Cochinaesperanza’s Weblog

septiembre 8, 2017

La izquierda lacaniana, festín de zombies

Filed under: General — cochinaesperanza @ 8:32 pm

 

“como dice el mismo Alemán en un libro, que la izquierda marxista debe elaborar un duelo, el del fin del marxismo, vía Lacan. Esto implica pensar que el capitalismo no es una forma de relaciones sociales, sino que se transforma en un discurso, lo que podríamos llamar al día del hoy, relato. Lo que importa son los relatos, lo que se dice, no los hechos”

Escribió Alejandro Vainer (Revista Topía) en Perfil y Jorge Alemán escribió prestamente en su FB:

Una de las simplificaciones más burdas desde el punto de vista teórico y político que he confirmado en distintas situaciones por parte de ciertos sectores de la autodenominada izquierda argentina es que Ernesto Laclau y por consiguiente yo mismo pretendemos reducir el modo de producción Capitalista a un mero relato. La confusión no es inocente, de este modo esquivan todos los problemas abiertos por el posmarxismo, especialmente el de la materialidad del lenguaje y la teoría del sujeto, para luego reducirnos a nuestra elección política de coyuntura, ya sea el kirchnerismo o Podemos .El trabajo de “duelo” con el programa metafísico de la revolución se insinuó en Trosky y se radicalizo con Gramsci

En pocos renglones un compendio de inexactitudes para esquivar el supuesto problema, que le atribuyen una posición que no sustenta en sus escritos.

Sería interesante que los peronistas dejen de encontrar los problemas que aquejan a la izquierda marxista para buscar un poco lo que tapa de ignominia a la corriente en la que se filian (¿es muy atrevido el término?), la corriente en la que se referencian sus “legados y tradiciones”: el peronismo. El duelo en juego es el duelo que va desde “la vida por Perón” (juvenilmente coreado por Alemán) a la vergonzante fórmula de “elección política de coyuntura” cuyo destinatario sigue siendo el mismo.

No deja de ser sorprendente que alguien que “evolucionó” del peronismo al posmarxismo señale que debería hacer la izquierda marxista. Esa impostura explica mucho. Es el drama del “intelectual” peronista. El marxismo es profundo y complejo, se referencia en la vida material, en la estructura social. Para rebatirlo hay que argumentar y para eso hay que tener con qué. A falta de argumentos y referencias, se declara que todo es evidente (una de las palabras más repetida en los libros de Alemán para justificar ocurrencias) y se da por muerto al contrincante. Y, además, se le cuestiona demorar el duelo.

Por eso es mejor proponer a los compañeros posmarxistas, duelistas y lacanopopulistas, un concurso, un juego: encontrar una página de Alemán que permita creer que no dice que el capitalismo es un relato. Un fragmento en que se tome en cuenta al capitalismo como sistema económico. Unas líneas dónde no se hable de evidencias para justificar los planteos sino que se ponga esas evidencias a disposición del lector. Unos párrafos dónde se mencionen actores reales (clases) y no caprichosas figuras discursivas (inempleado estructural, empresario de sí mismo) Para no discutir cual es más metafísico de los programas en abstracto proponemos encontrar una exposición física (económica) de las poéticas afirmaciones de Alemán y su izquierda lacaniana. Participar del concurso sería dejar de victimizarse.

“Me hacen, lo que hace la derecha, hacerme decir lo que no dije nunca” se victimiza Alemán, en cambio. Aclaremos los tantos, el que repite el discurso de la derecha es Alemán. Cada derrota de la clase obrera ha sido seguida de un corifeo de intelectuales cuya inteligencia era descubrir la “muerte del marxismo” y prescribir el duelo necesario. Siempre prestos a repetir el libreto burgués. Entre Alemán y Fukuyama, sólo hay una diferencia: uno escribe luego de la caída del Muro, otro luego de la caída de De La Rúa, ambos piensan lo mismo.

En 1871 la derrota de la Comuna de París motivó la misma desbandada de los intelectuales franceses. Se alejaban de los trabajadores y del socialismo como de una peste. De haber seguido Lenin el derrotismo de los intelectuales, de haber enterrado y hecho el duelo por las ideas marxistas, socialistas (para apoyar “elecciones políticas de coyuntura” seguramente) ¿Qué partido habría estado al frente de los soviets para avanzar hacia el socialismo?

Se cumplen 100 años de la Revolución de Octubre. Lo más importante no es que se conmemore un siglo, lo crucial es que ese número nos recuerda que la causa de la clase trabajadora no se mide en la pequeña escala de las vidas individuales, de la acotada experiencia de cada ser humano. Han pasado más de una decena de miles de años desde la aparición de las sociedades de clase. Menos de medio milenio desde el surgimiento del capitalismo. Ni siquiera 150 años desde la primera experiencia de gobierno de los desposeídos. Un siglo exacto de la primera revolución triunfante. No es la corta experiencia vital de cada uno de nosotros la medida de nada, la sociedad nos precede, nos incluye y nos excede. Y la vitalidad del socialismo no depende de la pigmea pretensión de verlo con mis propios ojos. La clase obrera ha combatido, ha triunfado y ha sido derrotada para volver a ponerse de pie, en una lucha que no tiene plazo fijo.

En cambio nosotros no le vamos a pedir a los peronistas que hagan el duelo por su militancia, sus legados y sus tradiciones porque ellos son parte del imaginario de esta época poblada de series y películas de zombies. Nadie les puede negar que sigan con su muerto vivo que les come el cerebro. Al fin y al cabo, a juzgar por sus escritos, no parece que lo quieran usar mucho.

 

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agosto 21, 2017

A los poslectores de Página 12

Filed under: General — cochinaesperanza @ 7:21 pm

Luego del triunfo macrista en las PASO y aquietada la febril exaltación sobre la manipulación de la información que no pudo ocultarlo, la necesidad de encontrar la vuelta al asunto por parte del kirchnerismo derrotado se hizo sentir. La fuerza que gobernó el país durante doce años, que cedió el gobierno hace menos de dos (durante los que se produjeron tarifazos, despidos, represión e inflación) colocó a su líder a disputar un cargo menor y apenas empardó en su distrito y cuasi se extinguió a nivel nacional.

El director de Le Monde Diplomatique, José Natanson, insospechado de antikichnerismo, escribió una nota de opinión sobre el resultado electoral. No deja de llamar la atención el clima que devela la nota (publicada en Página 12, del burgués sindical peronista Santamarina). Un comentario que implique algún reconocimiento de algún acierto de quienes acaban de ganar por parte de quienes acaban de ser derrotados requiere, en el impiadoso mundo de la represión ideológica peronista, abundancia de disculpas (“Esto no implica, aclaremos nuevamente, una evaluación positiva”, “Antes de que lluevan los tomates, aclaremos” etc.) De poco sirvió, porque lo que era opinión se hizo de inmediato “debate”, es decir salieron los cruzados K a explicar que el mundo está equivocado, y Natanson también.

No es cuestión de formas, sino de contenidos. Si este muchacho que participó del mundo comunicacional de la década ganada (Eric Calcagno de Le Dipló fue multifuncionario del kirchnerismo) debe abrir el paraguas tantas veces para mencionar que quizás hay alguna razón para explicar la derrota, se infiere cuál es el clima kirchnerista para los disidentes. El pecado de la nota es haber expresado la siguiente idea: “El macrismo no es, por recurrir a la fórmula de Ricardo Forster, una anomalía, un accidente o un golpe de suerte; es una fuerza potente que se encuentra en el trance de construir una nueva hegemonía”

Cosechó respuestas rápidamente, su nota fue el 17 y el 21 de agosto ya lo habían hecho por duplicado. Primero un académico. El ex decano de la FFyH de Córdoba sacó a relucir a Marx y Freud. Siempre resulta simpático que los cultores del pensamiento nacional rebusquen en Marx lo que es imposible encontrar en el páramo peronista: ideas. Menos simpático resulta que lo distorsionen y a sabiendas. Cita Tatián una carta de Marx de 1843 en la que este se refiere a la vergüenza. “La conjetura de una vergüenza revolucionaria (extendida sobre una “nación entera”) por quien sería el más grande pensador materialista de la transformación social, incursiona con ella en la trama afectiva en la que se inscriben las sociedades y los comportamientos colectivos, quizá tratando de hallar –luego ya no volverá a intentarlo– un afecto de eficacia política impredecible” también dice que Marx “revela aquí la potencia de un enigma, que casi de inmediato retrocede y se desvanece para que prospere el “estructuralismo” maduro donde las pasiones y los sentimientos sociales ceden paso a la materialidad de las fuerzas en conflicto

Si la cita de autoridad es una manera de trampear el debate, la cita de autoridad falsa es una argucia deleznable. Estas citas son el amigo judío del racista, que por su excepcionalidad expresa lo contrario de lo que afirma. Tatián se debate entre su narcicismo y su lealtad a quien le da de comer. Debe decir una estupidez pero no quiere quedar por estúpido, Entonces recurre a Marx, pero no quiere quedar expuesto ante sus pares y reconoce que esto no es lo que Marx piensa (“luego ya no volverá a intentarlo”, “casi de inmediato retrocede”) Se recurre a Marx para que diga lo que Marx no dice. Y justamente porque Natanson en una medida muy austera y timorata está diciendo algo que si tiene un eco materialista. Por ejemplo que “la decisión de no recortar el gasto público ni recurrir al despido masivo de empleados estatales, junto a la promesa de no reprivatizar las empresas públicas (ni siquiera aquellas que, como Aerolíneas, generan pérdidas), marca un contraste con los 90” es decir: busquemos la explicación en la realidad. Frente a esto, se apela aun sentimiento, en este caso un sentimiento que aún no se manifiesta.

Tatián insiste, ahora con Freud: “La enorme y evidente eficacia de las antropotécnicas en curso vuelve vetustas las viejas “armas de la crítica”, y su comprensión excede asimismo lo que proporciona el –por lo demás imprescindible– análisis politológico que se atiene rigurosamente a los hechos y los datos duros. El ensayo freudiano de 1919 sobre “El hombre de arena” de Hoffmann quizá proporciona una clave importante, aunque debamos apartarnos de su sentido estricto y tomarlo con cierta libertad, para pensar un “siniestro social” –e incluso histórico– que afecta a los cuerpos con su oprobio contundente y vago al mismo tiempo, y cuya explicación desborda los avatares de la vida psíquica” Otra vez lo mismo: damos por obsoleta las armas de la crítica apoyándonos en Freud que dijo otra cosa (sus textos se refieren al sujeto, niega categóricamente que el psicoanálisis sea una cosmovisión) pero Tatián (otra vez) “(se aparta) de su sentido estricto y (lo toma) con cierta libertad

Ya justificado en lo que no es propio de Marx ni de Freud, hace sus números “dos de cada tres argentinos rechazan el orden que busca imponer el macrismo” lo que también significa que 6 de cada 7 argentinos eligen una opción distinta al kirchnerismo, o que 2 de cada 3 que rechazan al macrismo no ven al kirchnerismo como la alternativa a aquel.

Luego de citar mal y sumar peor, pone en vereda a Natanson. “Más que sucumbir a la fascinación intelectual por la eficacia de las nuevas técnicas de dominación” (eso es lo le adjudica al artículo criticado por haber mencionado algún mérito a la campaña PRO) “es preciso seguir pensando el acontecimiento al que alude la metáfora del salto del león (…) Aunque nunca sepamos cuándo “el león se dispone a dar el salto”, ni siquiera si va a darlo efectivamente, podemos intentar hacer lo mismo que hacía Marx: detectar lo que aún no se ve, “recolectar señales” y aguzar el oído”

¡Y otra vez la tergiversación de Marx! Marx estudiaba la realidad, no “el acontecimiento al que alude la metáfora”.

Luego lo destrata María Pía López, “Estamos ante una nueva derecha, que conjuga entonaciones sensibles a la vida popular con énfasis represivos que hereda de las antiguas dictaduras” el horaciogonzalismo comienza por decir difícil que toda hegemonía se construye con dosis variables de represión y consenso. Luego destaca la construcción populista de Macri al decir que sus votantes “aceptan una cadena significante que articula política con mafia” (en términos de Laclau el populismo crea un pueblo al articular demandas parciales con significantes que las sintetizan) y si esto ocurre quizás sea porque como mencionó Natanson y repite López: “Vidal tiene el mérito de decir que esos problemas son problemas”  lo que sugiere que antes de Vidal muchos problemas existían pero no se podía decirlos.

Casi parece que ha llegado cierto momento de sentido común pero no. Porque otra vez la realidad del resultado electoral y el país en el que ocurre es dejada de lado para volver a poner el acento en el fraude: Que “en este caso arrastra la violencia del racismo, hay votos que no se cuentan porque esos cuerpos no cuentan. La idea de números ilegibles y de telegramas confusos repone en el imaginario la vieja tradición de la voz incomprensible del bárbaro. Son desechables (…) Recordarnos que como todo es puesta en escena nada vale. (..) El macrismo no es democrático. Es post democrático. (…). Es post democrático como hay post verdad en su discurso. (…) Se discutió en estos días si estábamos ante una nueva hegemonía. No lo creo. Las urnas dejan la evidencia de una sociedad transida de tensiones y disputas.

El intento de Natanson es coartado por una razón simple: la grieta. La grieta que abriría en el monolítico relato kirchnerista la posibilidad de pensar que la realidad pueda no coincidir con él. La grieta de reconocer que en su década ganada (en lenguaje horaciogonzalista) “estuvimos ante una nueva versión peronista, que conjugó exageraciones sensibles a la clase media seudo ilustrada con énfasis distributivos que heredó de la inusual renta de la tierra”. Entonces, a un tibio intento, apenas, de pensar que pasa en la realidad, se le cierra el camino recurriendo a la vergüenza que no se ve, la posverdad y la posdemocracia. Supongo que los lectores de Página 12 se pellizcarán cada dos páginas dudando de su existencia, temiendo haber pasado a la categoría de poslectores o esperan “el acontecimiento al que alude la metáfora”.

Aunque también es posible que se encuentren en la última estación antes de elegir entre el apoyo a una farsa llamada peronismo o el respeto por su propia inteligencia.

julio 11, 2017

El peronista neoliberal

Filed under: General — cochinaesperanza @ 10:45 pm

Para gran parte de quienes confiaron en el peronismo la derrota del 2015 debe ser calificada de irracional. Cualquier explicación obliga a reconocer los aspectos negativos del “modelo”. Y, precisamente, el relato que sostuvo al modelo es la supresión sistemática del reconocimiento de cualquier aspecto negativo, de lo que surge una pura auto afirmación sin crítica.

En el día de la Independencia Claudio Scaletta escribió y firmó una nota en Página 12 que tituló El trabajador neoliberal. Sostiene, en la línea antedicha, que es inquietante que sectores del empresariado vinculados al mercado interno hayan apoyado a Macri, pero mucho más que lo hayan hecho “una porción extendida de trabajadores

Esta petición de principio, responder a una pregunta antes de formularla, es fuente inagotable de errores. En la elección del 2015 hubo dos contendientes, uno pertenecía al partido que había ganado las tres presidenciales anteriores, gobernado los últimos 12 años y que había obtenido en las elecciones del 2011 el 54% de los votos contabilizados. El otro era el candidato de una alianza encabezada por un partido que en esa elección (2011) ni siquiera presentó candidato propio. Sin embargo la pregunta siempre se formula en el sentido que exige la respuesta previamente concebida: ¿Por qué más de la mitad de la población eligió a Macri? Los datos mencionados hacen más lógica la pregunta siguiente: ¿Por qué el FPV perdió el 30% de sus votos en cuatro años? En realidad destruir su inmenso caudal electoral le había llevado a CFK 24 meses, ya que en 2013 el FPV no había llegado al 34%.

No pudiendo formular ninguna interrogación sobre el propio gobierno, sería necesario atribuir la derrota a capacidades del PRO. Pero eso tampoco es admisible, porque Macri no puede (por axiomática progresista) tener ninguna capacidad que supere a Cristina. Finalmente queda una sola opción, despótica: los trabajadores y explotados son unos imbéciles autodestructivos. Esta conclusión es recibida con alborozo por una burguesía feliz de ver que los explotados se atacan entre ellos.

En la nota Scaletta realiza una reseña de una investigación (E. Crespo y J. Ghibaudi “El proceso neoliberal de larga duración y los gobiernos progresistas en América Latina”, en el documento de trabajo de Flacso “El neoliberalismo tardío”) “que brinda el sustrato material para entender el cambio en el comportamiento de clase que se pretende explicar

Reconoce el informe que en 1848 Marx planteó que el capital se concentraría y centralizaría. Cosa que efectivamente ocurrió. Lo que se plantea en el artículo es que la tercerización, la relocalización y otros procesos que atentan contra las estructuras concentradas han cambiado a la clase trabajadora. Veamos en qué. Es cierto que la clase trabajadora no se encuentra en grandes concentraciones como las de la posguerra (aún así no hay que olvidar que, por ejemplo Foxconn tiene en China 13 plantas que suman un millón de obreros, que aún siendo chinos debemos contarlos como seres humanos) pero también es cierto que los obreros (aquellos que no tienen otra forma de sobrevivir que vender su fuerza de trabajo, trabajar para otros) son la mayoría absoluta del planeta, en una proporción mayor que nunca. ¿Cómo puede ser que los emprendimientos pequeños sucumban ante los más concentrados sin aumentar directamente los miembros de la clase trabajadora?

El resto de la nota lo explica. Es cuestión de atenerse al fetichismo de las formas. Impactados por un período particular de la historia del capital (el boom de posguerra, no más de 30 años) consideran obrero a quien reúne una serie de condiciones formales. Por eso afirman que “Los trabajadores dejaron de estar sujetos a un comando jerárquico, y se transformaron, por ejemplo, en pequeños empresarios independientes, o en vendedores de servicios a empresas también independientes” Una pregunta se impone, los vendedores senegaleses de las calles, los que cartonean con sus familias, los que viven del sostén estatal a cooperativas: ¿Son emprendedores o trabajadores?

La conclusión que deducen en FLACSO es “los cambios en el entorno alteraron su visión del mundo. El progreso dejó de ser social para convertirse en individual. El Estado, mayormente percibido como corrupto, pasó a ser quien lo obliga a pagar impuestos a cambio de servicios públicos deteriorados. Las huelgas y movilizaciones se transformaron en interferencias de tránsito

Pero cortar calles es impedir la circulación de mercancías de la misma manera que hacer huelga es impedir su producción. ¿es posible que alguien crea que la diatriba burguesa contra los cortes se debe a su preocupación por la movilidad de la población y no porque entorpece los negocios tanto como una huelga?

Es cierto que este aumento en el número de la clase trabajadora viene acompañado de un aumento en su heterogeneidad. Pero eso no constituye un impedimento sino un desafío. La política pregonada por Marx en el año 1848 sigue vigente, hoy, más que nunca: Proletarios del mundo, uníos!

Hasta aquí parecería una diferencia de interpretación. Diferencias sobre cuál es la medida en que una clase trabajadora cada vez más numerosa pero fraccionada puede unificarse contra el capital. Scaletta y los que le pasan letra opinan que la heterogeneidad de la clase trabajadora la aleja de la conciencia de sus intereses históricos (el socialismo), los marxistas opinamos que lo que tenemos que hacer es bregar en la conciencia obrera por ese programa.

Sin embargo esta consigna general de la unidad de los proletarios del mundo no está disociada de la aparición, ayer, de la nota firmada por Scaletta. Y esa nota explica que la diferencia no es de análisis sino de programa. Veamos. El diario en el que trabaja está en conflicto. Los trabajadores lo explican así: “Al cobro incompleto del salario de mayo y el pago en cuotas del aguinaldo y del sueldo de junio se agrega la situación crítica de la sección Fotografía, que ante el no pago de taxis –indispensables para ese trabajo– se encuentra virtualmente paralizada desde hace 48 horas, en un hecho inédito en la historia de esta publicación. Esa situación nos lleva a decidir una medida de fuerza contundente para exigir una urgente solución. En un contexto signado por la precarización laboral y ante reiterados incumplimientos del Grupo Octubre, la asamblea de trabajadores decidió parar hoy hasta el cierre y reiterar los quites de firma los días viernes, sábado, domingo y lunes.”

El Grupo Octubre al que se refieren es de Víctor Santamarina, sindicalista kirchnerista, empresario kirchnerista, explotador y negrero, presidente del PJ porteño y armador de la lista de unidad kirchnerista para las PASO, la que encabezan Filmus y Cabandié. Supura kirchnerismo por dónde se lo mire.

Como es notorio, no era necesario ir a investigar papers de FLACSO para entender lo que le sucede a la clase trabajadora. Los trabajadores de Página 12 están luchando contra su patrón que es peronista, su peor problema es ese. Y que muchos compañeros de ellos, los más peronistas como Rulo Dellatorre, Tuni Kollman, Mempo Giardinelli, carnerean. Son estos crumiros, estos esquiroles los que reflejan las condiciones atribuidas a los trabajadores por los investigadores en el artículo citados. No son los trabajadores registrados, los precarizados, los sub o desocupados sino ellos, los defensores de este orden los que se pueden ver reflejados en esta semblanza: “el individuo solitario que se identifica a sí mismo como ‘clase media’ y se siente ajeno a cualquier actor de naturaleza colectiva. La utopía liberal consumada en cada trabajador. Este nuevo sujeto es neoliberal incluso antes de interpretar la política o enfrentarse al mensaje de los medios masivos de comunicación. En la práctica, cree no deberle nada al Estado ni a nadie. Imagina que su sustento solo emana de su esfuerzo personal. La acción colectiva se le antoja arbitraria y sujeta a reglas donde imperan la inoperancia y el ocio. La asistencia social le parece injusta. Si él se esfuerza para obtener lo suyo, lo mismo debería esperarse de los otros. Su ideología refleja su rutina cotidiana” Ven en la clase trabajadora una deformación individualista irredimible porque proyectan en ella el programa burgués que defienden: el de la división de la clase trabajadora para marchar detrás de distintos patrones.

Scaletta se dejó encandilar por un espejo. Así como el ladrón cree que todos son de su condición, el rompehuelga también. El problema de la clase trabajadora no es su heterogeneidad, que se compensa con creces con su masividad, el problema son los que creen que alguna buena idea se puede divulgar a costa de joder a la clase trabajadora. El problema son los que creen que hay burgueses progresistas mejores que otros que no lo son. El problema de fondo es la ideología alcahueta de los patrones que se llama peronismo.

(Nota: La tapa del suplemento Cash en la que salió publicada y firmada la nota llevaba un sugestivo título: La industria de culpar al trabajador)

junio 26, 2017

Volver socialista al psicoanálisis

Filed under: General — cochinaesperanza @ 3:39 pm

 Sobre el libro Horizontes neoliberales de la subjetividad1 de Jorge Alemán, y la Izquierda Lacaniana

El apoyo electoral a Bossio, Urtubey, Insfrán o Pichetto (por nombrar algunos de los candidatos que no fueron cuestionados nunca) no obliga a la “izquierda lacaniana” a preguntarse nada sobre sus actos, porque se pueden amparar en la obediencia debida: quien no propone nada no es responsable de nada. Esta pasión por dejar la responsabilidad en otro es propia de todo el peronismo.

Ricardo Maldonado

Psicólogo – Razón y Revolución


“los llamados troskos, anti-intelectuales, simplificadores y que transmiten un marxismo escolar que reduce todo a lo mismo, funcionan en todas partes como funcionales a la derecha, incluso ahora con los propios argumentos de las corporaciones mediáticas.”

FB de Jorge Alemán, 13/1/2017

En 1893 Freud recorta las particularidades de la neurosis histérica sobre el fondo recién descubierto de la neurofisiología. Esa tensión es el fondo necesario para la existencia del psicoanálisis. La condición de surgimiento del psicoanálisis y su condición de desarrollo es la tensión entre el mundo y la subjetividad. La conciencia intenta dar cuenta del mundo y también de esta relación. Si no se pensara de este modo no habría teoría psicoanalítica, expresión consciente de ello. La izquierda lacaniana es un nuevo retoño de la ideología burguesa que surge de las entrañas del psicoanálisis para atacar al socialismo revolucionario y, como daño colateral -por ser refractaria a la verdad-, degradar la práctica psicoanalítica.

Nunca la burguesía detiene su batalla por la conciencia, por desterrar de ella la idea de una sociedad socialista. El miedo es una de las formas de esa batalla. La dictadura trabajó duramente para inscribirlo. El problema del miedo es su solubilidad en la desesperación, como ocurrió en 2001. Por esa razón es que además de la expresión subjetiva de la coerción (el miedo) los explotadores no dejan de trabajar para imponer formas más insidiosas de aceptación de la miseria capitalista. Por atar la imposibilidad de una sociedad socialista en la propia condición humana. Como esas ideas son erosionadas por las luchas se tienen que reformular una y otra vez.

Este artículo intenta delimitar cómo funciona al servicio del capital lo que se ha bautizado a sí mismo “izquierda lacaniana” (IL). No por la incidencia directa de la IL en las masas sino por su refracción en la construcción de una conciencia burguesa a través de las múltiples intervenciones del “campo psi” en la vida social. Aquel, “ni yanquis ni marxistas” del peronismo de los 70, que se traducía en el intento de exterminio de los revolucionarios, retorna en la izquierda lacaniana. Profundamente individualista, expresa un liberalismo chic y glamoroso que no cesa de atacar, vergonzante pero sistemáticamente, al socialismo y la revolución. Veamos.

Goce y plusvalía

En una clase de su seminario del álgido año 68 Lacan trae la referencia (imprevista) de un isomorfismo entre plus de gozar y plusvalía. Cuatro años después impone a su teoría de los 4 discursos –que ubica al sujeto por su decir- un quinto discurso (capitalista o del capitalista). Todo este armado es muy frágil ya que se sostiene en una equiparación insostenible. Lo real lacaniano es el resultado de la constitución subjetiva en una estructura que se llama edípica. En la relación con la madre el sujeto debe rechazar (y perder) ese goce incestuoso de ser el falo materno para constituirse en un ser en falta, lo real es aquello que asume distintos avatares como inaccesible a la completa simbolización, pieza de esta constitución de rechazo del goce incestuoso. Cada sujeto se juega su destino en una forma particular de recuperación de goce, de plus de gozar. No hay una recuperación general (social) de plus-de-gozar, es lo más íntimo y singular que podemos encontrar en la vida humana.

La sociedad es la organización común de los seres humanos para proveer la satisfacción de sus necesidades materiales, se define por relaciones entre los sujetos, cuya determinación fundamental es el tipo de relaciones de propiedad (y producción) vigentes en cada momento histórico. La plusvalía no es el excedente apropiado del trabajo ajeno en general, sino una forma particular de esa apropiación, propia de la sociedad capitalista, que se realiza a través del mercado. Esto implica que no consiste en la expropiación de un explotador sobre sus explotados, sino de la clase capitalista en forma general, sobre los trabajadores e incluso en la expropiación de los excedentes y la acumulación realizada por los capitales más débiles, menos productivos.

Uno (el sujeto) surge del conflicto edípico, otra (la sociedad) de la lucha de clases y sus revoluciones. Que la sociedad funcione igual al funcionamiento de los individuos, haría posible pensar que el ser humano funciona igual a sus células. Estos “saltos” (simplificadores y anti-intelectuales) no son otra cosa que la propia ideología burguesa velando la posición real de los explotadores en la sociedad.

Nada expone mejor estas ideas que el último libro del exponente máximo de la IL (por el reconocimiento que -a través de sus medios y sus cargos- le ha dispensado el capital) se despliega un ataque en toda la línea con aquello que constituye las bases del socialismo revolucionario, eso enhebra el conjunto de sus nociones. Bajo una cáscara de críticas al neoliberalismo se encuentra una sistemática batalla contra el marxismo. Y se supone a Marx un tipo con buenas intenciones, pero cuya obra es una serie de errores sistemáticos a la espera de los “correctores” lacanianos.

Un funcionario (burgués) desmiente a Marx

Sería bueno no olvidar, antes de cualquier otra consideración, que el autor del trabajo que comentamos, detrás de sus embestidas contra el “trotskismo”, en realidad llora la pérdida de su condición de funcionario burgués.2 Desde allí tenemos que entender el sentido de sus críticas, muy extensas, por cierto. La ley del valor trabajo, la sociedad como sociedad de clases antagónicas, la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, el carácter de clase del estado, la definición de clases sociales por las relaciones de producción y la dialéctica son cuestionadas. El ataque no es sistemático sino repetitivo, no constituye un todo coherente sino insistente. Parece buscar, al estilo de los mantras, efecto por repetición, obviando cualquier esfuerzo por demostrar o probar empíricamente sus afirmaciones.

Frente a la producción de riqueza en la sociedad y el fundamento del valor que se expresa en la teoría marxista del valor trabajo. El trabajo que se incorpora a las mercancías, ese valor que no es pagado y es apropiado a través del mercado, esa es la explotación: la plusvalía es la porción de trabajo que la clase capitalista no paga y luego se apropia mediada por el mercado. Bien, ya no es así: “Al haberse roto la relación establecida por Marx entre el Capital y el trabajo, ya no se explota al trabajador para producir plusvalía sino que, más bien, se lo condena a producir plus de goce” (p. 112). Entonces, “el secreto del Capital es la subjetividad, y el verdadero botín de guerra del capitalismo contemporáneo es el sujeto” (p. 36). O sea, el capital no quiere el trabajo de los trabajadores sino apropiarse de su subjetividad para hacerlos gozar. Ya no apropiarse de una porción del esfuerzo productor de riqueza sin retribuirlo, sino empujar al trabajador al goce. ¿Pruebas, demostraciones, datos? Niente.

Esta explotación del trabajador realizada en el mercado por la vía de la competencia genera un problema en el sistema capitalista: la ley de tendencia decreciente de la tasa de ganancia. La propia acumulación del capital, al incrementar la productividad del trabajo, ataca la tasa de ganancia. Para Marx las crisis capitalistas son fruto, entonces, de su misma lógica y afectan a la sociedad de conjunto, al destruir no sólo las condiciones de vida del trabajo sino también a sectores completos del mismo capital que se han vuelto obsoletos. Pero para Alemán Marx también se equivocó en esto. No es la tasa de ganancia lo que guía al capital y produce sus crisis sino que estas no existen porque: “El discurso capitalista se caracteriza fundamentalmente por autopropulsarse desde el interior de forma ilimitada, de manera tal que no conoce crisis por más que haya catástrofes sociales, ni conoce ningún límite que pueda verdaderamente interrumpir lo que Lacan considera el movimiento circular del capitalismo” (p. 33). La IL insiste en que no hay crisis ni problemas de acumulación y ganancias sino maldad: los capitalistas son gente muy mala. La maldad porque sí, la maldad al punto de no importarle si se perjudica a sí mismo. Hasta los malos guionistas de Hollywood deben incluir en sus tramas algún contacto de los villanos con la realidad material. No así la IL.: “Hoy se extiende un odio que no consiste en lo que creyó Marx, ‘las aguas heladas del cálculo egoísta’. Porque el egoísmo al final está aún interesado en sí mismo. El problema es el que está interesado en el mal de los otros. Y que lo está de tal modo que es capaz de hacerse un daño que lo extinga con tal de que los otros se perjudiquen para siempre, con tal de que los otros pierdan finalmente lo que deben perder” (p. 113). Por ejemplo, la caída del avión que llevaba al Chapecoense no se debió al afán de lucro, a la falta de competitividad de los pequeños capitales compensada con superexplotación y riesgos, sino que el presidente del club y el dueño de la empresa de charters, llevados por su odio, prefirieron morir en su maldad radical y su vocación por hacer desaparecer al otro.

Para seguir atacando al socialismo y la revolución, la IL debe cuestionar la existencia de las clases sociales y el mundo en que estas actúan. Y siguiendo la misma lógica aquí aparece otro revolucionario que no sabía bien lo que hacía y necesitó de Jorge Alemán para que pusiera las cosas en su lugar: “Gramsci había considerado de una manera muy determinante la importancia de los bloques culturales, había perfectamente entrevisto la emergencia de nuevos actores sociales que no venían de entrada constituidos, sino que había que articularlos: intelectuales, burócratas, etc. pero no había dado este paso radical que es concebir la realidad desde el lenguaje (…) Ese lenguaje que estructura la realidad”. No entendió Gramsci que los sectores de clases son “figuras de la subjetividad” (p. 35): el “inempleado estructural”, “el deudor crónico”, “el empresario de sí mismo”, “el experto”. No son relaciones sociales sino figuras de la subjetividad. Y entonces, disuelto el mundo real del trabajo y las clases, las únicas figuras colectivas de la sociedad son la masa y el pueblo. La masa tonta e identificada al líder. Y el pueblo “construcción impredecible de la expresión equivalencial de las distintas demandas” (p. 20). Esta teoría explica en parte el triunfo de Macri. Cambiemos fue el significante equivalencial que expresó múltiples demandas, o sea que “constituyó un pueblo macrista” y explica casi cualquier éxito electoral pensado en el plano del discurso, luego será la realidad de la vida material el fundamento de las demandas y la relación de esas demandas con los intereses de las clases las que le otorguen su sentido, su dirección al montaje discursivo.

Tanto trabajo de destrucción del pensamiento materialista llevó a la crisis “depresiva” de los simpatizantes del FPV que sólo podían atinar a explicar su derrota por unas masas de estúpidos que son llevados como corderos por los medios. Mucho más dramática es la situación actual en la que ven cómo la expresión de la bronca por el deterioro de las condiciones de vida supera y derrota al conjunto de los medios del establishment en Inglaterra con el Brexit, en EEUU con Trump, en Colombia e Italia con el NO. Al abominar de la dialéctica y el materialismo no le es posible captar que un rechazo legítimo puede tener una expresión coyuntural retrógrada.

En este alineamiento con la burguesía no podía faltar la defensa del Estado que garantiza la explotación, el estado burgués. Por un lado es necesario elogiar la revolución (“Nada de lo que ocurrió en mi generación se explica sin la Revolución Cubana. […] Pasarán siglos y seguirá siendo una sorpresa, la vocación emancipatoria e internacional de esa pequeña isla anudada a los últimos nombres propios de la Revolución”3) para, acto seguido, cuestionar este ejemplo, inconsistente con la defensa cerrada del capitalismo. Entonces JA propone lo opuesto a Cuba: “el horizonte democrático lo veo irrebasable” (p. 68). Y es irrebasable porque siempre estamos amenazados por el golpismo: “El capitalismo cada vez necesita menos de la democracia” porque “funciona como un estado de excepción sin golpe militar” (p. 79). Nótese que esta concepción es en sí totalitaria: todo el que quiere ocupar nuestro lugar (eso y no otra cosa es la lucha política), es “golpista”. No es el único “izquierdista” que acepta la tesis del golpismo fundado en la teoría de los dos demonios (la democracia es quebrada por la provocación de los demonios izquierdistas, y no porque el estado burgués consiste en sí mismo en dosis variables de coerción y consenso, según convenga). Su empatía con Ernesto Sábato culmina en esta frase tan republicana “No creo que haya que olvidar que los proyectos revolucionarios fueron trágicos e implicaron millones de muertos” (p. 75). Retoma aquí la clásica argumentación burguesa de atribuirle a la lucha la causa y el fundamento de la represión.

No es suficiente con atribuir a la perspectiva revolucionaria la responsabilidad por las masacres, también hay que atribuirle a las masas la responsabilidad por la imposibilidad de combatir al capital (lo que justifica las alianzas burguesas). El argumento es muy viejo, consiste en señalar que las masas oprimidas no viven de acuerdo a una racionalidad perfectamente consistente con su situación social. La IL se queja porque al comienzo de la batalla por la conciencia, esta batalla no esté resuelta victoriosamente. La sofisticación es introducir el goce de los pobres (del goce de los que poseen medios no hay una sola palabra en los textos de IL, sectores que, dicho sea de paso, son los que dan de comer a los psicoanalistas):

“Una verificación política que para mí tiene este problema es la siguiente: cuando uno era militante en los 70 iba a las villas y podía aceptar la definición de Marx de que la pobreza era la no satisfacción de las necesidades materiales. En cambio ahora lo que se ve es una inflación de goce. Esto es: el eclipse de lo simbólico. En otras palabras no hay tramas simbólicas que permitan articular ese goce. Pero hay armas fabricadas, marcas falsas, drogas de todo tipo, plasmas” (p. 72).

Este es el punto más canallesco y coincide perfectamente con la opinión de la derecha más rancia.

Un problema que aqueja a cada corriente que niega el mundo real es la de intervenir, precisamente, en el mundo real. Para la IL este problema se resuelve de tres maneras, todas impotentes: obedecer, abstenerse, postergar. Cuando las desmoralizadas huestes K se proponían (desconociendo su extrema debilidad) afiliarse y copar el PJ a principios del 2016, la sugerencia de Jorge Alemán fue esperar al diario de lunes. Si va a suceder esto habría que actuar así, y si va a suceder otra cosa habría que actuar de otra manera

“La afiliación al PJ sin estas premisas innegociables es volver a la vieja política. […]. Si estas dos cuestiones se realizan del modo conveniente y es el PJ, el peronismo, el que las puede asumir, bienvenido sea una vez más el peronismo del siglo XXI. Si no las asume será un proyecto débil de entrada y entonces más que entusiasmarnos en ganar unas elecciones a cualquier precio sería mucho más importante construir una organización política preparada para radicalizar la transformación política que el kirchnerismo comenzó”.

¿En qué quedamos? ¿Afiliamos o no? Siguiendo a Borges, para Alemán la inacción es la cordura.

Si la situación no admite quedarse al margen, se obedece al que manda. Lisa y llanamente se obedece. El apoyo electoral a Bossio, Urtubey, Insfrán o Pichetto (por nombrar algunos de los candidatos que no fueron cuestionados nunca) no obliga a la IL a preguntarse nada sobre sus actos, porque se pueden amparar en la obediencia debida: quien no propone nada no es responsable de nada. Esta pasión por dejar la responsabilidad en otro es propia de todo el peronismo, que por esa razón tiene su día de la lealtad: para neutralizar la omnipresencia del traidor.

Por último, se propone una militancia del orden abstinente: “trato de indagar en una figura de desconexión de la maquinaria capitalista que Lacan formuló y que llamó ‘santo’. Considero que puede pensarse como un nuevo tipo de militancia aunque todo esto de modo conjetural” (p. 73). Uno tiene derecho a preguntarse qué es esto. Ahí va: “entiendo que mi planteo quizá sea más difícil de llevarlo a las prácticas políticas, pero lo que define para mí verdaderamente un evento o un acontecimiento colectivo es la Soledad: Común” (p. 70). El acontecimiento es lo que une en la imposibilidad. A más de un siglo del ¿Qué hacer?, la IL responde con un sonoro: “No tenemos puta idea de qué hacer, pero nos encolumnamos detrás del peronismo”. El peronismo es la Soledad: Común, y José López encarna la figura del Santo laico. Daría risa si no causara repulsión.

Nada de este despliegue tiene una referencia al mundo real, a la economía, las clases o al menos a la realidad institucional. Los textos oscilan desde lo que se “cree” o “piensa” a lo que es “evidente”, es “un hecho” o está “demostrado”, sin que se nos señale dónde, cómo o por quién. Alemán aclara que no coincide plenamente con ninguna fuerza política porque “no creo que haya realidad que vaya a coincidir con lo que estoy pensando” (p. 75). Es una declaración, de principios y metodológica, que casi nos eximiría de comentarios, salvo porque personas que presumen de inteligencia proceden de la misma forma. Es extraño suponer que la realidad deba coincidir con lo que pienso, en lugar de realizar un esfuerzo por pensar (y actuar en) la realidad tal como es. Pero para un pensamiento que está fundado en la negación de todo conocimiento de la realidad, cambiar algo de ésta última es imposible.

Al revés

El lector convendrá conmigo en que resulta difícil entender quien se traga toda esta tontería. Es decir, ¿para quienes escriben los “intelectuales” de la IL? Primero que nada, para psicólogos. De los 80.000 psicólogos que hay en el país, una parte se encuentra ubicada en el primer decil de ingresos. Ese sector y los que aspiran a él pueden ver con simpatía una ideología que los exime buscar la unidad con otros colegas y el resto de la clase trabajadora. Ese privilegio relativo los aleja del conjunto de los psicólogos y psicoanalistas que viven una situación de precarización absoluta, trabajos ad honorem, exigencias en aumento, chocando con la degradación social en cada paciente, cada día. Parafraseando a Freud, se da un clasismo de las pequeñas diferencias.

Las numerosas citas evidencian la condescendencia con el capital real (al módico precio de demonizar una versión parcial y pueril del mismo), que contrasta con la oposición absoluta al socialismo en todos los aspectos. Si, como declara abiertamente JA, su “intención es volver lacaniana a la izquierda” (p. 66), lo que significa volverla un apéndice de la burguesía y su ideología, los psicoanalistas no debemos retroceder en la tarea opuesta: volver socialista al psicoanálisis.

Notas

1Alemán, Jorge: Horizontes neoliberales de la subjetividad, Editorial Grama, Buenos Aires, 2016. Todas las referencias en el texto corresponden a este libro, salvo aclaración.

2Alemán ha sido funcionario del Estado (agregado cultural de la embajada argentina en España), asiduo disertante en cuanto foro o encuentro ha organizado el gobierno kirchnerista y publicado con frecuencia en Página 12 y otros medios de la burguesía. También ha sido frecuente expositor y ha publicado en el principal agrupamiento lacanaiano en Argentina, la EOL (Escuela de Orientación Lacaniana) aunque ahora encuentre resistencias –por derecha- a su presencia.

3Texto publicado por Alemán en Página 12 ante la muerte de Fidel Castro


No me defiendas, por favor. Sobre la respuesta de Eduardo Grüner a Jorge Alemán

En enero Alemán escribió en Página 12, un ataque al FIT. Eduardo Grüner le respondió desde la revista Topía. Lamentablemente, Grüner responde desde la perspectiva más favorable a la burguesía. En principio porque lo hace desde el individualismo: “Lo hago en mi propio nombre, como hombre –o individuo, si se quiere decirlo así- de izquierda que, sin pertenencia orgánica a ningún partido, ha apoyado al FIT.  A esto sigue un tono tan amable que no escandaliza cuando llega a decir que “grosso modo estamos del mismo lado.

Esto no es extraño ya que el mismo Grüner remarca su “genuino aprecio personaly agradece las invitaciones recibidas para concurrir a España, mientras Alemán era agregado cultural de la embajada junto a otros intelectuales kirchneristas. Relaciones que no son más que la continuidad de la presencia de Grüner en la Carta Abierta fundacional del grupo kirchnerista que se hizo famoso con ese nombre.

Aún desde una perspectiva tan dubitativa (la organización es necesaria pero actúo a título individual, hay una frontera anticapitalista pero estamos del mismo lado con el peronismo, me sitúo en la ortodoxia anticapitalista pero también en “los modos contemporáneos de emancipación”, como reza la primera Carta abierta en la que estampó su firma), Grüner no puede dejar de mencionar “la sorprendente arrogancia, (con que Alemán) nos indica a los “izquierdistas”, en pocos renglones, lo que debemos leer, pensar y hacer para interpretar y transformar el mundo.”

Frente a la arrogancia ofensiva del intelectual burgués, Grüner responde explicándose en lugar de reclamar explicaciones. Leyendo la respuesta parece que el principal problema fuera la arrogancia y no el papel objetivamente (sin comillas) pro-burgués de la actividad política de Alemán. Leyendo la respuesta parecerá que realmente existe algo como los “modos contemporáneos de emancipación”.

Las complicidades y lazos de familia entre intelectuales suelen ser el caldo de cultivo de estas polémicas amables, defensivas, a medias. Hay muchas formas sutiles de resignar la independencia de clase. Una de ellas es aceptar una supuesta obligación de los explotados de dar cuenta de todo, de demostrar su superioridad moral, intelectual, a sus verdugos, quienes se creen con derecho a actuar como juez de las pretensiones de los dominados. Cuando en realidad es a quienes conducen este mundo de penurias y horrores a quienes siempre y cada vez hay que pedirles explicaciones, con el sólo objetivo de desnudar que no tienen ninguna explicación, ni solución posible. Claro, difícilmente pueda hacerlo quien se considera del mismo lado que gente como Jorge Alemán.

mayo 1, 2017

Ahora el 1° de mayo no es como los del siglo XX

Filed under: General — cochinaesperanza @ 4:23 am

Cuando el movimiento obrero decidió establecer el primero de mayo como día internacional de lucha el mundo era muy distinto. En un océano de oprimidos, los asalariados constituíamos una paradoja: una minoría con el único programa para la liberación humana. Los otros sectores explotados y oprimidos (pequeños comerciantes, profesionales liberales, campesinos, etc.) proponían soluciones particulares a su situación. Durante más de un siglo el 1° de mayo fue la fecha en que la clase trabajadora exponía su unidad y su rojo programa al conjunto de los oprimidos, proponiendo su liderazgo en la lucha y su programa hacia el futuro.

Si bien el mercado mundial existía y las relaciones predominantes eran capitalistas, eso no significó automáticamente que la mayoría de la humanidad estuviera ya bajo relaciones asalariadas. De tal manera que el siglo XX fue el siglo en el que los trabajadores buscaron denodadamente la solución al problema de las alianzas y los frentes de los explotados y oprimidos. El bolchevismo encontró una respuesta adecuada (adecuada porque cuajó en la revolución de Octubre, medida real del acierto revolucionario) Fue la respuesta concreta a la situación concreta de la Rusia de 1917, un avanzado núcleo obrero en un mar de aspirantes a campesinos. Hoy podemos ver que cada tradición revolucionaria es la extensión más o menos feliz de la solución exitosa en un caso concreto a esta dificultad ¿cómo hacer la revolución obrera y socialista con masas explotadas pero no asalariadas? A esto responden el trosquismo (revolución permanente) y el estalinismo (revolución por etapas), el maoísmo (guerra popular prolongada del campo a la ciudad) y el guevarismo (el foco revolucionario), y cada tradición de izquierda propuso una solución a esta pregunta ¿Cómo y con quién hacer la revolución?

Esta pregunta fue respondida también, no podía ser de otra manera, por quienes no querían ninguna revolución. La respuesta se llama reformismo, y en nuestro país la encarna el peronismo. La respuesta es que la clase trabajadora no debe encabezar ninguna transformación (la “columna vertebral del movimiento” no piensa, lo sabe cualquiera por poco que haya estudiado anatomía) y su salida es inversa: ahora (y no se sabe hasta cuándo) los asalariados deben unirse a un sector de la patronal, el más débil e ineficiente, para luego, si esos parásitos llegaran a crecer, enfrentarlos.

El final del siglo XX mostró el agotamiento definitivo de las experiencias revolucionarias que no lograron ni en la oleada del 20 ni en la del 70 extender la revolución a escala internacional. Y también la superación definitiva de esa multiplicidad de capas y clases oprimidas y explotadas. No porque no existan de manera absoluta, sino porque la revolución de la tecnificación agraria invirtió esa dificultosa conformación social que era la tarea de los revolucionarios del siglo XX. Hoy el proletariado es mayoría absoluta y relativa de la población mundial y es, además, una masa asalariada urbana.

Entonces las tareas son otras, y las dificultades también. No se trata de hacer alianzas con aliados que primero habría que hacer existir. Sino de combatir en el plano político a esos fantasmas para lograr la tarea de la hora: la unidad de la clase trabajadora tras su programa general: el socialismo. Se trata de unir a las masas que la tecnología expulsa de la producción (mientras su producción y productividad crece), a esas contenidas en trabajos y formas de reproducción degradas, a esos que se encuentran dentro del trabajo productivo, en negro o registrado, a esos que aún creen que no son asalariados porque persisten en su mente los reflejos de un pasado que parecía venturoso. Se trata, ya no de la unidad de las clases expoliadas con su principal vocero, los asalariados, sino de la unidad de todos los que objetiva y directamente comparten una única solución: la apropiación del poder estatal para la socialización de los medios productivos.

Cómo la tarea no es la unidad de diversas clases, sino la unidad de la propia clase, la pícara burguesía (que no por nada lleva varios siglos dirigiendo el mundo) se anticipa a trabajar en su contra: apostando a las identidades y oposiciones. Los proletarios y subocupados rurales son campesinos o indígenas, los desocupados o subocupados urbanos son choriplaneros, los trabajadores registrados son privilegiados sin solidaridad, los trabajadores que nacieron en otra latitud son bolitas, paraguas, chilotes, tal como nosotros somos sudacas para los gallegos que son africanos para los alemanes, o promover la identidad villera contra la piquetera, y así se trata de avivar la grieta entre trabajadores, que evite la visión de esa otra, la única grieta objetiva y verdadera: la que une de un lado a todos los trabajadores de cualquier lugar del mundo (comenzando por los que estamos en nuestro país) y todos los explotadores del otro, sin distinciones, ni detalles menores. Por eso este primero de mayo y los que vengan son distintos. Porque para estas reuniones tenemos una tarea. Prepararlas haciendo sentir a todos que es un encuentro en su propia casa. Esta es la casa en que debemos proponernos habitar: la unidad de todos los trabajadores tras el programa que excluye a los parásitos de la organización y los privilegios de la sociedad, el socialismo.

abril 19, 2017

Socialismo o barbarie y barra bravas

Filed under: General — cochinaesperanza @ 4:17 pm

 

El asesinato de Emanuel Balbo en una cancha durante el clásico cordobés entre Belgrano y Talleres fue una muestra de barbarie. Una barbarie paradójica ya que aunque sistemática se supone excepcional. Es decir, aunque es notorio que es una más de las afrentas a la vida que este sistema produce se la piensa como una excrecencia, una particularidad. Se piensa que no debería haber ocurrido. Y no que ocurren una y otra vez con una regularidad perentoria. En el peor de los casos se le adjudica a una suerte de responsabilidad individual agregada (“todos somos responsables, tenemos que cambiar nuestra manera de pensar, de sentir, de actuar”)

El fútbol es un negocio de alta visibilidad, de allí la predilección de ciertas figuras con aspiraciones políticas por vinculares a él. El fútbol argentino es además, como todo negocio pequeño en la escala internacional, inviable. Sus costos exceden sus ganancias, hay demasiados participantes y pocos ingresos para repartir. Seguramente esto se ve opacado por los montos que se mencionan a diario, pero la cuestión no son los montos en abstracto sino la  posibilidad de obtener ganancias. Desde su globalización por medio de la televisación, el fútbol mundial es un negocio de una escala inalcanzable para el deporte argentino. La forma visible de esta desproporción es que un buen jugador de medio pelo juega en nuestro país-mercado no más de seis meses y “debe” ser vendido al exterior.

Este negocio en crisis genera expresiones decadentes en todos los estratos. Basta ver la dirigencia y sus idas y vueltas para comprenderlo. Y esa dirigencia decadente se rodea, necesariamente de todas las excrecencias sociales que la sociedad provee: barras bravas aptos todo servicio, intermediarios coimeros, operativos policiales inflados, botineras, etc.

En ese submundo descompuesto de una sociedad degradada es que los barrabravas han ido aumentando su participación accionaria: por un lado reclamando porciones mayores de una torta que aunque insuficiente se agranda, por otro siendo una de las piezas claves en las estrategias de los políticos dirigentes que los utilizan tanto dentro como fuera del ámbito deportivo.

Así como los femicidios no son obras de locos aislados sino expresión de la barbarie capitalista vehiculizando lo peor del machismo y el patriarcado, los barras bravas vehiculizan lo peor de este negocio enfermo.

Lo que une a todos estos actores sociales es el privilegio. Ellos son creaciones necesarias de un sistema cuyo norte es el lucro privado. Cualquier solución que no implique la modificación de base de las condiciones que han engendrado esta situación es puro sentido común burgués, apelación al individuo para solucionar problemas sociales.

De la misma manera que lo es plantear medidas concretas pero de una radicalidad imposible en este sistema, sin machacar con la gran cuestión: si podemos demostrar que todas estas lacras son productos del capital, el enemigo es el capital. En la Izquierda Diario se propone: “La muerte de Emanuel Balbo y una crítica al sentido común sobre las barras bravas” y se concluye “No hay solución inmediata, pero sí una apuesta a largo plazo: la lucha contra la impunidad y la represión (gatillo fácil, impunidad de los genocidas de la dictadura, muchos de los que aún están en funciones); contra la burocracia sindical (que en incontables casos “forma” cuadros reclutados en las barras); contra la casta de funcionarios y personal político que hace uso del “trabajo extra” de los barras; esa lucha de conjunto debilita el entramado que permite que -ante una posibilidad de venganza personal- un barrabrava pueda encontrar en una tribuna el escenario ideal para sus tropelías” (LID 18/4/17)

Si la apuesta es de largo plazo, si no se trata de impostar un parche, si se trata de enfrentar a los poderes y aliados del estado burgués (la policía del gatillo fácil, la burocracia sindical, los políticos) entonces estamos hablando, o deberíamos hacerlo, de socialismo. De no hacerlo estamos semidiciendo la verdad (sin decir que todo eso requiere una sociedad nueva) o prometiendo lo imposible (reformar al capitalismo con medidas democratizadoras)  Por otro lado lo que tenemos que desterrar (el individualismo y la confianza en la sociedad basada en la acumulación) y lo que tenemos que lograr (la perspectiva de una sociedad organizada alrededor de los intereses del conjunto) requiere la confianza en los que deberán hacerlo: confiar en que los trabajadores podemos entender que el socialismo es la solución y también que nosotros somos los que vamos a construirlo, desterrando la violencia y la degradación social.

El capitalismo existe, de manera que la propia realidad existente es la argamasa que une sus fragmentos ideológicos. La totalidad real del capitalismo hace redundante y contraproducente (para su mantenimiento) que también sea pensado como totalidad ideológica. Los burgueses se niegan a hablar de capitalismo porque este no necesita ser hablado. Exprimen, en todo caso, las elusivas parcializaciones como “neoliberalismo”.  Por el contrario, si el socialismo quiere existir tiene que mostrarse y demostrarse. Tiene que aparecer ante las masas trabajadoras y su vanguardia en lucha como “eso” que une y resuelve los problemas que provoca el capitalismo (nunca redunda nombrarlo) como la alternativa no sólo posible, sino necesaria para poner fin a la barbarie que ya no nos amenaza, sino que está entre nosotros.

marzo 9, 2017

8 de marzo: así es el movimiento, no se quiere quedar quieto.

Filed under: General — cochinaesperanza @ 6:26 pm

Marzo comenzó con reclamos multitudinarios en las calles. El reflejo mediático (es decir la mirada burguesa) de estas concentraciones puso, lógicamente, el acento en los “incidentes”. Los incidentes en el palco de la CGT, en la Plaza de Mayo el 8 de marzo, aparecen en primer plano. Son elevados al centro de la escena.

Pero la palabra “incidente” ha cambiando su sentido y no casualmente. La etimología de la palabra, del latín incidens, significa “lo que ocurre en el transcurso de un asunto”. Pero no es eso lo que suele entenderse por incidente sino “lo que se interpone en el transcurso normal de una situación” Incluir el concepto de normalidad produce un giro en el sentido: de transcurso de un asunto a obstáculo en la normalidad. Este giro es el impacto del conservadurismo en el lenguaje. Lo que es un desarrollo pasa a ser un estado, lo que está en movimiento debería estar quieto, y lo que está incompleto pasa a ser denominado normal. Bajo el desplazamiento lingüístico se encuentra el otro desplazamiento, el real: el interés por establecer lo actual como real y completo, y el movimiento como trastrocamiento de la normalidad.

Veamos la lectura burguesa del asunto: una cúpula de la CGT que se declara peronista, contiene el descontento, permite las medidas del gobierno: eso es normal. Que los peronistas la cuestionen y a la vez se nieguen a combatirla es normal. Que las bases expongan su bronca ante la podrida conducción de la burocracia sindical peronista, es un incidente.

Que las mujeres mueran por su condición de mujeres a razón de mas de una por día es normal, que los sucesivos y pendulares presidentes burgueses (con vagina o con pene) las obliguen a morir desangrándose por abortos clandestinos es normal, que la iglesia y su capitoste persigan la diversidad sexual voluntaria pero protejan a los pedófilos es normal, que un sector de las manifestantes armen un poco de quibombo frente a la dirección general de los abusadores argentinos es un incidente.

Nada puede cambiar porque todo ya es como debe ser, la sociedad es normal, y las manifestaciones son su expresión, la expresión de una normalidad que la precede y ya a ha sido constituida para siempre. Normalidad que se llama sociedad burguesa y que es la causa de la presencia de la protesta en las calles.

Dicho de otra manera, no hay una identidad que se expresa y es ensuciada por los incidentes, no hay una pureza de género o de clase que se ve ensuciada por la política, sino una batalla política por la constitución y el desarrollo de colectivos sociales. Esa batalla es por la determinación de los intereses a largo plazo de cada colectivo y no es una cuestión de índole sólo conceptual sino, fundamentalmente, de combate. Es decir, es en el movimiento (incidentalmente) que los programas se oponen y disputan en la constitución de las clases, los colectivos y sus tareas.

Cuando la burguesía coloca a los incidentes y a la política como elementos exteriores a la lucha de las mujeres y de los trabajadores, lo hace para que nada cambie, para que todo siga en el estado de cosas actual. El conservadurismo estático, considera que el mundo esta bien organizado. Los intereses bien delimitados y representados. Y este paraíso sólo se ve afectado por corruptos (para cambiemos), traidores (para el peronismo) o alguna otra excrecencia que hay que combatir, como los zurdos.

Suponer que las mujeres por el solo hecho de serlo ya han encontrado el programa que las agrupe en un colectivo es pensar que el final de la lucha está al comienzo. Lo mismo sucede con la clase trabajadora. Sus identidades fragmentadas por la burguesía buscan en la lucha el denominador, el programa político que los haga ser, para si mismos, una clase. Y eso es movimiento, es incidente, es el transcurso del asunto, es la construcción del colectivo, del programa y de la organización que lo dirija.

El momento en que un conjunto social encuentra de manera acabada y completa su identidad estará cerca del momento en que esa identidad se encuentre al borde de su disolución, o sea el momento en que las banderas que los agrupan se encuentren a las puertas de su consecución. Mientras tanto el movimiento se encuentra necesariamente plagado de incidentes, de batallas políticas, de conflictos, avances y retrocesos.

Condenar la política, los excesos, las divergencias, la discusión, es condenarse uno mismo a la esterilidad. No es casual que durante toda la semana la caterva peronista y macrista haya sido tan coincidente en criticar los incidentes. Nelson Castro unido al presidente de la Cámara de Diputados de CFK, Julián Domínguez por su condena al reclamo de un sector de las bases por un paro general fue sólo una de las tantas expresiones de amor por lo existente (y de repudio temeroso por el movimiento y el cambio)

No esperemos que todo se aquiete y encuentre su cauce ya establecido, tratemos que el movimiento derribe las pretensiones conservadoras y levante las banderas de la mayoría. Las banderas de la vida para las grandes masas, del aborto legal y gratuito, del fin de los femicidios, de una economía organizada alrededor de las necesidades de la población y no de la ganancia de los patrones, el programa político del movimiento real de las masas hacia la vida, la bandera del socialismo.

febrero 17, 2017

Defensa de Rozitchner

Filed under: General — cochinaesperanza @ 5:58 pm

rozitchner

Alejandro Rozitchner es el funcionario más injustamente atacado del elenco macrista. Se le ocurrió decir, blanco sobre negro, lo que piensan no sólo la inmensa mayoría de los que apoyan al gobierno, sino y sobre todo, lo que piensan la inmensa mayoría de los que apoyaron y añoran al gobierno peronista. Dijo que hay que ser positivo y no objetivo, que es más importante las ganas que la evaluación objetiva de una situación, sus contradicciones, y sus perspectivas.

Esto dijo el hijo de León: “Los docentes gustan decir que quieren que sus alumnos desarrollen pensamiento crítico, como si lo más importante fuera estar atentos a las trampas de la sociedad (…) ¿Cómo hacemos que la educación les sirva a los chicos? ¿Cómo hacemos para que la educación les dé a los chicos algo que los haga más felices, capaces y productivos? (…) Lo que propongo es que los docentes asuman el desafío de desarrollar el entusiasmo de sus alumnos, las ganas de hacer, el interés por algo, las ganas de avanzar y de crecer (lo más importante no es) criticar la sociedad y señalar sus defectos (sino promover) la capacidad creativa, la invención, la comprensión, el deseo, las ganas“. Luego hace una evaluación delirante pero seguramente producto del afán polémico que siempre lleva a exageraciones: “Hay una locura crítica que atraviesa el pensamiento nacional. La crítica es una de las funciones del pensamiento, pero no la principal”

Y por último tomemos de sus definiciones, los dos sentidos de crítica según él: “Evaluar objetivamente, o captar la trampa, la negatividad. Y en el primer caso también se da un paso negativo, porque no siempre hay que ubicarse con objetividad ante algo (…) Lo más valioso es que uno pueda querer algo. Entusiasmarse, las ganas de vivir, son más importantes que el pensamiento crítico y la objetividad

Lo que Rozitchner hace es traducir al peronismo en lenguaje new age, trasparentar y dejar expuesto en un lenguaje -más posmoderno aún- la impostura e inconsistencia del nacionalismo burgués. Y en lugar de entenderlo y entenderse a sí mismos, la progresía vernácula se indigna. ¿Por qué? Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio.

Es extraño. La palabra crítica proviene de crisis, y ésta del griego krisis, que une al verbo kritein: separar, decidir, juzgar; con el sufijo -cis que señala acción. Es decir el pensamiento crítico no es contemplación sino acción. Acción que discrimina. Y Rozitchner señala muy bien que ese pensamiento es un obstáculo para un actitud positiva en la vida. ¿En qué sentido? En que el pensamiento crítico sólo permite avanzar restando (el psicoanálisis dice algo similar cuando se refiere al rechazo del incesto, una negación que permite crecer) mientras que lo positivo es sumatorio, agregativo, amontonador.

Esta es la concepción mecanicista del movimiento: algo se mueve porque lo empujan desde afuera. Porque le suman un movimiento que le faltaba. No es extraño que el peronismo se acerque tanto al Papa y los pedófilos de sotana, el pensamiento mecanicista y anti dialéctico necesita siempre buscar el movimiento afuera de la masa (y de las masas) en un líder, en un Francisco o, finalmente, en Dios.

E incluso, platónicos al fin; el movimiento sólo es pensado como corrección. El mundo tiene un estado de reposo ideal, estado ideal del que fue movido y es necesario restaurar. De manera que el pensamiento positivo, platónico, peronista, siempre es conservador. Los paraísos, como escribía Jorge Luis, son siempre paraísos perdidos. Para quien razona de manera positiva el capitalismo no avanza degradando la sociedad por sus propias lógicas internas, sino que ha sido tergiversado por una casta corrupta que lo pervierte. Supongamos que las empresas extractivas o los banqueros. (No es aceptada la pregunta elemental: ¿y a quién le venden las materias primas que nos “des posesionan” y a quién le prestan la plata los bancos para que sea factible el negocio sino es a los otros capitalistas con los que están unidos por el fundamental interés de la acumulación?)

Como ya se había afirmado el pensamiento positivo del peronismo siempre está buscando el pasado: volvamos a la época en que el capitalismo funcionaba porque el capitalismo es algo que funciona bien, sólo que lo administran mal. El problema no se encuentra en la explotación y la desigualdad inherente a ella, sino en la falta de buena voluntad para que todos (la patria) podamos vivir tranquilos repartiendo un poco de lo mucho que se acumula. Y ¿quién lo va hacer sino es el peronismo? Buscar el paraíso perdido es lo contrario de tomar el cielo por asalto. O una cosa, el pasado, u otra, el futuro.

Volvamos al pensamiento positivo, sumador, la buena onda que une a Rozitchner con Carta Abierta: el peronismo es lo que cada peronista le gustaría que fuera. El peronismo es lo que queda de la suma acrítica de todos los peronismos. Un pensamiento crítico llevaría a separar, discernir y luego actuar: un pensamiento positivo a esperar que las cosas vuelvan a su lugar. Durante los 10 años del menemismo el conjunto de los dirigentes peronistas (incluso los que en la década siguiente hablarían pestes de esa década) fueron parte no sólo disciplinada sino entusiasta, del gobierno. Menem no engaño a nadie en las elecciones del 91, 93, 94, 95 y 97. Los gobernadores, sindicalistas, diputados y senadores eran de su partido y gobernaban con él. Siempre sumando, siempre sosteniendo al capital en cada momento de la acumulación. Para los entusiastas la década del 90 no se cerró por la lucha, sobre todo del movimiento piquetero, sino porque el peronismo, de manera mágica, positiva, volvió a sus fuentes. Luego de un pequeño error, un desvarío menor que destruyó al país, los mismos que lo hicieron mierda se dieron cuenta que fue una década perdida. Y, como le agrada a Rozitchner, con entusiasmo por dejar atrás lo negativo, por pensar hacia adelante.

La frase de Perón: “Los peronistas somos como gatos: cuando parece que nos peleamos nos estamos reproduciendo” (¿Macri gato?) refleja como el bonapartismo burgués niega necesariamente cualquier atisbo de pensamiento crítico. Todo es amontonamiento y así se crece. Es una mayoría sin programa común o el rejunte de disparidades. De allí se infiere que la conmemoración más importante del peronismo sea el “Día de la lealtad” La razón de esa efeméride es que lo negado por el amontonamiento retorna como traición.

Un ejemplo cualquiera lo ilustra: millones de argentinos votaron a Macri, pero también fueron millones los que votaron a Bossio, Pichetto, Urtubey, Abal Medina o el Chino Navarro. Esos votantes no se piensan a sí mismos como sostenedores de la gobernabilidad macrista, sino como víctimas de traiciones. No como activos constructores con su voto de lo que está pasando sino como pasivos observadores de la traición al rejunte sin brújula que llaman peronismo.

Porque, por último, como el pensamiento positivo, a diferencia del crítico, es idealista, la realidad se mantiene en los límites que mi pensamiento le impone. Si no lo pienso el obstáculo no existe, no tengo que resolver problemas, sino dejar de pensar que existen. Es lo que le sugiere Rozitchner para la educación, la objetividad no es importante, son importantes las ganas, las intenciones. ¿Y no es así como procede el peronismo? ¿Juzgando al mundo de acuerdo a la realidad y a si mismo de acuerdo a sus intenciones? Los que votaron a Cambiemos son objetivamente responsables de lo que pasa y los que votaron al FPV (o sea a Bossio o Pichetto) no porque lo hicieron “con otra intención, o expectativa”?

Entonces, cuándo un funcionario como Rozitchner refleja democráticamente a la mayoría de la sociedad, tanto a Cambiemos, como al FR , al PJ y al FPV ¿por qué atacarlo?

febrero 6, 2017

Pacho: su muerte y sus palabras

Filed under: General — cochinaesperanza @ 5:41 pm

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Cómo no creo que haya un mundo más allá de la muerte a veces me preguntan: ¿Creés en el socialismo? No, soy ateo, carezco del sentido religioso de tener fe, confianza, en lo imposible. No creo en el socialismo, pienso y pensar me lleva al socialismo y la revolución. Pienso en lo que me incomoda, me disgusta, me parece amenazante, para mí o los que quiero, de una sociedad orientada al valor y el lucro privado. También pienso si me encuentro conforme con una declaración formal de mi oposición, con una queja. Pienso si sirve de algo quejarse, y como en toda queja, aceptar realmente el estado de cosas que, formalmente, repudio.

Pero si pienso más allá, el pensamiento modifica la báscula de la creencia. Si a la fe que se sustenta en mi mismo le opongo una apuesta a la razón que me excede (es para todos) y me compromete. El pensamiento se fortalece cuando acepto que el mundo me precede y por lo tanto, en gran parte, determina. Cuando pienso menos desde mi y más desde el mundo. El pensamiento es más potente en la medida que acepta las determinaciones generales y menos mis caprichos.

La fe religiosa es hija de la impotencia, reemplaza la potencia actora del conocimiento del mundo por la impotencia inmóvil de una trascendencia que no pide más que resignación. Acotando el narcicismo el pensamiento puede conocer el movimiento pletórico de la vida. Orientarse en él, y actuar.

No es inusual que alguien que se dice creyente se “enoje con Dios” porque le sucedió una desgracia o lo tocó de cerca alguna muerte. Él, el pequeño e insignificante peón de la estrategia divina, de golpe revela su falta absoluta de fe planteando las cosas como son: no cree en Dios, sino que supone que Dios tiene un pacto particular con él. Herido, revela su escepticismo interesado. Cómo escribe Borges creen “tener con el señor un pacto secreto

Por eso la muerte es un catalizador corrosivo. Y por  lo mismo es que se considera de buen gusto (o sea del gusto dominante) deponer el pensamiento ante ella, la muerte muestra más de lo que quiere admitirse, para bien o para mal.

En el año 1938, Raúl González Tuñón escribió “Sergio Esenin y Vladimiro Maiacovski, sucumbieron, se eliminaron, porque, finalmente, el manotazo los aturdió. A pesar de haber adherido a la revolución la abandonaron para morir voluntariamente. Pero ellos estaban, y a pesar de ellos, con un pie en la burguesía. Habían conocido su veneno. Hay que recordar que otros poetas que habían sido revolucionarios sucumbieron también porque creyeron que la revolución iba a consagrarlos inmediatamente, a darles enseguida todos los elementos. Unos y otros no comprendieron que lo que estaba aconteciendo en Rusia era más grande que ellos, era más grande que la poesía misma, ¡o la poesía misma!” (La Rosa Blindada) La muerte individual y la vida social llevan una relación dialéctica.

Hay un programa que resume la acción guiada por un pensamiento que escruta y desentraña lo real: el socialismo revolucionario. Todos aceptamos y desarrollamos un programa político. Cuando se limita a la pequeña esfera doméstica se lo suele llamar también proyecto de vida. Pero todos los proyectos de vida están concernidos por el programa político al que le entregamos la vida (aun, y sobre todo, quien se cree apolítico, le entrega su vida a un programa político, en ese caso el de la clase dominante).

 “Yo, Eduardo Dellagiovanna (más conocido con el apodo “Pacho” para los amigos) que estoy por cumplir 66 años (…); desde Enero del 2015 entre vacaciones, permisos retribuidos, “cassa Integrazione” etc. no trabajo más.” Así comienza la carta que dejó Eduardo Dellagiovanna antes de suicidarse. Publicada en el Corriere de la Sera de Brescia, ciudad en la que vivía. Dellagiovanna, Pacho, fue militante del ERP en los 70, luego salvó su vida exiliándose en Italia. Su muerte fue tomada como ejemplo de los numerosos suicidios que la crisis capitalista provoca, incluso en los países centrales. Pero hay algo que se soslaya. La muerte de Pacho no fue una muerte más. Así lo reflejó la prensa y muchos medios e intelectuales de izquierda. Entonces no se trata ni de hacer psicoanálisis brutal (interpretando lo que se desconoce) ni de un análisis político superficial (colocándolo en el marco todo-explicativo de “el capital mata”). Pacho dejó una carta y algo en esa carta merece el trabajo del pensamiento. Sobre todo (para no reproducir las cuestiones íntimas que la carta desgrana) los siguientes párrafos: “Políticas y sistema de gobierno deciden cómo debo morir, si de hambre o de deudas; me han quitado la ilusión de que la vida aunque difícil es bella; no sobrevivo con la sonrisa de un niño o la belleza de un atardecer/amanecer; este sistema me impone que si no pago y/o produzco, no sirvo, por lo tanto desaparezco. Confieso, no me vencieron los militares argentinos, pero ya no puedo más. He subestimado al enemigo (sistema), no lo creí, no lo imaginaba tan inhumano y feroz (como diría [Eduardo] Galeano). De todas maneras no reniego absolutamente a toda mi historia militante en Sudamérica. En Italia, he militado por años en solidaridad y cooperación internacional, he conocido la generosidad humana de tantos italianos y no solo, pero generosidad real”

Pacho confiesa que no lo vencieron los militares, pero si el sistema. El sistema no necesita matar siempre. De hecho necesita de los trabajadores vivos y productivos. Mata para someter. El programa que Pacho defendía en los 70, con riesgo cierto de su vida, era el socialismo. Sobrevivir a las dictaduras no es derrotar al capital, Italia es un país capitalista, inhumano en su estructura como lo es Argentina. El capital a veces mata a tiros, otras veces, alcanza son sus “políticas y sistema de gobierno (las que) deciden cómo (se debe) morir”

El capital es inhumano, por eso Pacho lo enfrentó revolucionariamente. El capital no mide sus victorias políticas sólo en números de muertos, las mide en la capacidad de alejar el programa revolucionario de las masas y garantizar su valorización creciente. En ese sentido la dictadura asestó un golpe duro al movimiento socialista. Pero ese golpe en la conciencia (en la carta de Pacho el paso de la lucha por el socialismo a la solidaridad y cooperación internacional) no es el punto final. El sistema, como confiesa Pacho, sigue y seguirá buscando acrecentar el valor a costa de la vida (y la muerte) de las masas trabajadoras, por eso esas mismas masas necesitan unirse tras un programa que reconozca lo que Pacho, en su último acto militante, trasmite: no subestimar al enemigo, aun con sus ropajes democráticos. Antes de morir Pacho advierte: “luego de más de 34 años de contribuciones jubilatorias al Estado italiano, con las nuevas disposiciones legales en materia (…), estaría yo 18 meses sin la posibilidad económica de sobrevivir, pues no tendría ingresos hasta el momento en el cual la ley me permitiría percibir una jubilación” y aclara “Esto es mi vida hoy en un país “democrático” (con una constitución hermosa y desaplicada)

Dellagiovanna no escribe para generar lástima o conmiseración, lo hace para ayudar a otros compañeros. Sólo así la carta de Pacho merece ser replicada y comentada, es su última tarea militante Pacho advierte sobre la confianza en las instituciones civiles de la democracia burguesa, sobre la ferocidad del capital tan monstruosa con los fusiles como con las deudas y las facturas, advierte que el enemigo es el sistema del valor valorizándose, no sólo, ni fundamentalmente, su brazo armado. Sólo la comprensión de lo que llevó al compañero Dellagiovanna a una decisión de ese tipo será un justo y útil homenaje a su lucha. Y esa comprensión no se mide en la profundidad de la pena o el sentimiento, sino en el programa que los vehiculiza. Si a Pacho lo llevó a la muerte el capital, el homenaje se llama socialismo.

enero 15, 2017

Crisis en la AFA, el anochecer del fútbol

Filed under: General — cochinaesperanza @ 5:48 pm
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Valencia

Además de Barcelona, Real Madrid y el Atlético; hay otro equipo que brilló en España y Europa: el Valencia del 2000 al 2004 ganador de campeonatos y finalista de dos Champions. Hoy se encuentra peleando el descenso. Tan sólo 4 de los clubes españoles son clubes deportivos, el resto debieron (por sus deudas) reconvertirse en Sociedades Anónimas Deportivas (SAD). El Valencia es SAD desde el año 92 El multimillonario Peter Lim, de Singapur (fortuna de 2400 millones de dólares) en octubre del 2014 compró la mayoría accionaría del club en 94 millones de dólares. Cuenta con la colaboración de Jorge Mendez, representante, entre otros, de Cristiano Ronaldo y el técnico José Mourinho, a través de su agencia Gestifute y elegido del 2010 a 2015 como el mejor representante de jugadores del mundo en los Globe Soccer Awards. En el registro que representan los comentarios al pie de las noticias ha quedado tristemente fijada la alegría de los hinchas valencianos esperando ganar liga y copa del rey, e incluso agotando las entradas de los partidos que se disputaban mientras se pactaba la venta del club. Dos años después el club cae en picada, cambia varios técnicos por temporada, compra caros jugadores sobrevaluados y vende a los que se consolidan. Mendez no es sólo un representante de jugadores sino que construye la silueta del futbol mundial, los armados de grandes equipos cuentan con él y otros como él, como piezas indispensables. Pero además ha estado involucrado en denuncias de corrupción en Portugal, cómo la llamada Operación Marqués que involucró hasta al ex primer ministro José Sócrates.

A eso se suma que el Valencia decidió al comienzo del siglo construir un nuevo estadio para 75000 espectadores. En 2008 mueren 4 trabajadores de la construcción y en 2009 se acaban los fondos. El acuerdo para proseguir con Bankia se rompe cuando ésta es intervenida por la UE. En los últimos dos años la asistencia de espectadores ha caído, en promedio por temporada, del 85% al 66%. Cuando se realizó la venta había sido el que mas expectativas había generado subiendo drásticamente las ventas de entradas. Hoy, amenazado por el descenso, los hinchas del Valencia estallan de bronca haciendo que la presidenta del club (una ejecutiva asiática colocada por Lim) tenga que retirarse de su club con custodia policial.

 

Leipzig

Por otra parte en Alemania otro club fue comprado por un millonario, Dietrich Mateschitz. Un austriaco dueño de Red Bul que posee 13200 millones de dólares (5 veces la fortuna de Lim) El club que compró en 2009 se llamaba SSV Markranstadt, un club de la quinta división de la ciudad de Leipzig, en lo que fue la Alemania Oriental, en graves problemas económicos. Pero a diferencia de Austria, donde es dueño del Red Bull Salzburgo, en Alemania los clubes no pueden identificarse con nombres comerciales. El club cambió los colores, el escudo, el nombre del estadio y lo más controvertido: el nombre de la entidad. Pasó a llamarse RasenBall Sport Leipzig, que significa algo como fútbol al ras del piso, o sobre hierba, nació así el RB Leipzig notoriamente asociado a Red Bull. De esa ciudad del este surgió el primer campeón del fútbol alemán en 1903, pero desde 2009 no había siquiera un equipo de la ex Alemania Oriental en la Bundesliga. Red Bull mudó al equipo al desaprovechado Zentralstadion, único estadio del Mundial 2006 ubicado en el este, cuyo nombre ahora es Red Bull Arena.

El Leipzig, al igual que el Valencia, ha logrado exasperar los ánimos de los hinchas. Pero de los hinchas rivales. Los simpatizantes del Dortmund, los más fieles según se dice, no concurrieron a ver el enfrentamiento de ambos equipos, los de otros clubes se visten de negro por la muerte del fútbol, otros colocan pancartas, canciones alusivas (la Marcha fúnebre de Chopin en los altavoces). Incluso los del Dinamo Dresden le han arrojado al equipo una cabeza de toro ensangrentada, lo que les costó una multa y suspensión del estadio. Sin embargo el RS Leipzig es el primer club en años que logra llegar a la fecha 10 disputando al poderoso Bayern de Munich la cima del campeonato. Lo que se pone en cuestión de este exitoso proyecto (campos de entrenamiento renovado, estadio lleno en cada presentación, 20 mil abonos, ascensos y punta del campeonato jugando un fútbol vistoso y ofensivo de la mano de su técnico Ralf Rangnick y su política de compra de jugadores equilibrada entre poderío económico y selección de valores emergentes, sobre todo de la zona este) es que se lo acusa de matar el espíritu del fútbol alemán.

Dicen los alemanes que su fútbol es una cuestión de los aficionados y los socios. Es el único país que tiene la regla del 50+1: los socios deben tener la mayoría de las acciones. Pero siempre hay resquicios cuando una disposición técnica intenta tapar el sol con un dedo. Con esta disposición se protege a los clubes de inversiones cortoplacistas que no respeten la poderosa unión de los clubes con las regiones y ciudades que los cobijan. De hecho sólo Wolfsburgo y Bayer Leverkusen tienen una marca comercial incluida en su nombre por la historia conjunta de la empresa, la ciudad y el club.

El repudio de los hinchas es por sentirlo “una amenaza para una Bundesliga de clubes cercanos a su comunidad, de boletos populares y que democratiza sus ingresos. De haber roto la regla que mantiene los clubes en manos de sus socios y evita así el arribo el magnates, jeques y oligarcas” (E F Moores La Nación 23/11/2016) Sin embargo el Schalke, uno de los equipos alemanes que disputan los trofeos internacionales, recibe millones de Gazprom (rusa) y lo mismo sucede con otros clubes. Y sus dirigentes no son carmelitas descalzas, el presidente del más poderoso y exitoso club alemán, el Bayern de Munich, fue condenado hace dos años por la evasión fiscal de 27 millones de euros.

 

Los hinchas

Un club grande que juega mal y está amenazado por el descenso provoca el enojo de los hinchas, un pequeño club que juega bien y gana, ascendiendo varias categorías provoca el enojo de los hinchas. ¿Qué provoca el enojo de los hinchas? La mitad de la verdad.

La mercantilización del futbol es la mitad de la verdad. La verdad completa es que en el sistema capitalista no hay nada que funcione socialmente fuera de la mercantilización y la degradación que ella  conlleva en este momento histórico.

El futbol es un buen negocio, la fabricación textil también. Sin embargo muchas fábricas textiles cierran. Porque otras crecen y se las engullen. El futbol, como negocio global de la publicidad, a partir de la década del 90, es una disputa de gigantes, incluso estos gigantes deben seguir compitiendo para no ser devorados por otros. Como amenaza ahora la liga china a los de la UEFA. Los clubes tienen su mirada en lo doméstico (el campeonato local) pero sólo cómo base para la verdadera batalla que es la competencia internacional, dónde están los sponsors, los premios y el dinero. El capitalismo en su lógica de acumulación y concentración competitiva crea una paradoja: hay muchísimo más que nunca pero no es para todos sino para pocos. ¿Por qué los hinchas ven la mitad de la verdad? Porque confunden la competencia capitalista con la competencia deportiva. Los equipos compiten entre sí bajo reglas deportivas, pero los capitalistas lo hacen bajo las reglas de la economía capitalista: lo que importa es valorizar el capital: a Dietrich Mateschitz le sirve que el RB Leipzig gane porque le ayuda a vender Red Bulls, a Lim le sirve el Valencia para realizar negocios con las transferencias porque no pudo hacer lo que sí pudo Matesichtz.

La mitad de la verdad es no ver que el futbol es globalmente un negocio, cuando se compara un club “bien administrado” con los otros que no lo son, no se toma en cuenta que alguno gana y la mayoría no. Que el que gana se fortalece y gana más. Pero que el que pierde puede desaparecer. Los campeonatos locales ya no son más que el preludio de los internacionales, dónde está la verdadera torta. Pero para acceder a esa posibilidad económica primero hay que invertir a riesgo de no lograrlo. Cuándo se pierde el inversor salva su inversión cómo puede y el club paga las consecuencias. Los hinchas del mundo ven lo que pasa cuando sale mal, pero creen que puede salir bien. Repudian la gestión pero no al capitalismo en su conjunto. Sueñan con ser la excepción. Y con eso le alcanza al capital para funcionar.

 

Buenos Aires

Sólo en ese marco se entiende el desmadre del fútbol argentino. En primer lugar es necesario decir que aunque de origen político radical, Grondona representó al peronismo en el terreno del futbol profesional. Hábilmente usufructuó el estatuto de López Rega, logrando que la porción más débil del conjunto de los clubes de futbol del país recibieran una parte de lo que producían los grandes clubes. Su poder de negociación entre estos sectores explica que no haya tenido problemas en los 22 años que compartió con gestiones peronistas (Menem, Duhalde, N, Kirchner, CFK) El estatuto fraguado por el lopezreguismo con Perón es problemático a dos caras: por un lado es antidemocrático, la representación de los clubes es desigual, de acuerdo a su categoría deportiva (los clubes de primera están sobre representados, tienen aproximadamente el 40% de los votos de la asamblea) pero a la vez, no les alcanza a esos mismos grandes clubes para dominar el gobierno de la AFA. Grondona fue el árbitro entre estos sectores durante 35 años, pero sobre todo desde que los derechos de televisión (que se negocian de manera centralizada) le dieron la billetera necesaria para hacerlo. El primer contrato con TyC Soprts fue en el año 1992, pero desde 1988 era vicepresidente 1° de la FIFA y (esto es crucial) presidente de la Comisión de Finanzas y el Consejo de Mercadotecnia y Televisión. Grondona condujo con firmeza la transición de un negocio de espectadores presenciales con limitaciones objetivas a la acumulación y fuertes tendencias localistas a una mega estructura internacionalizada, con miles de millones de dólares en juego y actores globales.

El negocio de futbol profesional no es viable para el conjunto de los clubes que hay en el país, estos clubes se desdoblan como entidades sociales y como empresas de espectáculos. En su perfil empresario deben sobrevivir compitiendo (económicamente) con otros clubes, en su sesgo social son el espacio dónde muchas personas juegan, se recrean, se divierten y realizan vida social. Este último sesgo está amenazado de muerte bajo la lógica del capital. Grondona, como representante del programa de liberación nacional burgués, sólo pudo aspirar a sucesivas crisis y renegociaciones de los derechos televisivos que nunca alcanzan para todos. Porque los gastos para tener un equipo de futbol competitivo (requisito para acceder a cuota parte de la torta televisiva) exceden las posibilidades de los clubes aun recibiendo ese dinero. ¿Por qué? Porque el negocio del futbol es un negocio mundial y la línea de flotación la determinan la competencia internacional, dicho de otra manera, los jugadores firman sus contratos de acuerdo a los valores del mercado mundial. El Futbol para Todos fue, además de una excelente plataforma publicitaria, el rescate realizado por el gobierno peronista al peronista del futbol, Julio Grondona, una nueva renegociación que le dio aire a los clubes hasta… la nueva crisis. Crisis que estalló apenas desapareció la figura bonapartista y surgieron las peleas por la sucesión que en el fondo es la pelea entre los pequeños clubes y los grandes de Primera (la Superliga es el nombre de su proyecto). Las cadenas de TV que se disponen a hacer ofertas, la FIFA y los clubes que tradicionalmente se mantienen en primera quieren una superliga, o sea una competencia acorde con la concentración del negocio. No es atractivo televisar (pagando por hacerlo) Aldosivi de Mar del Plata y Defensa y Justicia de Florencio Varela. Chiqui Tapia de Barracas Central y Toviggino del Consejo Federal (interior) son algunos de los referentes del ascenso unido cómo a veces lo llaman. Los presidentes de los 5 grandes los referentes de la superliga.

El estatuto es el problema, para reformarlo a su favor los grandes necesitan el apoyo (de por lo menos algunos) de los chicos, pero eso los condenaría a la desaparición. Por lo tanto el Ascenso Unido pide algo a cambio, alguna participación en el reparto. La FIFA, el gobierno y los grandes apuestan en este momento a la debacle, exigir el pago de las deudas previsionales, retacear una deuda acordada y esperar. Los jugadores y empleados de los clubes chicos y del interior ya no cobran, algunos no inician la pretemporada, el futbol profesional se cae a pedazos. La solución es, en su apariencia aritmética, simple. Pero en su intrincación económica, sin salida. Una deuda previsional de 450 millones y una acreencia de derechos televisivos por la rescisión del contrato de 350 podrían resolverse en una deuda de sólo 100 millones de parte de los clubes. El problema es que la mayor parte de ellos necesitaron de esos fondos no pagados para sobrevivir hasta ahora y necesitan en igual medida de los 350 millones para seguir subsistiendo.

Todo esto bajo el telón de fondo de otra disputa que se expresó en las investigaciones del FBI que desnudaron la trama de negociados de la FIFA y que ya llevó a la cárcel a presidentes de federaciones, a empresarios como Burzaco y le costó el cargo al imbatible, hasta poco tiempo atrás, Blatter y el futuro al francés Platini.

 

Los barras

Aparece aquí un componente particular. Las expectativas políticas de algunos protagonistas confunden un poco. Como el futbol no es una isla sino una parte del mundo socioeconómico, muchos de sus actores lo son también en otras escenografías: Tinelli, Moyano, Angelici, Santilli. Eso oscurece el panorama ya que coyunturalmente pueden aparecer “jugando” en el “equipo” inesperado. Angelici al comienzo del sainete contra Tinelli o Moyano junto al ascenso. Pero el panorama general no tiene otras alternativas dentro del capitalismo que la superliga excluyente o la agonía del campeonato federal. Lo que los clubes muestran (tal como los superpac lo mostraron en EEUU) es la imposibilidad de mecanismos democráticos cuando la diferenciación social es extrema y el dinero demuele cualquier igualdad formal. Los clubes, aunque formalmente asociaciones civiles, son el terreno dónde medran los empresarios, únicos socios que poseen los medios para acceder a la conducción de las entidades y aprovecharse de ellos, incluso sin comprometer su patrimonio.

Sin embargo hay un problema extra que vale la pena considerar: la violencia en el futbol. Lo que empezó como la alianza de los dirigentes con algunos “hinchas caracterizados” para que silbaran o aplaudieran decisiones desde las tribunas, se fue transformando con el tiempo (y el crecimiento de la torta económica a repartir) en una alianza férrea entre los dirigentes y sectores desclasados disponibles para cualquier “trabajito” El porcentaje menor de ingresos provenientes de entradas con respecto la televisión y sponsors, comparados con otras ligas, no puede resolverse con el grado de violencia e incertidumbre que afecta al espectáculo en vivo. Pero ese problema no puede ser atacado porque sería atacar la permanencia de la totalidad de la actual dirigencia del fútbol. El caso de Cantero que se enfrentó al Bebote Álvarez y fue abandonado a su suerte por el conjunto del negocio del fútbol tiene su contracara en Pasarella, en juicio por sus relaciones económicas con los barras de Ríver. Dispuestos a pensar el futbol como lo que no es (sólo un juego) las soluciones han pasado por el absurdo: desde cuestionar los cánticos hasta prohibir la presencia de público visitante. Un solo dato obligaría a rever todas estas políticas que intentan ocultar la verdad de la relación entre el capital y el fútbol. La cantidad de muertes en las canchas y sus alrededores ligadas a enfrentamientos de facciones “futboleras”, o sea barras bravas, ha aumentado sin detenerse e incluso acelerando su tasa de crecimiento. Si exceptuamos la Tragedia de la Puerta 12 (71 muertos en el año 1968), desde el inicio del fútbol profesional hasta el año 1970 hubo 22 muertos, en la década del 70, 10 más, en la del 80 la cifra fue 19, en los 90 (fuerte inyección de dinero desde la TV) se registra el salto a 66, la primera década de este siglo se estabiliza en 61. Desde 2010 a 2013 hay 22 muertos más y desde que se prohíbe el ingreso de visitantes en el 2013 hasta hoy 38. Dicho de otra manera las muertes son proporcionales a el dinero que hay en el fútbol y no a las rivalidades de los clubes o el contenido de los cantos y las banderas.

 

La salida

Pero entonces ¿cuál es la salida? En un mundo organizado por valorización creciente del capital: ninguna, sólo mentiras para simular que algo va cambiar mientras todo se degrada. Ahora el futbol mundial se ve conmovido por la aparición de la Superliga China con sus exorbitantes sumas de dinero. Toda la deuda de 350 millones que reclaman decenas de clubes de argentina para sobrevivir lo va ganar Carlitos Tevez en sus primeros 12 días en Shangai.

El problema no es la gratuidad de la televisación de los partidos, el problema no es si los clubes son asociaciones civiles, el problema no es la agresividad en los cantos de las hinchadas, estos son, como mucho, lo visible de otro asunto, el problema, que supura por todos lados, es el capitalismo. Que cubre de pus todas las actividades humanas, sin que escape ninguna, por maravillosa que haya sido en su momento. Sólo los clubes en manos de sus socios y las asociaciones en manos de los clubes pueden salvar el juego y el deporte, pero eso es imposible bajo el imperio del capital: sólo en una sociedad que se organice en función a los intereses del conjunto, el deporte y el juego pueden ser lo que los hinchas y jugadores quiere que sea.

 

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