicas de dominación” (eso es lo le adjudica al artículo criticado por haber mencionado algún mérito a la campaña PRO) “es preciso seguir pensando el acontecimiento al que alude la metáfora del salto del león (…) Aunque nunca sepamos cuándo “el león se dispone a dar el salto”, ni siquiera si va a darlo efectivamente, podemos intentar hacer lo mismo que hacía Marx: detectar lo que aún no se ve, “recolectar señales” y aguzar el oído”

¡Y otra vez la tergiversación de Marx! Marx estudiaba la realidad, no “el acontecimiento al que alude la metáfora”.

Luego lo destrata María Pía López, “Estamos ante una nueva derecha, que conjuga entonaciones sensibles a la vida popular con énfasis represivos que hereda de las antiguas dictaduras” el horaciogonzalismo comienza por decir difícil que toda hegemonía se construye con dosis variables de represión y consenso. Luego destaca la construcción populista de Macri al decir que sus votantes “aceptan una cadena significante que articula política con mafia” (en términos de Laclau el populismo crea un pueblo al articular demandas parciales con significantes que las sintetizan) y si esto ocurre quizás sea porque como mencionó Natanson y repite López: “Vidal tiene el mérito de decir que esos problemas son problemas”  lo que sugiere que antes de Vidal muchos problemas existían pero no se podía decirlos.

Casi parece que ha llegado cierto momento de sentido común pero no. Porque otra vez la realidad del resultado electoral y el país en el que ocurre es dejada de lado para volver a poner el acento en el fraude: Que “en este caso arrastra la violencia del racismo, hay votos que no se cuentan porque esos cuerpos no cuentan. La idea de números ilegibles y de telegramas confusos repone en el imaginario la vieja tradición de la voz incomprensible del bárbaro. Son desechables (…) Recordarnos que como todo es puesta en escena nada vale. (..) El macrismo no es democrático. Es post democrático. (…). Es post democrático como hay post verdad en su discurso. (…) Se discutió en estos días si estábamos ante una nueva hegemonía. No lo creo. Las urnas dejan la evidencia de una sociedad transida de tensiones y disputas.

El intento de Natanson es coartado por una razón simple: la grieta. La grieta que abriría en el monolítico relato kirchnerista la posibilidad de pensar que la realidad pueda no coincidir con él. La grieta de reconocer que en su década ganada (en lenguaje horaciogonzalista) “estuvimos ante una nueva versión peronista, que conjugó exageraciones sensibles a la clase media seudo ilustrada con énfasis distributivos que heredó de la inusual renta de la tierra”. Entonces, a un tibio intento, apenas, de pensar que pasa en la realidad, se le cierra el camino recurriendo a la vergüenza que no se ve, la posverdad y la posdemocracia. Supongo que los lectores de Página 12 se pellizcarán cada dos páginas dudando de su existencia, temiendo haber pasado a la categoría de poslectores o esperan “el acontecimiento al que alude la metáfora”.

Aunque también es posible que se encuentren en la última estación antes de elegir entre el apoyo a una farsa llamada peronismo o el respeto por su propia inteligencia.

julio 11, 2017

El peronista neoliberal

Filed under: General — cochinaesperanza @ 10:45 pm

Para gran parte de quienes confiaron en el peronismo la derrota del 2015 debe ser calificada de irracional. Cualquier explicación obliga a reconocer los aspectos negativos del “modelo”. Y, precisamente, el relato que sostuvo al modelo es la supresión sistemática del reconocimiento de cualquier aspecto negativo, de lo que surge una pura auto afirmación sin crítica.

En el día de la Independencia Claudio Scaletta escribió y firmó una nota en Página 12 que tituló El trabajador neoliberal. Sostiene, en la línea antedicha, que es inquietante que sectores del empresariado vinculados al mercado interno hayan apoyado a Macri, pero mucho más que lo hayan hecho “una porción extendida de trabajadores

Esta petición de principio, responder a una pregunta antes de formularla, es fuente inagotable de errores. En la elección del 2015 hubo dos contendientes, uno pertenecía al partido que había ganado las tres presidenciales anteriores, gobernado los últimos 12 años y que había obtenido en las elecciones del 2011 el 54% de los votos contabilizados. El otro era el candidato de una alianza encabezada por un partido que en esa elección (2011) ni siquiera presentó candidato propio. Sin embargo la pregunta siempre se formula en el sentido que exige la respuesta previamente concebida: ¿Por qué más de la mitad de la población eligió a Macri? Los datos mencionados hacen más lógica la pregunta siguiente: ¿Por qué el FPV perdió el 30% de sus votos en cuatro años? En realidad destruir su inmenso caudal electoral le había llevado a CFK 24 meses, ya que en 2013 el FPV no había llegado al 34%.

No pudiendo formular ninguna interrogación sobre el propio gobierno, sería necesario atribuir la derrota a capacidades del PRO. Pero eso tampoco es admisible, porque Macri no puede (por axiomática progresista) tener ninguna capacidad que supere a Cristina. Finalmente queda una sola opción, despótica: los trabajadores y explotados son unos imbéciles autodestructivos. Esta conclusión es recibida con alborozo por una burguesía feliz de ver que los explotados se atacan entre ellos.

En la nota Scaletta realiza una reseña de una investigación (E. Crespo y J. Ghibaudi “El proceso neoliberal de larga duración y los gobiernos progresistas en América Latina”, en el documento de trabajo de Flacso “El neoliberalismo tardío”) “que brinda el sustrato material para entender el cambio en el comportamiento de clase que se pretende explicar

Reconoce el informe que en 1848 Marx planteó que el capital se concentraría y centralizaría. Cosa que efectivamente ocurrió. Lo que se plantea en el artículo es que la tercerización, la relocalización y otros procesos que atentan contra las estructuras concentradas han cambiado a la clase trabajadora. Veamos en qué. Es cierto que la clase trabajadora no se encuentra en grandes concentraciones como las de la posguerra (aún así no hay que olvidar que, por ejemplo Foxconn tiene en China 13 plantas que suman un millón de obreros, que aún siendo chinos debemos contarlos como seres humanos) pero también es cierto que los obreros (aquellos que no tienen otra forma de sobrevivir que vender su fuerza de trabajo, trabajar para otros) son la mayoría absoluta del planeta, en una proporción mayor que nunca. ¿Cómo puede ser que los emprendimientos pequeños sucumban ante los más concentrados sin aumentar directamente los miembros de la clase trabajadora?

El resto de la nota lo explica. Es cuestión de atenerse al fetichismo de las formas. Impactados por un período particular de la historia del capital (el boom de posguerra, no más de 30 años) consideran obrero a quien reúne una serie de condiciones formales. Por eso afirman que “Los trabajadores dejaron de estar sujetos a un comando jerárquico, y se transformaron, por ejemplo, en pequeños empresarios independientes, o en vendedores de servicios a empresas también independientes” Una pregunta se impone, los vendedores senegaleses de las calles, los que cartonean con sus familias, los que viven del sostén estatal a cooperativas: ¿Son emprendedores o trabajadores?

La conclusión que deducen en FLACSO es “los cambios en el entorno alteraron su visión del mundo. El progreso dejó de ser social para convertirse en individual. El Estado, mayormente percibido como corrupto, pasó a ser quien lo obliga a pagar impuestos a cambio de servicios públicos deteriorados. Las huelgas y movilizaciones se transformaron en interferencias de tránsito

Pero cortar calles es impedir la circulación de mercancías de la misma manera que hacer huelga es impedir su producción. ¿es posible que alguien crea que la diatriba burguesa contra los cortes se debe a su preocupación por la movilidad de la población y no porque entorpece los negocios tanto como una huelga?

Es cierto que este aumento en el número de la clase trabajadora viene acompañado de un aumento en su heterogeneidad. Pero eso no constituye un impedimento sino un desafío. La política pregonada por Marx en el año 1848 sigue vigente, hoy, más que nunca: Proletarios del mundo, uníos!

Hasta aquí parecería una diferencia de interpretación. Diferencias sobre cuál es la medida en que una clase trabajadora cada vez más numerosa pero fraccionada puede unificarse contra el capital. Scaletta y los que le pasan letra opinan que la heterogeneidad de la clase trabajadora la aleja de la conciencia de sus intereses históricos (el socialismo), los marxistas opinamos que lo que tenemos que hacer es bregar en la conciencia obrera por ese programa.

Sin embargo esta consigna general de la unidad de los proletarios del mundo no está disociada de la aparición, ayer, de la nota firmada por Scaletta. Y esa nota explica que la diferencia no es de análisis sino de programa. Veamos. El diario en el que trabaja está en conflicto. Los trabajadores lo explican así: “Al cobro incompleto del salario de mayo y el pago en cuotas del aguinaldo y del sueldo de junio se agrega la situación crítica de la sección Fotografía, que ante el no pago de taxis –indispensables para ese trabajo– se encuentra virtualmente paralizada desde hace 48 horas, en un hecho inédito en la historia de esta publicación. Esa situación nos lleva a decidir una medida de fuerza contundente para exigir una urgente solución. En un contexto signado por la precarización laboral y ante reiterados incumplimientos del Grupo Octubre, la asamblea de trabajadores decidió parar hoy hasta el cierre y reiterar los quites de firma los días viernes, sábado, domingo y lunes.”

El Grupo Octubre al que se refieren es de Víctor Santamarina, sindicalista kirchnerista, empresario kirchnerista, explotador y negrero, presidente del PJ porteño y armador de la lista de unidad kirchnerista para las PASO, la que encabezan Filmus y Cabandié. Supura kirchnerismo por dónde se lo mire.

Como es notorio, no era necesario ir a investigar papers de FLACSO para entender lo que le sucede a la clase trabajadora. Los trabajadores de Página 12 están luchando contra su patrón que es peronista, su peor problema es ese. Y que muchos compañeros de ellos, los más peronistas como Rulo Dellatorre, Tuni Kollman, Mempo Giardinelli, carnerean. Son estos crumiros, estos esquiroles los que reflejan las condiciones atribuidas a los trabajadores por los investigadores en el artículo citados. No son los trabajadores registrados, los precarizados, los sub o desocupados sino ellos, los defensores de este orden los que se pueden ver reflejados en esta semblanza: “el individuo solitario que se identifica a sí mismo como ‘clase media’ y se siente ajeno a cualquier actor de naturaleza colectiva. La utopía liberal consumada en cada trabajador. Este nuevo sujeto es neoliberal incluso antes de interpretar la política o enfrentarse al mensaje de los medios masivos de comunicación. En la práctica, cree no deberle nada al Estado ni a nadie. Imagina que su sustento solo emana de su esfuerzo personal. La acción colectiva se le antoja arbitraria y sujeta a reglas donde imperan la inoperancia y el ocio. La asistencia social le parece injusta. Si él se esfuerza para obtener lo suyo, lo mismo debería esperarse de los otros. Su ideología refleja su rutina cotidiana” Ven en la clase trabajadora una deformación individualista irredimible porque proyectan en ella el programa burgués que defienden: el de la división de la clase trabajadora para marchar detrás de distintos patrones.

Scaletta se dejó encandilar por un espejo. Así como el ladrón cree que todos son de su condición, el rompehuelga también. El problema de la clase trabajadora no es su heterogeneidad, que se compensa con creces con su masividad, el problema son los que creen que alguna buena idea se puede divulgar a costa de joder a la clase trabajadora. El problema son los que creen que hay burgueses progresistas mejores que otros que no lo son. El problema de fondo es la ideología alcahueta de los patrones que se llama peronismo.

(Nota: La tapa del suplemento Cash en la que salió publicada y firmada la nota llevaba un sugestivo título: La industria de culpar al trabajador)

junio 26, 2017

Volver socialista al psicoanálisis

Filed under: General — cochinaesperanza @ 3:39 pm

 Sobre el libro Horizontes neoliberales de la subjetividad1 de Jorge Alemán, y la Izquierda Lacaniana

El apoyo electoral a Bossio, Urtubey, Insfrán o Pichetto (por nombrar algunos de los candidatos que no fueron cuestionados nunca) no obliga a la “izquierda lacaniana” a preguntarse nada sobre sus actos, porque se pueden amparar en la obediencia debida: quien no propone nada no es responsable de nada. Esta pasión por dejar la responsabilidad en otro es propia de todo el peronismo.

Ricardo Maldonado

Psicólogo – Razón y Revolución


“los llamados troskos, anti-intelectuales, simplificadores y que transmiten un marxismo escolar que reduce todo a lo mismo, funcionan en todas partes como funcionales a la derecha, incluso ahora con los propios argumentos de las corporaciones mediáticas.”

FB de Jorge Alemán, 13/1/2017

En 1893 Freud recorta las particularidades de la neurosis histérica sobre el fondo recién descubierto de la neurofisiología. Esa tensión es el fondo necesario para la existencia del psicoanálisis. La condición de surgimiento del psicoanálisis y su condición de desarrollo es la tensión entre el mundo y la subjetividad. La conciencia intenta dar cuenta del mundo y también de esta relación. Si no se pensara de este modo no habría teoría psicoanalítica, expresión consciente de ello. La izquierda lacaniana es un nuevo retoño de la ideología burguesa que surge de las entrañas del psicoanálisis para atacar al socialismo revolucionario y, como daño colateral -por ser refractaria a la verdad-, degradar la práctica psicoanalítica.

Nunca la burguesía detiene su batalla por la conciencia, por desterrar de ella la idea de una sociedad socialista. El miedo es una de las formas de esa batalla. La dictadura trabajó duramente para inscribirlo. El problema del miedo es su solubilidad en la desesperación, como ocurrió en 2001. Por esa razón es que además de la expresión subjetiva de la coerción (el miedo) los explotadores no dejan de trabajar para imponer formas más insidiosas de aceptación de la miseria capitalista. Por atar la imposibilidad de una sociedad socialista en la propia condición humana. Como esas ideas son erosionadas por las luchas se tienen que reformular una y otra vez.

Este artículo intenta delimitar cómo funciona al servicio del capital lo que se ha bautizado a sí mismo “izquierda lacaniana” (IL). No por la incidencia directa de la IL en las masas sino por su refracción en la construcción de una conciencia burguesa a través de las múltiples intervenciones del “campo psi” en la vida social. Aquel, “ni yanquis ni marxistas” del peronismo de los 70, que se traducía en el intento de exterminio de los revolucionarios, retorna en la izquierda lacaniana. Profundamente individualista, expresa un liberalismo chic y glamoroso que no cesa de atacar, vergonzante pero sistemáticamente, al socialismo y la revolución. Veamos.

Goce y plusvalía

En una clase de su seminario del álgido año 68 Lacan trae la referencia (imprevista) de un isomorfismo entre plus de gozar y plusvalía. Cuatro años después impone a su teoría de los 4 discursos –que ubica al sujeto por su decir- un quinto discurso (capitalista o del capitalista). Todo este armado es muy frágil ya que se sostiene en una equiparación insostenible. Lo real lacaniano es el resultado de la constitución subjetiva en una estructura que se llama edípica. En la relación con la madre el sujeto debe rechazar (y perder) ese goce incestuoso de ser el falo materno para constituirse en un ser en falta, lo real es aquello que asume distintos avatares como inaccesible a la completa simbolización, pieza de esta constitución de rechazo del goce incestuoso. Cada sujeto se juega su destino en una forma particular de recuperación de goce, de plus de gozar. No hay una recuperación general (social) de plus-de-gozar, es lo más íntimo y singular que podemos encontrar en la vida humana.

La sociedad es la organización común de los seres humanos para proveer la satisfacción de sus necesidades materiales, se define por relaciones entre los sujetos, cuya determinación fundamental es el tipo de relaciones de propiedad (y producción) vigentes en cada momento histórico. La plusvalía no es el excedente apropiado del trabajo ajeno en general, sino una forma particular de esa apropiación, propia de la sociedad capitalista, que se realiza a través del mercado. Esto implica que no consiste en la expropiación de un explotador sobre sus explotados, sino de la clase capitalista en forma general, sobre los trabajadores e incluso en la expropiación de los excedentes y la acumulación realizada por los capitales más débiles, menos productivos.

Uno (el sujeto) surge del conflicto edípico, otra (la sociedad) de la lucha de clases y sus revoluciones. Que la sociedad funcione igual al funcionamiento de los individuos, haría posible pensar que el ser humano funciona igual a sus células. Estos “saltos” (simplificadores y anti-intelectuales) no son otra cosa que la propia ideología burguesa velando la posición real de los explotadores en la sociedad.

Nada expone mejor estas ideas que el último libro del exponente máximo de la IL (por el reconocimiento que -a través de sus medios y sus cargos- le ha dispensado el capital) se despliega un ataque en toda la línea con aquello que constituye las bases del socialismo revolucionario, eso enhebra el conjunto de sus nociones. Bajo una cáscara de críticas al neoliberalismo se encuentra una sistemática batalla contra el marxismo. Y se supone a Marx un tipo con buenas intenciones, pero cuya obra es una serie de errores sistemáticos a la espera de los “correctores” lacanianos.

Un funcionario (burgués) desmiente a Marx

Sería bueno no olvidar, antes de cualquier otra consideración, que el autor del trabajo que comentamos, detrás de sus embestidas contra el “trotskismo”, en realidad llora la pérdida de su condición de funcionario burgués.2 Desde allí tenemos que entender el sentido de sus críticas, muy extensas, por cierto. La ley del valor trabajo, la sociedad como sociedad de clases antagónicas, la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, el carácter de clase del estado, la definición de clases sociales por las relaciones de producción y la dialéctica son cuestionadas. El ataque no es sistemático sino repetitivo, no constituye un todo coherente sino insistente. Parece buscar, al estilo de los mantras, efecto por repetición, obviando cualquier esfuerzo por demostrar o probar empíricamente sus afirmaciones.

Frente a la producción de riqueza en la sociedad y el fundamento del valor que se expresa en la teoría marxista del valor trabajo. El trabajo que se incorpora a las mercancías, ese valor que no es pagado y es apropiado a través del mercado, esa es la explotación: la plusvalía es la porción de trabajo que la clase capitalista no paga y luego se apropia mediada por el mercado. Bien, ya no es así: “Al haberse roto la relación establecida por Marx entre el Capital y el trabajo, ya no se explota al trabajador para producir plusvalía sino que, más bien, se lo condena a producir plus de goce” (p. 112). Entonces, “el secreto del Capital es la subjetividad, y el verdadero botín de guerra del capitalismo contemporáneo es el sujeto” (p. 36). O sea, el capital no quiere el trabajo de los trabajadores sino apropiarse de su subjetividad para hacerlos gozar. Ya no apropiarse de una porción del esfuerzo productor de riqueza sin retribuirlo, sino empujar al trabajador al goce. ¿Pruebas, demostraciones, datos? Niente.

Esta explotación del trabajador realizada en el mercado por la vía de la competencia genera un problema en el sistema capitalista: la ley de tendencia decreciente de la tasa de ganancia. La propia acumulación del capital, al incrementar la productividad del trabajo, ataca la tasa de ganancia. Para Marx las crisis capitalistas son fruto, entonces, de su misma lógica y afectan a la sociedad de conjunto, al destruir no sólo las condiciones de vida del trabajo sino también a sectores completos del mismo capital que se han vuelto obsoletos. Pero para Alemán Marx también se equivocó en esto. No es la tasa de ganancia lo que guía al capital y produce sus crisis sino que estas no existen porque: “El discurso capitalista se caracteriza fundamentalmente por autopropulsarse desde el interior de forma ilimitada, de manera tal que no conoce crisis por más que haya catástrofes sociales, ni conoce ningún límite que pueda verdaderamente interrumpir lo que Lacan considera el movimiento circular del capitalismo” (p. 33). La IL insiste en que no hay crisis ni problemas de acumulación y ganancias sino maldad: los capitalistas son gente muy mala. La maldad porque sí, la maldad al punto de no importarle si se perjudica a sí mismo. Hasta los malos guionistas de Hollywood deben incluir en sus tramas algún contacto de los villanos con la realidad material. No así la IL.: “Hoy se extiende un odio que no consiste en lo que creyó Marx, ‘las aguas heladas del cálculo egoísta’. Porque el egoísmo al final está aún interesado en sí mismo. El problema es el que está interesado en el mal de los otros. Y que lo está de tal modo que es capaz de hacerse un daño que lo extinga con tal de que los otros se perjudiquen para siempre, con tal de que los otros pierdan finalmente lo que deben perder” (p. 113). Por ejemplo, la caída del avión que llevaba al Chapecoense no se debió al afán de lucro, a la falta de competitividad de los pequeños capitales compensada con superexplotación y riesgos, sino que el presidente del club y el dueño de la empresa de charters, llevados por su odio, prefirieron morir en su maldad radical y su vocación por hacer desaparecer al otro.

Para seguir atacando al socialismo y la revolución, la IL debe cuestionar la existencia de las clases sociales y el mundo en que estas actúan. Y siguiendo la misma lógica aquí aparece otro revolucionario que no sabía bien lo que hacía y necesitó de Jorge Alemán para que pusiera las cosas en su lugar: “Gramsci había considerado de una manera muy determinante la importancia de los bloques culturales, había perfectamente entrevisto la emergencia de nuevos actores sociales que no venían de entrada constituidos, sino que había que articularlos: intelectuales, burócratas, etc. pero no había dado este paso radical que es concebir la realidad desde el lenguaje (…) Ese lenguaje que estructura la realidad”. No entendió Gramsci que los sectores de clases son “figuras de la subjetividad” (p. 35): el “inempleado estructural”, “el deudor crónico”, “el empresario de sí mismo”, “el experto”. No son relaciones sociales sino figuras de la subjetividad. Y entonces, disuelto el mundo real del trabajo y las clases, las únicas figuras colectivas de la sociedad son la masa y el pueblo. La masa tonta e identificada al líder. Y el pueblo “construcción impredecible de la expresión equivalencial de las distintas demandas” (p. 20). Esta teoría explica en parte el triunfo de Macri. Cambiemos fue el significante equivalencial que expresó múltiples demandas, o sea que “constituyó un pueblo macrista” y explica casi cualquier éxito electoral pensado en el plano del discurso, luego será la realidad de la vida material el fundamento de las demandas y la relación de esas demandas con los intereses de las clases las que le otorguen su sentido, su dirección al montaje discursivo.

Tanto trabajo de destrucción del pensamiento materialista llevó a la crisis “depresiva” de los simpatizantes del FPV que sólo podían atinar a explicar su derrota por unas masas de estúpidos que son llevados como corderos por los medios. Mucho más dramática es la situación actual en la que ven cómo la expresión de la bronca por el deterioro de las condiciones de vida supera y derrota al conjunto de los medios del establishment en Inglaterra con el Brexit, en EEUU con Trump, en Colombia e Italia con el NO. Al abominar de la dialéctica y el materialismo no le es posible captar que un rechazo legítimo puede tener una expresión coyuntural retrógrada.

En este alineamiento con la burguesía no podía faltar la defensa del Estado que garantiza la explotación, el estado burgués. Por un lado es necesario elogiar la revolución (“Nada de lo que ocurrió en mi generación se explica sin la Revolución Cubana. […] Pasarán siglos y seguirá siendo una sorpresa, la vocación emancipatoria e internacional de esa pequeña isla anudada a los últimos nombres propios de la Revolución”3) para, acto seguido, cuestionar este ejemplo, inconsistente con la defensa cerrada del capitalismo. Entonces JA propone lo opuesto a Cuba: “el horizonte democrático lo veo irrebasable” (p. 68). Y es irrebasable porque siempre estamos amenazados por el golpismo: “El capitalismo cada vez necesita menos de la democracia” porque “funciona como un estado de excepción sin golpe militar” (p. 79). Nótese que esta concepción es en sí totalitaria: todo el que quiere ocupar nuestro lugar (eso y no otra cosa es la lucha política), es “golpista”. No es el único “izquierdista” que acepta la tesis del golpismo fundado en la teoría de los dos demonios (la democracia es quebrada por la provocación de los demonios izquierdistas, y no porque el estado burgués consiste en sí mismo en dosis variables de coerción y consenso, según convenga). Su empatía con Ernesto Sábato culmina en esta frase tan republicana “No creo que haya que olvidar que los proyectos revolucionarios fueron trágicos e implicaron millones de muertos” (p. 75). Retoma aquí la clásica argumentación burguesa de atribuirle a la lucha la causa y el fundamento de la represión.

No es suficiente con atribuir a la perspectiva revolucionaria la responsabilidad por las masacres, también hay que atribuirle a las masas la responsabilidad por la imposibilidad de combatir al capital (lo que justifica las alianzas burguesas). El argumento es muy viejo, consiste en señalar que las masas oprimidas no viven de acuerdo a una racionalidad perfectamente consistente con su situación social. La IL se queja porque al comienzo de la batalla por la conciencia, esta batalla no esté resuelta victoriosamente. La sofisticación es introducir el goce de los pobres (del goce de los que poseen medios no hay una sola palabra en los textos de IL, sectores que, dicho sea de paso, son los que dan de comer a los psicoanalistas):

“Una verificación política que para mí tiene este problema es la siguiente: cuando uno era militante en los 70 iba a las villas y podía aceptar la definición de Marx de que la pobreza era la no satisfacción de las necesidades materiales. En cambio ahora lo que se ve es una inflación de goce. Esto es: el eclipse de lo simbólico. En otras palabras no hay tramas simbólicas que permitan articular ese goce. Pero hay armas fabricadas, marcas falsas, drogas de todo tipo, plasmas” (p. 72).

Este es el punto más canallesco y coincide perfectamente con la opinión de la derecha más rancia.

Un problema que aqueja a cada corriente que niega el mundo real es la de intervenir, precisamente, en el mundo real. Para la IL este problema se resuelve de tres maneras, todas impotentes: obedecer, abstenerse, postergar. Cuando las desmoralizadas huestes K se proponían (desconociendo su extrema debilidad) afiliarse y copar el PJ a principios del 2016, la sugerencia de Jorge Alemán fue esperar al diario de lunes. Si va a suceder esto habría que actuar así, y si va a suceder otra cosa habría que actuar de otra manera

“La afiliación al PJ sin estas premisas innegociables es volver a la vieja política. […]. Si estas dos cuestiones se realizan del modo conveniente y es el PJ, el peronismo, el que las puede asumir, bienvenido sea una vez más el peronismo del siglo XXI. Si no las asume será un proyecto débil de entrada y entonces más que entusiasmarnos en ganar unas elecciones a cualquier precio sería mucho más importante construir una organización política preparada para radicalizar la transformación política que el kirchnerismo comenzó”.

¿En qué quedamos? ¿Afiliamos o no? Siguiendo a Borges, para Alemán la inacción es la cordura.

Si la situación no admite quedarse al margen, se obedece al que manda. Lisa y llanamente se obedece. El apoyo electoral a Bossio, Urtubey, Insfrán o Pichetto (por nombrar algunos de los candidatos que no fueron cuestionados nunca) no obliga a la IL a preguntarse nada sobre sus actos, porque se pueden amparar en la obediencia debida: quien no propone nada no es responsable de nada. Esta pasión por dejar la responsabilidad en otro es propia de todo el peronismo, que por esa razón tiene su día de la lealtad: para neutralizar la omnipresencia del traidor.

Por último, se propone una militancia del orden abstinente: “trato de indagar en una figura de desconexión de la maquinaria capitalista que Lacan formuló y que llamó ‘santo’. Considero que puede pensarse como un nuevo tipo de militancia aunque todo esto de modo conjetural” (p. 73). Uno tiene derecho a preguntarse qué es esto. Ahí va: “entiendo que mi planteo quizá sea más difícil de llevarlo a las prácticas políticas, pero lo que define para mí verdaderamente un evento o un acontecimiento colectivo es la Soledad: Común” (p. 70). El acontecimiento es lo que une en la imposibilidad. A más de un siglo del ¿Qué hacer?, la IL responde con un sonoro: “No tenemos puta idea de qué hacer, pero nos encolumnamos detrás del peronismo”. El peronismo es la Soledad: Común, y José López encarna la figura del Santo laico. Daría risa si no causara repulsión.

Nada de este despliegue tiene una referencia al mundo real, a la economía, las clases o al menos a la realidad institucional. Los textos oscilan desde lo que se “cree” o “piensa” a lo que es “evidente”, es “un hecho” o está “demostrado”, sin que se nos señale dónde, cómo o por quién. Alemán aclara que no coincide plenamente con ninguna fuerza política porque “no creo que haya realidad que vaya a coincidir con lo que estoy pensando” (p. 75). Es una declaración, de principios y metodológica, que casi nos eximiría de comentarios, salvo porque personas que presumen de inteligencia proceden de la misma forma. Es extraño suponer que la realidad deba coincidir con lo que pienso, en lugar de realizar un esfuerzo por pensar (y actuar en) la realidad tal como es. Pero para un pensamiento que está fundado en la negación de todo conocimiento de la realidad, cambiar algo de ésta última es imposible.

Al revés

El lector convendrá conmigo en que resulta difícil entender quien se traga toda esta tontería. Es decir, ¿para quienes escriben los “intelectuales” de la IL? Primero que nada, para psicólogos. De los 80.000 psicólogos que hay en el país, una parte se encuentra ubicada en el primer decil de ingresos. Ese sector y los que aspiran a él pueden ver con simpatía una ideología que los exime buscar la unidad con otros colegas y el resto de la clase trabajadora. Ese privilegio relativo los aleja del conjunto de los psicólogos y psicoanalistas que viven una situación de precarización absoluta, trabajos ad honorem, exigencias en aumento, chocando con la degradación social en cada paciente, cada día. Parafraseando a Freud, se da un clasismo de las pequeñas diferencias.

Las numerosas citas evidencian la condescendencia con el capital real (al módico precio de demonizar una versión parcial y pueril del mismo), que contrasta con la oposición absoluta al socialismo en todos los aspectos. Si, como declara abiertamente JA, su “intención es volver lacaniana a la izquierda” (p. 66), lo que significa volverla un apéndice de la burguesía y su ideología, los psicoanalistas no debemos retroceder en la tarea opuesta: volver socialista al psicoanálisis.

Notas

1Alemán, Jorge: Horizontes neoliberales de la subjetividad, Editorial Grama, Buenos Aires, 2016. Todas las referencias en el texto corresponden a este libro, salvo aclaración.

2Alemán ha sido funcionario del Estado (agregado cultural de la embajada argentina en España), asiduo disertante en cuanto foro o encuentro ha organizado el gobierno kirchnerista y publicado con frecuencia en Página 12 y otros medios de la burguesía. También ha sido frecuente expositor y ha publicado en el principal agrupamiento lacanaiano en Argentina, la EOL (Escuela de Orientación Lacaniana) aunque ahora encuentre resistencias –por derecha- a su presencia.

3Texto publicado por Alemán en Página 12 ante la muerte de Fidel Castro


No me defiendas, por favor. Sobre la respuesta de Eduardo Grüner a Jorge Alemán

En enero Alemán escribió en Página 12, un ataque al FIT. Eduardo Grüner le respondió desde la revista Topía. Lamentablemente, Grüner responde desde la perspectiva más favorable a la burguesía. En principio porque lo hace desde el individualismo: “Lo hago en mi propio nombre, como hombre –o individuo, si se quiere decirlo así- de izquierda que, sin pertenencia orgánica a ningún partido, ha apoyado al FIT.  A esto sigue un tono tan amable que no escandaliza cuando llega a decir que “grosso modo estamos del mismo lado.

Esto no es extraño ya que el mismo Grüner remarca su “genuino aprecio personaly agradece las invitaciones recibidas para concurrir a España, mientras Alemán era agregado cultural de la embajada junto a otros intelectuales kirchneristas. Relaciones que no son más que la continuidad de la presencia de Grüner en la Carta Abierta fundacional del grupo kirchnerista que se hizo famoso con ese nombre.

Aún desde una perspectiva tan dubitativa (la organización es necesaria pero actúo a título individual, hay una frontera anticapitalista pero estamos del mismo lado con el peronismo, me sitúo en la ortodoxia anticapitalista pero también en “los modos contemporáneos de emancipación”, como reza la primera Carta abierta en la que estampó su firma), Grüner no puede dejar de mencionar “la sorprendente arrogancia, (con que Alemán) nos indica a los “izquierdistas”, en pocos renglones, lo que debemos leer, pensar y hacer para interpretar y transformar el mundo.”

Frente a la arrogancia ofensiva del intelectual burgués, Grüner responde explicándose en lugar de reclamar explicaciones. Leyendo la respuesta parece que el principal problema fuera la arrogancia y no el papel objetivamente (sin comillas) pro-burgués de la actividad política de Alemán. Leyendo la respuesta parecerá que realmente existe algo como los “modos contemporáneos de emancipación”.

Las complicidades y lazos de familia entre intelectuales suelen ser el caldo de cultivo de estas polémicas amables, defensivas, a medias. Hay muchas formas sutiles de resignar la independencia de clase. Una de ellas es aceptar una supuesta obligación de los explotados de dar cuenta de todo, de demostrar su superioridad moral, intelectual, a sus verdugos, quienes se creen con derecho a actuar como juez de las pretensiones de los dominados. Cuando en realidad es a quienes conducen este mundo de penurias y horrores a quienes siempre y cada vez hay que pedirles explicaciones, con el sólo objetivo de desnudar que no tienen ninguna explicación, ni solución posible. Claro, difícilmente pueda hacerlo quien se considera del mismo lado que gente como Jorge Alemán.

mayo 1, 2017

Ahora el 1° de mayo no es como los del siglo XX

Filed under: General — cochinaesperanza @ 4:23 am

Cuando el movimiento obrero decidió establecer el primero de mayo como día internacional de lucha el mundo era muy distinto. En un océano de oprimidos, los asalariados constituíamos una paradoja: una minoría con el único programa para la liberación humana. Los otros sectores explotados y oprimidos (pequeños comerciantes, profesionales liberales, campesinos, etc.) proponían soluciones particulares a su situación. Durante más de un siglo el 1° de mayo fue la fecha en que la clase trabajadora exponía su unidad y su rojo programa al conjunto de los oprimidos, proponiendo su liderazgo en la lucha y su programa hacia el futuro.

Si bien el mercado mundial existía y las relaciones predominantes eran capitalistas, eso no significó automáticamente que la mayoría de la humanidad estuviera ya bajo relaciones asalariadas. De tal manera que el siglo XX fue el siglo en el que los trabajadores buscaron denodadamente la solución al problema de las alianzas y los frentes de los explotados y oprimidos. El bolchevismo encontró una respuesta adecuada (adecuada porque cuajó en la revolución de Octubre, medida real del acierto revolucionario) Fue la respuesta concreta a la situación concreta de la Rusia de 1917, un avanzado núcleo obrero en un mar de aspirantes a campesinos. Hoy podemos ver que cada tradición revolucionaria es la extensión más o menos feliz de la solución exitosa en un caso concreto a esta dificultad ¿cómo hacer la revolución obrera y socialista con masas explotadas pero no asalariadas? A esto responden el trosquismo (revolución permanente) y el estalinismo (revolución por etapas), el maoísmo (guerra popular prolongada del campo a la ciudad) y el guevarismo (el foco revolucionario), y cada tradición de izquierda propuso una solución a esta pregunta ¿Cómo y con quién hacer la revolución?

Esta pregunta fue respondida también, no podía ser de otra manera, por quienes no querían ninguna revolución. La respuesta se llama reformismo, y en nuestro país la encarna el peronismo. La respuesta es que la clase trabajadora no debe encabezar ninguna transformación (la “columna vertebral del movimiento” no piensa, lo sabe cualquiera por poco que haya estudiado anatomía) y su salida es inversa: ahora (y no se sabe hasta cuándo) los asalariados deben unirse a un sector de la patronal, el más débil e ineficiente, para luego, si esos parásitos llegaran a crecer, enfrentarlos.

El final del siglo XX mostró el agotamiento definitivo de las experiencias revolucionarias que no lograron ni en la oleada del 20 ni en la del 70 extender la revolución a escala internacional. Y también la superación definitiva de esa multiplicidad de capas y clases oprimidas y explotadas. No porque no existan de manera absoluta, sino porque la revolución de la tecnificación agraria invirtió esa dificultosa conformación social que era la tarea de los revolucionarios del siglo XX. Hoy el proletariado es mayoría absoluta y relativa de la población mundial y es, además, una masa asalariada urbana.

Entonces las tareas son otras, y las dificultades también. No se trata de hacer alianzas con aliados que primero habría que hacer existir. Sino de combatir en el plano político a esos fantasmas para lograr la tarea de la hora: la unidad de la clase trabajadora tras su programa general: el socialismo. Se trata de unir a las masas que la tecnología expulsa de la producción (mientras su producción y productividad crece), a esas contenidas en trabajos y formas de reproducción degradas, a esos que se encuentran dentro del trabajo productivo, en negro o registrado, a esos que aún creen que no son asalariados porque persisten en su mente los reflejos de un pasado que parecía venturoso. Se trata, ya no de la unidad de las clases expoliadas con su principal vocero, los asalariados, sino de la unidad de todos los que objetiva y directamente comparten una única solución: la apropiación del poder estatal para la socialización de los medios productivos.

Cómo la tarea no es la unidad de diversas clases, sino la unidad de la propia clase, la pícara burguesía (que no por nada lleva varios siglos dirigiendo el mundo) se anticipa a trabajar en su contra: apostando a las identidades y oposiciones. Los proletarios y subocupados rurales son campesinos o indígenas, los desocupados o subocupados urbanos son choriplaneros, los trabajadores registrados son privilegiados sin solidaridad, los trabajadores que nacieron en otra latitud son bolitas, paraguas, chilotes, tal como nosotros somos sudacas para los gallegos que son africanos para los alemanes, o promover la identidad villera contra la piquetera, y así se trata de avivar la grieta entre trabajadores, que evite la visión de esa otra, la única grieta objetiva y verdadera: la que une de un lado a todos los trabajadores de cualquier lugar del mundo (comenzando por los que estamos en nuestro país) y todos los explotadores del otro, sin distinciones, ni detalles menores. Por eso este primero de mayo y los que vengan son distintos. Porque para estas reuniones tenemos una tarea. Prepararlas haciendo sentir a todos que es un encuentro en su propia casa. Esta es la casa en que debemos proponernos habitar: la unidad de todos los trabajadores tras el programa que excluye a los parásitos de la organización y los privilegios de la sociedad, el socialismo.

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